viernes, 15 de octubre de 2010

El último aliento de un toro de lidia

La estocada fue fatal. Pintado, de 560 kilos y con una bravura inquietante, agonizaba tratando de levantar sus cuartos traseros, mientras escupía sangre roja y brillante, signo inequívoco de la perforación de un pulmón. Con un poco de suerte, el asesino habría seccionado también la aorta cos su espada y la muerte por desangrado sería rápida, aunque no indolora; pero no fue así, y para evitar los estertores del morlaco, el puntillero seccionó la médula espinal con un golpe certero ocasionando la parálisis total del animal, pero no su muerte como pensaba el público entregado en vítores. En el desolladero, como en muchas ocasiones otros cornúpetas, Pintado ahogó su último aliento mientras lo descuartizaban.

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