lunes, 18 de octubre de 2010

Justicia

La puñalada se sintió fría; la carne se abrió dando paso al filo de la navaja empapándose de eritrocitos, leucocitos, trombocitos y plasma, tiñendo el metal de un rojo intenso mientras por el tajo se esfumaba la vida. La mano del calvo firmó la sentencia que no dictó el juez.

Dime lo que sucede...

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