martes, 8 de febrero de 2011

Campanas a muerto

Apenas tuvo tiempo de mirarme a los ojos. Los instigadores al unísono pedían que recogiera de la pila la piedra más grande y le abriera la cabeza con ella. Desde el suelo y desconcertado, me decía - Señor ¿cómo saldremos de esta? -. Mirando desde arriba, no encontraba la respuesta; los gritos de esos cabrones no me dejaban pensar, así que tomé el pedrusco más grande y lo alcé. - Tranquilo, no sé cómo, pero saldremos - es lo único que dije antes de bajar en dirección a su occipital la irregular roca; una y otra vez, como el badajo toca ahora la campana, hasta que el cuerpo quedó inmóvil. Él ya ha salido, ahora me toca a mi.

4 comentarios :

  1. Bueno, dos textos "violentos", digamos. Éste me ha gustado más, está sostenido en una buena idea y lo has trabajado muy bien. ¡Vamos!
    Humberto.

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  2. jaja, ya ves, pero en esta violencia oculto mis vulnerabilidades...
    gracias por tus palabras, amigo!!
    Voy, voy!! jaja

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  3. jejej A ver como sales tú de esta.
    Salud.

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  4. jajaja Joplin!
    pues saldrá con los pies por delante...
    Salut!

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