lunes, 20 de septiembre de 2010

Condena

Se merecía la silla eléctrica, pero no quería ir a la cárcel, así que estuvo entrando y saliendo de la bañera varias veces, sin atreverse a a dar el último empujón a la tostadora y crear así el último y eléctrico baño. Deambulaba un rato por el servicio y volvía a sumergirse en el líquido conductor. Sería otro día, pues no estaba preparado, pero al ir a salir, un maldito encontronazo de su mano con el cable precipitó su final. Yo, cerré las cortinas y continué con lo que hacía antes de la distracción.

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