miércoles, 29 de diciembre de 2010

Hacerse mayor

Cuando el viejo de la gastada gabardina marrón, más por lo sucia que por el color original, se puso de rodillas frente a la puerta principal del centro comercial, nadie le miró; pasaban a su lado, eso sí, esquivándole, mientras el abuelo les miraba con sus gafas de pasta y gruesos cristales con el único ojo con el que parecía ver. Solo un niño se fijó en él, y le sonrió, tendiendo una mano imaginaria que el anciano harapiento tomó sin dudarlo; recitó algo parecido a un poema. Al terminar, el niño no entendía que hacía de rodillas en el suelo, ni por qué veía tan mal, y mucho menos, porque ese niño que llevaba su misma ropa corría a coger la mano de su padre.

viernes, 24 de diciembre de 2010

La pista definitiva

La tormentosa noche había dejado paso a un día soleado que con su calor trataba de deshidratar las aceras. El jardín de la casa verde estaba empapado, y el césped se mimetizaba con sus paredes pareciendo continuar por ellas. El perro no era verde, sino de un rojo intenso antinatural, claramente lo habían teñido; de su cuello colgaba un cascabel que su estravagante dueño le había colocado. El can avisaba de las horas, porque sólo se movía a las horas en punto, haciendo vibrar el sonajero tantas veces como la hora que marcaba; nadie sabía como lo hacía, pero así era. La mujer del enorme sombrero y amplia sonrisa había desaparecido un día, lo hizo entre las tres y las cuatro de la mañana, seguramente a las tres y media. Tras muchos días de búsqueda por parte de vecinos y policía, al fin había una pista. A las ocho en punto de esa mojada mañana el perro marcó las nueve primero, luego las diez y así hasta mil o más; su rabo se movía violentamente porque estaba encantado con el hueso que había encontrado excarvando en su jardín.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Las verdades y las mentiras

La pistola se encontraba al principio en el doble fondo del cajón inferior de la cómoda de sus padres. El hijo del comisario la escondió después en el maletero del armario que reposaba en la habitación de su difunto hermano; acto seguido salió a la calle y tardó en volver. Cuando lo hizo, el padre le cogió por los hombros y le zarandeó.

- ¿Pero qué has hecho? ¡Has matado a tu hermano! – le dijo con lágrimas en los ojos.
- No…yo no he sido. –dijo el niño con cara de culpable y sin poder ocultar una leve sonrisa.
- ¡Las huellas de tus zapatillas están por todas partes! Y ¿encima te ríes?

El pequeño se reía ahora sin poder parar por las cosquillas que su padre le hacía mientras le meneaba, le gritaba y le señalaba con la cabeza la marca en sangre de sus deportivas por todo el suelo. El comisario encontró el revólver siguiendo las evidencias y la empuñó para salvar a su hijo de la clara acusación. Su esposa llegó en ese preciso momento para presenciar aterrorizada la dramática escena; presa del pánico agarró a su hijo y se lo llevó a la calle.

Al día siguiente los periódicos dedicaban sus portadas al enloquecido parricida que disparó a quemarropa a su hijo y que después se suicidó. La viuda besa al único hijo que le queda y lo abraza mientras maldice a su padre. El pequeño sonríe.

lunes, 20 de diciembre de 2010

la pasión

La noche se mecía sobre sus cabezas; en ese banco ajado del parque unían sus labios en un apasionado beso, mientras sus manos recorrían el cuerpo del otro con delicadeza al principio y súbitamente después. La mano de él bajo la blusa de ella, y la de ella bajo su pantalón. Fue por eso, y por el frío, por lo que decidieron ir a ese motel del que todos hablaban, en el que las habitaciones se pagaban por horas. El chico pagó por tres horas de tranquilidad y la amable regenta le concedió la habitación más codiciada, la de la redonda cama de agua. La habitación era bastante austera, y sucia, pero la enorme cama de sábanas rojas suplía las deficiencias; las cortinas raídas, también eran de un rojo fuerte aunque más deslavado. Acalorados y ávidos de sexo se quitaron la ropa a toda prisa, mientras las manos no cesaban de reconocer sus intimidades, y se tumbaron. Bajo las sábanas, el olor de las hormonas en ebullición, y en el aire, una mezcla de olores, entre químicos y humanos que en esa situación eran prácticamente imperceptibles. El agua les mecía y acunaba en sus embistes; primero él encima, después ella, poseída. El frenesí ocultó el aumento de la intensidad del olor y una vez terminada la batalla, reposaron uno al lado del otro, en un abrazo de enamorados. El azufre se percibía ya de manera clara al inhalar.

