lunes, 1 de noviembre de 2010

La muerte huele a café o un instante no sabe de riquezas.

Dejó de escuchar su voz; después de la última carcajada que le regaló a sus oídos, el siguiente sonido fue un conjunto vacío cortado por instantes metálicos, un grupo de silencios acompañados de interferencias, a los que ella no dio ninguna importancia.
Mientras la asistenta preparaba café y llenaba el amanecer de olores arábigos, los bomberos cortaban los pilares de chapa del techo del Lotus Evora y sacaban el cuerpo, inerte, de un hombre.

2 comentarios :

  1. Joé ninguna importancia. Sería la secretaria y no la amante. Supongo que estaba hablando por el móvil, no?
    Ejque los móviles al volante,...

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  2. Hay silencios a los que no se les da importancia...tal vez se quedara sin cobertura al pasar por un tunel o unas torres de electricidad...el caso es que la pobre no lo supo hasta después de disfrutar de su café....
    Eso eso, putos móviles!!!

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