miércoles, 22 de diciembre de 2010

Las verdades y las mentiras

La pistola se encontraba al principio en el doble fondo del cajón inferior de la cómoda de sus padres. El hijo del comisario la escondió después en el maletero del armario que reposaba en la habitación de su difunto hermano; acto seguido salió a la calle y tardó en volver. Cuando lo hizo, el padre le cogió por los hombros y le zarandeó.

- ¿Pero qué has hecho? ¡Has matado a tu hermano! – le dijo con lágrimas en los ojos.
- No…yo no he sido. –dijo el niño con cara de culpable y sin poder ocultar una leve sonrisa.
- ¡Las huellas de tus zapatillas están por todas partes! Y ¿encima te ríes?

El pequeño se reía ahora sin poder parar por las cosquillas que su padre le hacía mientras le meneaba, le gritaba y le señalaba con la cabeza la marca en sangre de sus deportivas por todo el suelo. El comisario encontró el revólver siguiendo las evidencias y la empuñó para salvar a su hijo de la clara acusación. Su esposa llegó en ese preciso momento para presenciar aterrorizada la dramática escena; presa del pánico agarró a su hijo y se lo llevó a la calle.

Al día siguiente los periódicos dedicaban sus portadas al enloquecido parricida que disparó a quemarropa a su hijo y que después se suicidó. La viuda besa al único hijo que le queda y lo abraza mientras maldice a su padre. El pequeño sonríe.

2 comentarios :

  1. Enorme hermano, con la imagen del niño sonriendo, me vino a la cabeza el hijo puta de Damien (La maldición de Damien).

    Destaco el giro inesperado del micro.

    Aupaaaa, desde el exilio....jejej

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  2. Ey exiliado!!! jajaja

    gracias por el comentario tronco!! este es distinto al del foro del que ya hemos salido 6 que yo sepa y camino de 7...tenemos que encontrar un sitio eh??

    abrazo que te doy!!!! y felicitación navideña que te envío!!

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