- ¿a qué huele? -preguntó ella.
- no lo sé. -dijo él sonriéndola.

La gran bolsa de lenta descomposición estaba prácticamente descompuesta dentro del colchón, y ahora el ácido sulfúrico se mezclaba más rápidamente con el agua de composición alcalina. El humo les alertó, pero la goma del colchón ya cedía por su contorno ante el poder destructivo del ácido. Era imposible ya saltar del inestable catre y entre gritos y estúpidos intentos de abandonarlo comenzaron a mojarse y a deshacerse. La goma del fondo estaba reforzada para aguantar el efecto del ácido, pero la tapa pronto fue un colador de quemaduras y ambos jóvenes se precipitaron a la piscina de fuego. El dolor y los lamentos se amortiguaron al llenarse sus bocas con el hiriente caldo. Los gritos cesaron, y para el día siguiente la habitación ya estaba lista para los próximos huéspedes. 

idea: jose

jueves, 16 de diciembre de 2010

King of Asgard - Fi'mbulvintr



Después de mucho tiempo, vuelvo a la carga con nuevos grupos que amenizan mis horas. En esta ocasión os presento a la banda King of Asgard que vienen de Suecia.

Es una banda que se mueve dentro del Viking/Death metal, aunque este disco yo lo calificaría de Power por los temas de las canciones y las melodías, aunque las voces distan del power metal más clásico. El álbum que os presento Fi'mbulvintr, es su primer álbum de larga duración después de la demo Prince of Marings de 2009. Desde mi punto de vista un gran grupo, destacan las partes melódicas y las voces. Además cuenta con la co-producción de Andy La Rocque de King Diamond. El disco lo respalda el sello Metal Blade. Dicho esto, nos damos cuenta de que tenemos delante un grupo con grandes posibilidades.

La banda la forman:
Karl "Kalle" Beckmann - Vocals, Guitar
Lars Tängmark - Guitar
Jonas Albrektsson - Bass
Karsten Larsson - Drums

Tracklist:
1. Intro
2. Einhärjar
3. Vämods Tale
4. The Last Journey
5. Never Will You Know Of Flesh Again
6. Wrath Of The Gods
7. Snake Tongue
8. Brethren Of The North
9. Day Of Sorrow
10. Lingering A Sacred Ground
11. Heroes' Brigade
12. Strike Of The Hammer
13. Fi'mbulvintr (Outro)

De su MySpace he extraído el reproductor para que comprobéis de lo que son capaces...

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Medidas

El goteo constante dentro de la olla producía un sonido metálico y agudo pero de tono bajo; no sólo no molestaba sino que actuaba como un calmante para sus atacados nervios. Con la vista seguía la trayectoria de las gotitas y cada vez se le cerraban más los ojos, hasta que se quedó profundamente dormida. Cuando se despertó, la olla se había desbordado. Ahora le tocaba limpiar, como siempre. Pensó que tenía que haber tenido en cuenta que no era algo exacto eso de los cinco litros de sangre que albergaba un cuerpo humano.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Reacción

El viejo alzó la mirada a un cielo imaginario, salpicado de brillantina y en el que serpenteaban cometas; de las de papel. Sonreía a la vez que golpeaba rítmicamente su bastón contra el cerámico suelo, produciendo una melodía extraña. También se reía el mesonero, que no sabía que la mezcla de esos chatos de vino con las pastillas que tomaba el abuelo formaban un cóctel explosivo, mientras le servía otro Rioja. Después de un buen rato ya nadie prestaba atención al pobre y loco octogenario, el eco de la percusión se había convertido en algo natural. Cuando el humo empezó a salir por sus fosas nasales y por su boca nadie pensó en un desenlace fatal; pero ese último bastonazo actuó de percutor.

