domingo, 5 de septiembre de 2010

El viaje

Cae la noche, oscura y terriblemente fría, sobre el valle en el que me encuentro. A medida que el sol pierde presencia, los luminosos astros brillan cada vez con más fuerza, parpadeando unos instantes antes de alcanzar su máximo nivel. Junto a mí, mi querido amigo Ron, que con sus cuartos traseros apoyados en la espesa y clorofilada hierba, observa, tan embobado como yo, el espectáculo de luces. Ron apenas tiembla para no mostrarme su debilidad, pero no se lo piensa cuando abro mi saco polar inivitándolo a entrar. Se mete, me mira y se suma al sueño con tranquilidad. Mañana, será otro día, y el sol nos dará fuerza para continuar nuestro viaje incansable a un destino no escrito.

2 comentarios :

  1. Precioso relato. Tierno.
    Salud.

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  2. gracias Joplin!
    estos animalitos se lo merecen todo...
    Saludos!!!

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