martes, 7 de septiembre de 2010

"El hambre"

-¿Qué hora es? - preguntó mientras se sentaba en la mesa, tras el servicio de mesa.
-Las 2 y media, señor - contestó el camarero, antes de leer el menú.- De primero tiene Ensalada de la casa, ensladilla rusa, jamón con melón... - no sabría decir el tiempo que necesitó para leer los tres primeros platos, pero ni si quiera sé si pestañeé
-Pare, pare, no he venido aquí a comer. - y se acarició el bigote.
-Pero estas mesas son para el menú.
-Ya, pero voy a pagar. - dijo el hombre extraño.
-No le puedo cobrar si no consume...
-Pues cobreme por ocupar esta mesa. - y lo miró a los ojos.

El hombre vestía bien, camisa y pantalón de pinzas. Tenía una cara extraña. El bigote, espeso y negro, se le unía con una perilla, por llamarlo de alguna forma, que no se cerraba en la barbilla. Las gafas de pasta oscura le apoyaban en la mitad del tabique nasal. El pelo, bien peinado, no pegaba con el resto de su cara.

-Señor, se puede quedar aquí. No le cobraré, hay sitio.
-Gracias. - y sacó una libreta del bolsillo de la camisa, con su bolígrafo.

A dos mesas de distancia, yo escrutaba a mi vecino, que comenzó a escribir en la libreta y a hacer cuentas con los dedos. Pensé que era un bohemio, o que algún día perdió la cabeza, pero no podía dejar de prestarle atención. Terminé el segundo plato absorto en mis pensamientos y cuando miré de nuevo a la mesa que ocupaba el extraño, éste ya no estaba allí. En su lugar había una nota escrita en un papel de su libreta, unas monedas sueltas y un sobre cerrado. Cuando el camarero llegó, sorprendido cogió el dinero y leyó la nota y después cogió el sobre. Yo estaba tan intrigado que le pregunté:

-Armando, ¿que es lo que pone en la nota?
-Pues esto exactamente: "Ha sido usted muy amable dejándome descansar aquí. Yo no tengo hambre, pero otros sí. Aquí le dejo el dinero del menú, 8,80 €. En realidad sé que falta un euro, pero ese está en el sobre que también le dejo. Usted sabrá quién necesita ese euro más que usted y yo."
-Un loco. - dije.
-Pues no sé, la verdad.

Falté una semana al trabajo, y por consiguiente a mi cita con el menú del día del bar de Armando y cuando volví al bar, en la puerta como siempre se mostraba el menú, pero en lugar de marcar 9,80 como de costumbre, había bajado a 8,80. En un mundo en el que todo sube, Armando baja el precio, y entré.
Al sentarme en mi mesa, delante de mi, había una tarjeta y un sobre. En la tarjeta ponía: "Yo puedo bajar un euro a los menús porque no paso hambre, pero otros lo padecen. Por este motivo dejo este sobre, por si tú no pasas hambre y puedes colaborar con algo con los que lo sufren.". Giré el sobre y ponía en letras de imprenta: "Contra el hambre". Metí un euro y luego medio más y lo cerré. Caundo Armando vino a mi mesa a leer el menú le pregunté que como se le había ocurrido eso y me recordó lo de aquél hombre de la semana anterior. Me dijo también que esa semana había vendido más menús y había recaudado 250 € con esa campaña. Gracias a aquél hombre extraño y loco hoy había un poco más de dinero para acabar con la vergüenza del mundo, el hambre.

2 comentarios :

  1. Creo que una de las mayores injusticias de ste mundo tan civilizado, es que haya hambre, lo mismo alrededor nuestro que en paises enteros. Todos debemmos aportar nuestro granito de arena, pero debe ser mision de 'los qeu mandan' el acabar con este desequilibrio.

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  2. Aupa Anonimada!
    yo siempre digo que con esta lacra es fácil de terminar, demasiado fácil... pero cuesta acordarse de los desfavorecidos cuando el viento está a nuestro favor...
    eso debe ser, porque que no cree conciencia ver como se mueren de hambre unos niños...
    en fin, las sociedades corrompidas es lo que tienen.... muchas ovejas para un solo pastor...

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