sábado, 4 de septiembre de 2010

El pescador

El agua era su medio, era dónde mejor se sentía. Ahora, pasaba las horas muertas al borde del río, con su caña colocada estratégicamente y esperando, o tal vez no, a que algún incauto vertebrado acuático mordiese el anzuelo. Las horas se fueron, y después los días, y el pescador seguía sin obtener recompensa a sus horas muertas. Pero no parecía importarle, por eso cada día seguía acercándose al río, colocaba el sedal en el carrete, lo pasaba por las anillas, colocaba la boya, por debajo el peso y al final del sedal el afilado anzuelo. Una vez terminado y con suma delicadeza agitaba la caña y posaba la boya en el medio del río. Pero, ¿y el cebo?

2 comentarios :

  1. Este debe de ser un pescador naif. Tambien me sorprendio mucho la pesca sin muerte la primera vez que oi hablar de ella. Seguro que a los peces les gusta mas la pesca sin pesca.
    Me alegro de que te gusten tu piel y tu cara.

    ResponderEliminar