domingo, 23 de enero de 2011

La visita

Pasan tres horas de la medianoche y el silencio reina ya en cada uno de los oscuros poros de mi casa. Llevo una hora dando vueltas en la cama; me cuesta conciliar el sueño, pues entre el silencio, escucho de vez en cuando un leve crujido. Tal vez sea la madera que se contrae y se dilata víctima de los cambios de temperatura. Otra vez. Por sugestión, supongo, siento que el sonido cada vez se produce un poco más cerca. No debe ser mi imaginación, pues claramente esta vez, el chasquido ha sido al otro lado de la puerta de la habitación. Es tarde para levantarme si tenía que huir de algo, así que espero acostado el siguiente restallido. Sin ninguna duda eso ha sido una pisada al borde de mi cama, pero mis ojos no logran enfocar ninguna imagen ante tal oscuridad; tampoco se me ocurrió encender la lámpara de la mesilla. Sigo quieto- Llevo un rato sin escuchar nada, pero ahora siento una respiración cercana, que mueve con suma delicadeza el pelo de mi sien. He dicho que el miedo nunca me ha hecho temblar, pero estoy a punto de hacerlo; justo en ese momento, la brisa nasal cesa y comienzan de nuevo los crujidos, con ese mismo ritmo decadente que cuando aparecieron, pero esta vez se alejan con cada nueva pisada, hasta que el silencio, por fin, es dueño nuevamente de la noche cerrada. Ya no doy vueltas, y acompañado de la soledad me sumerjo en un profundo y placentero sueño.

2 comentarios :

  1. Vamos por parte.
    1. El relato está muy bien armado, la sorpresa que todos esperamos -el golpe, la puñalada, etc.- no sucede, o sí, pues la sorpresa es que nada acontece.
    2. Por coincidencia hemos subido textos "oníricos", esas conexiones con los escritores que sigo me agradan.
    3, Veo que estás muy prolífico, qué bueno, hombre, que no decaiga... que no decaiga.
    Un gran abrazo.
    Humberto.

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  2. Aupa Humberto!!!
    joe, ultimamente a penas puedo leer a todos los que os sigo, espero tener más tiempo!!
    de momento voy a ver esas coincidencias de las que hablas, que a mi también me encantan, sobre todo cuando se dan con grandes escritores como tú.
    Un abrazo enorme, amigo!

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