miércoles, 15 de septiembre de 2010

Caballero

Tras la vigilia de armas, las criadas le limpiaron bien, frotando con un pañuelo blanco las heridas de su cuerpo. Él, sumido en un profundo letargo, producido por el cansacio de la batalla y las horas sin dormir, dejó volar su psiquis para encontrarse con su mujer y sus hijos, moradores ya del Purgatorio, en el que esperaban la expiación de sus pecados. Aún en trance, salió de la bañera y fue conducido a la iglesia, dónde la liturgia le elevó de su pedestal llevándolo a la sala de oficios del castillo. En el centro de la instacia, y en un estado semi inconsciente, incó la rodilla en el suelo, y agachando la cabeza, recibió la pescozada tras el juramento. Juró no temer a la muerte, defender la ley y las tierras de su Señor, y así convertido en Caballero, llorando en la solitaria alcoba de su casa, se quitó la vida.

2 comentarios :

  1. A ver si fue la primera decision que tomo de motu propio...

    ResponderEliminar
  2. Seguramente sí que fuera la primera... y la última...
    Saludos!!!

    ResponderEliminar