26 de septiembre

Era domingo, la vida siempre se cruza con la muerte en domingo. Dios descansa. Su nacimiento no salió en ningún periódico, llegó al mundo sin hacer demasiado ruido, sólo ese llanto amable en el que quiero pensar como si lo hubiera oído. Ya estaba aquí la mujer que un día me enamoraría; a mi aún me quedaba un año, tres meses y tres días para empezar a morir. Pero ese joven que el 26 de septiembre de 1976 cumplía 27 años, estaba a punto de terminar. Eran casi las doce de la noche, y dentro de ese garito de la transición española, se movían algo más que intereses. En tan sólo tres años, la heroína se había abierto camino entre una sociedad ávida de libertad y de ser algo selecto había llegado a la calle, aunque aún no se notaban los efectos decadentes de la droga que te hacía soñar; después llegarían las pesadillas. El chico del anorak azul sacó de su bolsillo una bolsita con el polvo marrón y se acercó al del cumpleaños, con el que había quedado. Sería su primer buco. Sacó las diez mil pesetas que tanto le había costado reunir y lo intercambió por un gramo de ese codiciado polvo; de regalo una jeringuilla bastante limpia, aunque eso daría igual. David era alto, fuerte y solitario; en el baño de “El laboratorio” sacó una cucharilla del ajuar de su madre y mezcló el agua con el polvo. Cuando el agua hirvió por acción del fuego de su mechero, absorbió con la jeringuilla el preparado y tras ajustarse la goma por encima del codo, se pinchó. Sintió paz. Volvió a pincharse, empujando y extrayendo la sangre de sus canales de vida, y mezclándolos en el depósito de la jeringa para que el efecto fuera más rápido y mejor, como le habían explicado. El caballo cabalgó por sus venas, trotó por su torrente sanguíneo y relinchó en sus órganos. Antes de acabar con el contenido de la bolsa, se le cerraron los ojos; empezó la pesadilla, la de los demás...

martes, 14 de diciembre de 2010

El cirujano

Se cerró la cremallera de la cazadora, se subió el cuello y salió a la calle. El termómetro de la cercana farmacia marcaba cinco grados bajo cero; tiritó al verlo, más por la sugestión que por el frío en sí. Bajó la calle a paso ligero, volviendo la cabeza de vez en cuando; la vista le devolvía un camino oscuro y solitario, tan sólo iluminado por algunas farolas. Cuando llegó al pequeño puerto, se abrió el abrigo y sacó un paquete formado con una tela blanca y lo arrojó al agua, hundiéndose al instante con un burbujeo menor. Unos gansos que descansaban graznaron un par de veces y volvieron a introducir la cabeza entre sus frondosas plumas blancas. Acto seguido, continuó su camino hacia el interior, perdiéndose entre los árboles que precedían al caserón abandonado.
Al día siguiente alguien alertó al guardia del pueblo; en el número dos de la calle de los limoneros, justo dónde se encontraba el archivo de historia de la anteigleisia, hallaron el cuerpo gordo del alcalde con sendos cortes en los costados del abdomen, había desaparecido el estilete de plata del siglo XVII y el escarpelo del primer médico del pueblo, de 1780. La autopsia confirmó después que el cuerpo encontrado carecía de pulmones.
El caso se cerró sin resolver al cabo de siete meses; nadie se preguntó por qué el viejo y tuberculoso carnicero podía respirar de nuevo sin dificultad, ni por qué la casa abandonada tenía las luces encendidas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Vuelta a casa

La noche ofició el funeral de un sol breve de otoño, y las nubes se ocuparon de oscurecer por completo lo que hacía unos minutos era día. La moto había decidido pararse en el camino de arena que conducía a las puertas de la casa, apenas a trescientos metros; los retorcidos árboles de hoja caduca que flanqueaban el sendero agitaban sus ramas empujados por un viento recio, crujiendo con una voz gutural. Miró a los lados y golpeó el sillín de la moto, ¡en buena hora te paras!

Agarrando el manillar comenzó a caminar hacia la verja, algo iluminada por las luces del porche. Empezó a llover. El sonido de unas pisadas le alertaron y giró la cabeza en esa dirección.

- ¿Quién anda ahí? – dijo escrutando la oscuridad.

La respuesta fueron unos ojos inyectados en sangre, en una cara deformada que dejaba asomar por un desgarro lateral parte de la mandíbula. Un grito ronco le perforó el cerebro, acelerando su corazón. Soltó la moto y se giró para correr hacia la casa. Por delante, de entre los árboles, comenzaron a salir figuras tambaleantes que gritaban de igual forma que el primero. En la puerta de la casa apareció su mujer.

- ¡Vuelve dentro y avisa a la policía! – gritó mientras giraba en la otra dirección.

