domingo, 30 de enero de 2011

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Apareció al final del pasillo; lo atravesó después con un paso lento y la mirada perdida. Cada noche, desde el cierre del ala este del hospital, sucedía lo mismo; y cada noche, yo unicamente retrocedía un poco para no estorvarla en su camino. Pero ese noche no pasó de largo, sino que al pasar junto a mí se paró. Tragué saliva y retrocedí hasta la pared. Muy lentamente se giró hacia mí, y cuando sus ojos se centraron en los míos me estremecí; traté de mantener la calma y dije un hola muy tímido. La mujer gritó y corrió hasta desaparecer entre las sombras, y yo... yo me quedé ahí, como siempre. La noche siguiente fue otro el que apareció al final del pasillo; yo ya no salgo al corredor, pues creo que no soy esperado...

2 comentarios :

  1. Pero éste me gustó más, de los que llamo "relatos en espejo", estilo que manejas con gran talento.
    Un gran abrazo.
    Humberto.

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  2. este más? que el del prurito? jajaja
    gracias por tu comentario, amigo, me engrandece.
    un abrazo grande!!

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