martes, 23 de noviembre de 2010

La despedida

No queda nada entre su mano y la mía; tal vez ese punto en el que se tejen los sueños. Sus ojos, esos cristales rotos en los que se refleja la luz y se destilan las penas por las mejillas, hasta que agotadas se deshidratan, me miran fijamente y leo en sus húmedos silencios tristezas por amor. La esperanza, tendida con pinzas de la cuerda de los cuerdos, sujeta mientras puede mi alma en el techo de tantos malos finales, sueños rotos y promesas olvidadas. Renuncia a mi y se feliz, es lo que digo con la boca cerrada mientras la sombra se posa sobra mi; la luz se está apagando pero el llanto sigue navegando por los tímpanos de mi éter. No lo veo, pero imagino la sábana que cubre mi cara y esos últimos besos sobre mis mejillas, sobre mis labios. Amor, eso es lo que siento cuando las garras se hincan en mis gemelos y me van trepando y empujando hasta que me arrastran a un foso de llamas y lava, pero ¿sabes algo? Ninguna condena arrancará de mi alma lo que siento...en ti, viviré hasta muerto.

2 comentarios :

  1. Qué duro momento el que reflejas en tu escrito, amigo mío, ¡quién no ha pasado por ese estado? Pero muy pocos pueden retratarlo como tu lo haces.
    Mis felicitaciones y afecto desde Argentina.
    Humberto.

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  2. Gracias por el comentario amigo Humberto!!! pues sí, duros momentos que todos hemos de pasar...
    un abrazo desde el corazón de Euskal Herria!!!!

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