miércoles, 8 de diciembre de 2010

Amarse vale la pena

Era una tarde fría y el cielo, amoratado por el viento, sobrevolaba un mar que intentaba salirse de sus límites. Las nubes, a ratos, dejaban al día sin sol. En el asiento trasero del coche, ella le besaba a él. El parasol, los cristales traseros tintados y las toallas atrapadas en las ventanas delanteras, les otogaban una intimidad propia de los amantes. Y así, desnudos y conociéndose, se adentró él en ella. La prisa por amarse se olvidó de echar el freno de mano, los bruscos movimientos les precipitaron por el acantilado y el placer, mezclado con la muerte, les llevó al almacén de almas...extenuados.

Dime lo que sucede...

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