domingo, 14 de noviembre de 2010

Madrid, a 3 de mayo de 1808

Veo las caras de los condenados, madrileños asustados y descompuestos; el miedo se palpa en ese cielo de aceites. Cada uno adopta su postura ante la muerte, unos se tapan la cara, otros los oídos y otros se agachan, pensando que ese gesto les salvará del fatal desenlace. A sus pies cuerpos retorcidos serpentean ensangrentados y tras ellos otra fila espera el turno del ajusticiamiento. Abundan los tonos oscuros, pero en el centro, ese hombre de camisa blanca y semblante firme, como alumbrado por un sol que no es tal, espera la gracia con sus brazos en cruz, sin temor ni resistencia. Frente a ellos y paralelos, me dan la espalda los verdugos, soldados franceses camuflados en su anonimato, mortíferos e iguales, a punto de disparar otra vez. ¿Cuánto duró ese segundo en el monte de Príncipe Pío?

5 comentarios :

  1. Muy bien. Te apoyas en una referencia visual que forma parte central de nuestra cultura. Quizás se le podría sacar más punta a la situación pero como tal la técnica es atinada.
    Más abrazos,
    PABLO GONZ

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  2. Me parece genial cuando se toman hechos históricos como el grano de arena que hace la perla del relato. Es instructivo y muy creativo.
    No me gusta hablar de técnica, de estilo o de tropos literarios usados, simplemente me gustó mucho.
    Te dejo un abrazo, mi querido y creativo amigo.
    Humberto.

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  3. Se te extraña, Sucede, tus escritos son adictivos.
    Un saludo.
    Humberto

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  4. Ey Pablo!!!
    gracias por tu comentario, en cuánto a sacarle punta...bueno, sólo quise mostrar el cuadro, no darle demasiado dolor...el pasado es pasado, no?
    Un abrazo!!

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  5. Humberto!!!
    muchas gracias por tus palabras! y en cuanto a lo de que se me extraña, gracias también! he andado algo liado, vuelvo, tal vez con menos intensidad, pero intensamente! jeje
    Un abrazo!!!!

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