miércoles, 6 de octubre de 2010

Lo que hacen las películas...

La noche había caído hacía horas como un manto negro sobre la abadía; la ausencia de luna y estrellas lo sumergían en el fondo de un pozo. Cortando el silencio con una precisión increíble, un grito alertó a la comunidad. El hermano Maximiliano corrió escaleras abajo buscando ayuda.

- ¡Socorro, necesito al hermano Paolo!

Al momento, de la capilla pequeña de la planta inferior salió Paolo junto con otros.

- Hermano tranquilo, ¿qué Sucede? - La tranquilidad con la que habló no le calmó.
- ¡Es el prior, algo le pasa, algo que no es natural! - y se dirigió a las escaleras.

Otro grito acompañado de golpes y voces roncas desgarró nuevamente la noche. Sin perder más tiempo, ambos monjes corrieron escaleras arriba mientras los otros permanecían al pie de la capilla, asustados; subieron todo lo rápido que los años y los hábitos les permitían. Allí, a la puerta de la habitación del prior, el hermano Benito se santiguaba y oraba en un perfecto latín. Paolo se acercó a la cama en la que el prior, con los ojos cerrados no paraba de hablar con una voz que no le pertenecía, al tiempo que convulsionaba y escupía una saliva espesa y blanca; sacó un crucifijo y lo acercó a la cara descompuesta del padre Pietro y comenzó el exorcismo. Se sucedieron las oraciones al tiempo que el prior iba dejando de temblar, de escupir y de gritar. En una hora todo había terminado y Pietro, recompuesto, abrió los ojos y habló, esta vez con su voz.

- La próxima vez que tenga un ataque epiléptico llamar al médico por favor.

2 comentarios :

  1. jajaja........increible micro, derrumbando mitos y creencias...sólo puedo felicitarte y santiguarme, por supuesto.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. jajaja, gracias compañero!!!
    ego te absolvo!! jeje

    ResponderEliminar