miércoles, 27 de octubre de 2010

Siempre

- ¿Pero te acuerdas? - le preguntó con lágrimas en los ojos y mirándole fijamente.
- Sí. El mar andaba revuelto, y los rayos de un sol castigador a punto del deceso daban los últimos latigazos al día. Recuerdo las clandestinas nubes salpicadas en un cielo cayendo en sombras y cuando un gajo de la luna ocupó la otra esquina del cuadrilátero y ganó la pelea, consiguiendo el reconocimiento de una noche salpicada de diamantes sin pulir, ajenos al mundo que alumbraban. - dijo él en segundos tristes.
- ¿Y de lo de después? - ahora ella lloraba en silencio.
- Claro. La terraza del "Peñón" estaba salpicada de caras; yo andaba con los de mi siempre y tú con las del tuyo, en el resto no me fijé, porque mis ojos ajenos a la conversación que salía de mi boca, sólo tenían un destino, tu cara. La cascada ondulada y castaña que caía sobre tus hombros, al paso por tus facciones, ocultaba parte de unos ojos color miel que miraban a todas partes para cruzarse sólo por instantes con los míos. Pero cuando aquella ola rompió con sus fauces contra el acantilado, y la espuma blanca salió de su boca para desaparecer después, nuestras miradas se cruzaron y esos dos segundos fueron una agradable eternidad.
- Sigue cariño. - su piel era ahora un torrente de sensaciones.
- Me levanté y fui hacia ti; tú lo sabías y tratabas de esconderte sin hacerlo consciente de lo que iba a suceder. Tus manos jugaban con el clipper, sacando chispas al pedernal, las mismas que recorrían mi sangre como el galope de una droga. Cuando llegué hasta dónde estabas te pedí fuego y recuerdo las miradas inquisidoras de tus amigas y la contrapuesta sonrisa que provocaron tus temblorosos músculos mientras acercabas el mechero a mi cigarro y nuestros vidriosos ojos volvían a besarse. Me sorprendí cuando tras darte las gracias, te propuse una invitación y no la declinaste; te levantaste y juntos, sin hablar pero conociéndonos nos dirigimos a la barra. "Un mosto", fue la primera vez que oí tu voz desde tan cerca, y aún navega el edulcorante por mis sentidos, dejando sedimentos y posos de dulzura.
- ¿Y vamos a terminar con nuestra historia así, de un plumazo? - dijo ella acariciándole con su voz.

Él bajó la cabeza y la puso entre sus manos, le dolía el corazón y la pena le apuñalaba sin descanso cuando pensaba en una vida lejos de ella.

- Dime algo, mi amor. - ella tenía vagas esperanzas en la reconciliación.
- Recuerdo el sello. En la solitaria barra del garito apartaste el pelo de mi cara, me quedé quieto, como un animal asustado sin saber lo que le espera y recuerdo tu sonrisa nerviosa, tu mirada clara, tu pelo revoltoso y tus palabras. Ese "parece que nos conocemos" y la noche sólo de los dos, me invitaron a bajar la cara para encontrarme con la tuya mientras nos abrazábamos y juntamos nuestros labios en el tan deseado beso. Recuerdo la primera vez que te dije "te quiero"... y quiero que se repita.

Un nuevo sello, quizá más fuerte que el anterior les unió para siempre, su siempre.

2 comentarios :

  1. Pero cómo puede estar este relato sin comentarios. Si es el mejor. Yo no sigo leyendo porque este me ha dejado un gran sabor de boca. La pelea entre el sol y la luna, tan desigual, porque siempre gana la noche al día.
    Una pequeña pega: está tan bien escrito que no me gusta la palabra clipper. No tiene ese romanticismo. Yo pondría encendedor barato u otra cosa.
    Genial.

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  2. Ey Mikel!!!!

    pues ya ves, la gente que no sabe valorar lo bueno....jajajaja, es que aquí no se comenta demasiado, salvo Pablo y Humberto, bueno y tú, jajaja, que me vas a dar un curro.... pero se agradece eh?
    ya que no hay otro reconocimiento, al menos que se comente!! jaja
    Hasta luego!!!! y gracias!

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