miércoles, 3 de noviembre de 2010

La tienda de los sueños

Levantó el telón como cada mañana; tras él, un mostrador separando un almacén repleto de ornamentosas cajas de madera, perfectamente trabajada. Los relieves iban desde dragones escamados con ojos de aguaviva hasta laberínticos y tridimensionales pasadizos que eran engullidos por el interior de los cofres; todo el mundo retrocedía al ver el que mostraba un esqueleto perfecto tallado en olivo, con sus vacías cuencas en una calavera que parecía inclinar la cabeza al paso de los espectadores. Todas y cada una de ellas unían pasado y futuro a través de las cerraduras electrónicas que con sus claves cifradas con algoritmos imposibles, mantenían los interiores a salvo de miradas indiscretas. Pero nadie compraba, unos por incredulidad y los que más por miedo; de hecho, muchos de los que entraban se quedaban embobados con el espectáculo y luego, no volvían a entrar. El viejo de larga barba gris jaspeada con tonos oscuros y blancos, miraba amablemente a los que entraban con su ojo sano, pero muchas veces lo hacía inquisitivamente con el ojo azul claro de pupila marchitada, sinónimo de ceguera; parecía ésta la mirada de Caronte que venía directa desde el inframundo. El día más corto del año, cuando la noche ya era palpable, entró un hombre de altura considerable, en su cara se veían las marcas de historias pasadas con final incierto, cortes que parecían recordar una tortura. Se interesó por la de los huesos y así le dijo al viejo:

- ¿Que me deparará esta?
- La vida eterna. - dijo mirándolo con el ojo ciego.
- ¿Y el precio? - dijo el hombre sin mover los labios.
- Es suya, usted pone el precio.

El hombre metió la mano en un bolsillo de la chaqueta y sacó un billetero, extendiéndole al dependiente un billete de diez euros.

- ¿Será suficiente? - le dijo con sarcasmo.
- Claro. - y lo tomó de su mano rozando la del otro por un instante.

El viejo sacó de un cajón del mostrador un sobre lacrado, con un sello idéntico a la talla del ataúd y se lo entregó. No hizo falta decirle que era la clave; rompió la lacra y extrajo un papel, negro y fino. Cuando iba a preguntar por la broma, el papel se aclaró como lo hace un papel polarizado al positivizar la imagen negativa de la foto y se vió durante unos segundos en una película, fotograma a fotograma, en la que se abría la caja al tiempo que lo hacía en realidad, se dirijía a ella un humo negro que salía de los poros de su piel y como después se cerraba. En ese instante, cuando el hombre alto de secretos profundos levantó la vista asustado hacia el vendedor, éste se reía con una mueca cruel. El comprador se desvaneció sin tiempo a más dejando en la retina del anciano el reflejo del terror, la figura de olivo giró su calavera hueca y levantó las manos en un vano intento de escapar de la condena, dejando esa imagen impresa en el baúl para siempre. El anciano, con semblante sereno, puso sobre el féretro la etiqueta "vendido" y cerró la tienda. Sueño adjudicado.

9 comentarios :

  1. Muy bien, tenemos un nuevo Stephen King

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  2. jajaja, ese Juli!!!!
    a ver si vienes más por aquí hombre!!! si te lo pasas bien!!! jajaja
    gracias hombre por tu presencia!!!!

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  3. Muy buen texto, Sucede, y veo que eres muy prolífico, voy a comenzar a tenerte envidia, apenas puedo postear una vez por semana y tú todos los días. ¡Quiero la receta!
    Un abrazo.
    Humberto.

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  4. Hola Humberto!!!
    muchas gracias lo primero por tus amables palabras!! Se agradecen!!
    Con respecto a lo de escribir todos los días...bueno, alguno fallo, jeje, pero intento dedicar aunque sea media hora a esto...
    Un abrazo amigo!!

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  5. Mi primera lectura de un microrrelato y esta de "pueta mader". a ver si saco más tiempo para leer más. Ah! y con final feliz como me esperaba.

    Un saludo Unai

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  6. jajajaja, ese Unai!!!!
    bueno, esto no es un micro eh? es como tres, jajaja, es un relato corto.
    Y sí!! yo siempre acabo con finales felices!!!
    Lee más compañero!!!!
    Sigo dándole vueltas a los negocios....jajaja

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  7. No te inventes palabras, que ornamentosas no existe:
    http://buscon.rae.es/draeI/
    Firmado:
    el criticón

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  8. De todas formas, el relato es muy bueno. Me ha gustado sobretodo los diálogos comprador-vendedor. De lo que he leído hasta ahora es el mejor relato. Es como un pequeño guión de una película.

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  9. jajaja, ey Mikel!!! deja que me invente palabras!!! la entiendes no? son las licencias poéticas que me permito...
    eso ya me han dicho, lo de que parecía un guión! jaja
    Salud!!

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