jueves, 17 de febrero de 2011

El huésped

Que no recordaría aquel 14 de febrero por ser el día de los enamorados ya lo sabía; lo que no podía imaginar es que sería por unos acontecimientos tan espeluznantes por lo que no olvidaría esa fecha. Mis pesadillas están pobladas de atroces fotogramas desde entonces; los años no mitigan mis miedos, y como alfileres en el ovillo, los llevo alojados en esa parcela de mi cerebro que no se puede borrar.
Era vigilante de seguridad, y por aquél entonces me encontraba trabajando en un almacén de cobre al sur de Zamora. Tenía la obligación de recorrer las galerías cada treinta minutos, pasando el resto del tiempo en la garita; pero si escuchaba ruidos o veía algo extraño debía salir y hacer una ronda extraordinaria. Esa noche hice varias de estas. Hacia la una de la mañana terminé mi primera vuelta y entré en la cabina, conecté la radio, dónde Jim Morrison interpretaba su famoso tema The Unknown Soldier, en contra de la guerra de Vietnam. Sencillamente espectacular, pero antes de terminar, un rollo de cobre se volcó de unas estanterías causando un fuerte estrépito, así que me levanté y fui a comprobar que se había caído y no lo habían tirado. Por si acaso di el alto al posible ladrón, pero nadie contestó. Al acercarme vi a alguien cobijado en una sombra junto al rollo metálico y le dije que no se moviera. El espacio era bastante oscuro, sólo unos fluorescentes esparcidos por los altos techos daban una luz lúgubre e insuficiente. La sombra no se movía mientras yo avanzaba, al fin y al cabo esa había sido mi orden. Siguiendo el protocolo saqué la pistola y quité el seguro mientras le decía que se echara en el suelo. Se tumbó boca abajo y seguí acercándome, pero cuando estaba a apenas unos metros dejé de verle, de repente. Avancé rápidamente pero ya no estaba, ni ahí ni en los alrededores. Pensé que las sombras habían jugado conmigo y volví al refugio. Hice durante las dos horas siguientes cuatro patrullas más, sin incidentes. Eran las tres y diez de la madrugada cuando escuché otro fuerte golpe, y al asomarme por la cristalera de mi guarida vi otro rollo de cobre junto al primero y junto a ellos intuí de nuevo esa sombra. Salí a toda prisa con la pistola ya en la mano y corrí en esa dirección exigiendo al delincuente que se quedara quieto y levantara las manos. Lentamente las levantó y se quedó inmóvil. Esta vez seguía allí; lo que quiera que me perturba ahora me esperó. Era una imagen negra, una sombra con tres dimensiones. Me mantuve a unos pasos y le insté a identificarse. Fue entonces cuando ocurrió, la sombra se convirtió en un humo que me envolvió y me invadió entrando por todos los poros de mi piel. Vi entonces en mi cabeza catorce asesinatos brutales, vi los detalles, las torturas, el ensañamiento y la locura. Encontraron cientos de evidencias en las escenas de los horribles crímenes. El psicólogo de la prisión dice que lo que habita en mis pesadillas son mis recuerdos, trata de convencerme de que yo soy ese despiadado asesino, pero no lo soy. Yo solo soy su portador y él, mi huésped.

4 comentarios :

  1. Me he puesto a leer algunas de tus entradas en el blog y me han gustado. En concreto, alguna historia como esta que comento enganchan una barbaridad, mantienes la intriga genial.
    Trataré de pasarme por aquí de vez en cuando. Me gustó.

    Saludos.

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  2. Gracias Alberto!!
    me alegro de que te haya gustado, ya sabes que puedes pasar cuando quieras por este lugar!
    por cierto, he ido a tu blog, pero... participas en muchos! así que me verás por uno o por otro...
    Un saludo!!!

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  3. Realmente tienes una mente retorcida eh? Este también me gustó. Espero no conocer nunca a ese huésped!
    Salud

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  4. jajaja, un poco retorcido sí que soy Joplin, pero tengo mis momentos dulces tambie´n, jajaja
    Salud!!!!

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