jueves, 7 de octubre de 2010

Todos felices


El sol se tumbó de repente, dando paso a una noche fría iluminada por cientos de estrellas. Habíamos dejado el jeep dos kilómetros atrás, continuando a pie y tratando de no involucrarnos demasiado en ese mundo que no nos pertenecía; lejano quedaba ya el bullicio de la ciudad. Partiendo el silencio en dos, el vuelo estruendoso de un bimotor nos devolvió al presente; fue entonces cuando a lomos de un grupo de jirafas, que aún masticaban hojas espinosas, y armados con cerbatanas de última generación, el grupo de cazadores apareció gritando y disparando sus envenenados dardos contra la panza del ave, ahuyentándolo con éxito. Yo me reía tras los arbustos e imagino que el piloto también.


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