jueves, 10 de febrero de 2011

Cara de saco

La noche, sosegada fuera del coche, se agitaba dentro; recuperando el tiempo perdido, los dos amantes se besaban y con nerviosos movimientos seguían cada uno el contorno del otro. Olían las hormonas, y mezcladas con el salitre que traía la brisa marina, se podían inspirar los sentimientos. Y ese era el problema, el perfume se filtraba por los respiraderos del automóvil creando caminos invisibles fáciles de seguir por un rastreador. Ion lo era, y además era un depredador. Apostado tras los árboles, junto al mirador marino, inhaló los vapores una vez más y se tiró al suelo. Reptando, se acercó hasta el vehículo, y cerrando los ojos disfrutó una vez más de las esencias de los muchachos. Se cubrió la cara con su pasamontañas de tela de arpillera, tan solo un agujero para un ojo y otro para la boca; también sacó su largo machete y se levantó. La ventanilla de la puerta del piloto estaba bajada casi por completo y la música impidió que escucharan como extrajo la llave del contacto para arrojarla fuera del coche. Sacó la lengua por el agujero de la capucha, le gustaba hacerlo, le gustaba asustar; de esa forma se asomó por las ventanillas traseras y comenzó a hacer muecas a las dos sombras, mientras abría y cerraba el único ojo que dejeba ver. Mientras la chica cogía aire entre beso y beso le vió y se separó de él.

- Hay alguien ahí, con una máscara...- dijo ella, presa de un miedo que aún no debería ser tan palpable.
- ¿Dónde? Ahí no hay nadie. Habrán sido las sombras de los árboles.- dijo él llevando las manos a sus nalgas.
- Quita, ¡vámonos!- y fue lo peor que pudo decir.

El viento, fuera, era más frío de lo esperado. Le vieron entre los árboles, sacando la lengua y mostrando el cuchillo. A toda prisa montaron en los asientos delanteros, pero... la llave no estaba.

- ¿Dónde está la llave?
- ¡Nos la ha quitado! ¡Vámonos! - era patente el miedo de la incauta.

Estaba cerca cuando corrieron en dirección opuesta, hacia la zona de los matorrales. El rastreador les seguía despacio, pero acertaba cuando cambiaban el rumbo. Estaba a unos metros cuando el chico se giró golpeando a su extenuada compañera de juegos, tirándola al suelo y dejándola semi inconsciente. El hombre de la cara de saco llegó y extendió un cuchillo más pequeño a su hermano. Los temblorosos ojos de la chica que no comprendía la situación acompañaron a sus gritos. Es necesario un paréntesis porque la escena debe ser censurada. Después del trabajo de ambos, solo unas urnas con tropezones y líquido vital reposaban junto a un cuerpo descarnado.

6 comentarios :

  1. Cara de saco y su hermano, ¿no?
    Pasan por tu mente cosas muy terribles, Sucede, un psicólogo analizaría esto, pero yo, como escritor, veo el torrente de imaginación que tienes.
    Es un pequeño guión, me sentí en el cine comiendo palomitas de maíz, mientras disfrutaba de una película de terror, pero hete aquí que en la escena más interesante apareció el censor.
    Luego quedaron apenas unos vasos canopos con los cuales la mujer podría entrar en paz al mundo de los muertos.
    Un gran abrazo, amigo mío.
    Humberto.

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  2. Qué dulce cuando la persona más inocente resulta ser capaz de atrocidades espantosas.

    Un final genial.


    Un abrazo.

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  3. Aupa Humberto!!
    no sé si te ha gustado o te has quedado con gana de ver la matanza en directo... jajaja... y soy yo el que necesita el sicólogo? mmmm... jaja
    Me alegro de que te haya gustado, el final no te lo censuraré en mi próxima entrega, para no dejarte con ganas!!
    Un abrazo, amigo!

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  4. Hola Desilusionista!
    cuánta razón tienes, es dulce cuando de algo inocente surge algo amargo...
    me alegro de que te gustara!
    un abrazo fuerte!!

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  5. Ves? lo que yo decía,es que se viven tus relatos. A Humberto también le pasa.
    Cagn..ya me repetí otra vez.
    No veo películas de este estilo, no me gusta pasarlo mal, pero no se que razón me lleva a leer tus textos.
    Aunque te confieso que me gustan más los que aliñas con humor.
    Salud.

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  6. Aupa Joplin!!
    ante todo, aunque los vivas, leelos sabiendo que es ficción, que esto no pasa, que las cosas que pasan, por desgracia, son bastante más terroríficas... jajaja
    Hay historias en las que no puedo sacar la parte divertida...
    Un abrazo!

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