Más cuerpos en decadencia salieron a su encuentro, por todos lados, y sin poder escapar le abatieron. Ya en el suelo comenzaron a devorarle. Desde ahí tirado, entre gritos y alaridos de dolor ante las voraces dentelladas, veía las ventanas de su casa y en una, asomada, su mujer; por detrás de ella, otras sombras.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El abrazo de la muerte

Aparcados a la sombra de las obscenas miradas de las farolas, hablaban en voz baja. La calefacción del ford había muerto y ambos subieron las cremalleras de sus chamarras por encima de sus narices. Fuera nevaba con debilidad y los copos se deshacían al contacto con el cristal. El sueño casi les vencía cuando de la casa emergió una silueta negra que con rápidos pasos enfiló la calle de los castaños, una carretera sin aceras. Arrancaron el coche y se precipitaron tras la sombra; apenas le dio tiempo a girarse, cuando el copiloto del coche, asomado por la ventanilla y con un certero golpe de culata, le indujo a un estado de inconsciencia leve. Le ataron de pies y manos y, después de amordazarle, le metieron en el asiento trasero; después se alejaron hasta las inmediaciones del solitario lago. Algo más consciente les miró cuando le arrastraron fuera del coche; en su mirada había terror y también sorpresa. La nieve había dado paso a una lluvia moderada que apenas se sentía pero empapaba. El copiloto sacó su pistola y le disparó en la mitad de la frente, causándole la muerte al instante. Después de arrojar la pistola al lago, le dejaron en la orilla tirado y se marcharon.
El ford aparcó a los dos días en la casa del agente asesinado; bajaron del coche y llamaron a la puerta. Abrió la mujer del policía esperando la fatal noticia; los dos compañeros y mejores amigos de su marido, le confirmaron la tragedia y le dieron el pésame. Luego, primero uno y después otro, le abrazaron.

Amarse vale la pena

Era una tarde fría y el cielo, amoratado por el viento, sobrevolaba un mar que intentaba salirse de sus límites. Las nubes, a ratos, dejaban al día sin sol. En el asiento trasero del coche, ella le besaba a él. El parasol, los cristales traseros tintados y las toallas atrapadas en las ventanas delanteras, les otogaban una intimidad propia de los amantes. Y así, desnudos y conociéndose, se adentró él en ella. La prisa por amarse se olvidó de echar el freno de mano, los bruscos movimientos les precipitaron por el acantilado y el placer, mezclado con la muerte, les llevó al almacén de almas...extenuados.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Origen

Se lleva las manos a la cabeza cuando se da cuenta de lo que ha originado. Pudo pararlo, claro, pero le sienta mejor la euforia, hacer las cosas de súbito y después...después arrepentirse, auto inculparse, pero eso ya no vale. Esta vez ha sido más grave, esta vez ha ido demasiado lejos, esta vez sabe que el simple vandalismo se ha tornado en delincuencia. "No quería hacerlo" son las palabras que le repite al chófer, y este mira su reflejo por el espejo retrovisor y le machaca con la mirada. El copiloto se gira y le dice:


- Tenías que disparar, ¿no? Vas a pagar por esto...


Entre dos containers de las naves del puerto pesquero le revientan la cara; patadas y puñetazos por haberles metido en tal aprieto. En un charco de aceite la temperatura va subiendo. Las heridas son tan graves que la fría noche, como un calmante, le lleva directamente al pitido final de su vida, no hay prórrogas...se acabó.

El sentido de los sentidos (el gusto)

Paladeó la pequeña canica hasta que extrajo el gusto del colorido vídrio; le supo al niño que fue. Recordó las risas y las nubes que se deshilachaban sobre ellos, impertérritos, abducidos por el divertidísimo juego. Aún podía sonreír, aunque no lo hacía. Una mano acarició su cabeza, significaba que debía sacar la dulce esfera de su boca porque era peligroso atragantarse con ella, aunque a veces lo deseaba. En su mundo, oscuro y silencioso, carente de los sentidos que otorgan luz y sonido, el gusto era su mayor privilegio.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El sentido de los sentidos (el olfato)

Destapó el frasco de cristal y colocando rápidamente la nariz en la boca de rosca, inspiró enérgicamente. Lo cerró para que no se gastase del todo y lo depositó en la alacena, junto al resto de tarros que, envasados al vacío, guardaban aquellos tesoros invisibles. Pegatinas blancas colocadas con destreza en el centro de los botes y con exquisita caligrafía, indicaban el contenido de cada uno de ellos. Esa tarde gris había llorado, desconsolada por los ingratos recuerdos; a la noche, entre sudores helados y miedos encadenados se había tenido que levantar y buscar en el armario de la despensa, con sus temblorosas manos, la etiqueta que más dolía y que anclada a un sentimiento decía, en voz alta, el nombre de su hijo.

Nubes y claros

- Deshidrato la tierra a mi paso, la convierto en arcilla seca; le robo la vida que en ella habita y la despojo de las raíces que sucumben en sus grietas. Soy letal, ¿entiendes?
- ¡Cállate de una vez que voy a llover!