lunes, 28 de marzo de 2011

Espejos [historia creada a base de microrrelatos]

I
Cuando se despertó, la cabeza le daba vueltas y lo primero que percibió fue ese terrible olor. A su alrededor, una mugrienta habitación sin ventanas. Las paredes estaban completamente mohosas debido a la humedad, que se podía sentir en los bronquios a cada inspiración. En una de ellas yacía un roñoso lavabo, olvidado hacía tiempo, el resto de la estancia estaba vacía; sólo él rompía la sincronía del vacío y la quietud. Dio varias vueltas con la mirada y finalmente descartó la existencia de una puerta. Por extraño que pareciera se encontraba en una habitación sin entradas ni salidas. Desde el principio se había dado cuenta de que estaba sujeto a una tubería anclada a la pared; sentía el frío metal en sus muñecas. Acostumbrado a situaciones parecidas, decidió mantener la calma, y en silencio y tranquilo esperó a que algo sucediera.

II
Hace aproximadamente dos horas que anocheció. Cubierta tan solo por ese sucio camisón, reposa sus ciento cuarenta kilos tumbada en su sofá cochambroso y grasiento delante del televisor. Respira con dificultad, y tose de vez en cuando, agotada. No se levanta si no es para comer o para ir al baño, aunque algunas veces no le da tiempo y se hace sus necesidades encima. El suelo está lleno de restos de comida en putrefacción, pasto de larvas blanquecinas y otros pequeños insectos. Jamás limpia. De ahí el repugnante olor. Si pudiera obviaría estos detalles, pero son completamente necesarios para contar el resto de la historia. Está haciendo algo por alguien, pero aún no lo sabe.

III
El timbre de la puerta le ha sacado de su aletargado estado. Se incorpora tras la mesa de su despacho y se dirige a la puerta. Antes de abrir, se mete la camisa por dentro del pantalón y carraspea.
En la puerta, una placa dice "Detective Lemman", porque Pérez le suena mal para alguien que resuelve casos de desapariciones.
- Mi marido ha desaparecido. -no tardó en reaccionar a la petición de la esbelta mujer y aceptó el trabajo.
Se especializó en seguir rastros, pero este es el primer caso que se le presenta de una desaparición real; está cansado de seguir a maridos infieles. Dentro del austero despacho aclaran los detalles, y se despide diciendo:
- Señora, encontraré a su marido esté donde esté. - y piensa, vivo o muerto.

IV
Amanece. El hombre preso en la extraña habitación ha dado varias cabezadas, pero no se ha llegado a dormir, o eso cree. Le resulta raro que nadie se haya comunicado con él, que no le hayan exigido nada. Creía que ese modus operandi no era habitual y le hace presagiar que no quieren nada de él. La voluminosa mujer, ronca profundamente en el desvencijado sofá mientras sueña con su hija; hoy tendría veinte años, pero en sus últimos recuerdos ella aparece tan solo con siete. Mientras sueña es el único momento en que esboza algo parecido a una sonrisa. La mujer del desaparecido se mira en el espejo del baño principal; sus ojeras evidencian que ha pasado la noche en vela. Piensa en su marido, en dónde puede estar. Teme no volver a verlo con vida y se estremece. El detective, con la euforia del caso que tiene entre manos apenas ha dormido, y repasa en su bloc de notas toda la información que le dio la escultural mujer.
Cuando el sol empieza a calentar, el retenido se espabila al sentir como fluye el agua por la cañería que tiene a la espalda. La enorme señora sale del baño, y con sus torpes pasos se dirige nuevamente a la improvisada cama.

V
Han pasado dos días desde la noche en que llamaron a su puerta. Lemman sabe que el tiempo juega en contra de los que desaparecen a la fuerza; cada hora que pasa, se esfuma un uno por ciento la posibilidad de encontrarle con vida. Han consumido cerca de un setenta y dos por ciento de esas posibilidades, y ya no confía en que ese veintiocho restante les devuelva al mecánico con vida. Lemman había ido a su taller a buscar alguna pista. La ausencia de aceite o marcas en el suelo hacían que pareciera cualquier cosa menos un taller de coches. Le llamó la atención que la plataforma del elevador se encontrara levantada por completo, a escasos centímetros del techo, y también la mancha roja y oxidada junto a una de las columnas. Pero eso fue todo, nada más. Había deambulado por el barrio, preguntando a unos y a otros sin sacar nada en claro. Hoy ha vuelto allí, antes de bajar del coche se mira en el espejo interior de su Ford Escort y ve a un tipo desgastado y sin futuro. Está de nuevo junto al elevador examinando la mancha y preguntándose por qué la esposa aún no ha avisado a la policía. Al mirar al suelo puede ver los pozos en los que desechan el aceite de los motores y piensa que tal vez ahí encuentre algo. Del manojo de llaves saca la más pequeña, y a la primera las compuertas ceden. El interior despide un olor nauseabundo y el detective debe taparse la boca y la nariz para evitar las arcadas. Algo asoma sobre el oscuro líquido, parecen unos huesos de pequeño tamaño. En las paredes, marcas que corresponden a unos pequeños dedos en un intento vano por salir del improvisado ataúd. Sin dudarlo, avisa a la policía, claramente está en la escena de un crimen.

VI
Cuando llaman a la puerta de la casa, tarda en abrir. Los agentes dan un paso atrás debido al mal olor que desprende la señora. No traen buenas noticias, pero al menos aquella madre podrá por fin enterrar a su hija. Le tienden una medalla perfectamente limpia, ella la toma entre sus manos y empieza a llorar. La escena es terrible. Un calambre recorre el alma de los dos agentes que aguantan el tipo mientras le dan el pésame.

- Debe acompañarnos señora, hemos encontrado a su hija.

Trece años, trece. Maldito número. De cincuenta a ciento cuarenta en trece putos años. Una investigación casual de un detective de poca monta desvela un secreto que meses de búsqueda no lograron esclarecer. Pero al menos ella enterrará a su hija. Limpia y aseada parece otra persona, al fin podrá llorar la pérdida y guardar el tan ansiado luto.

VII
Han pasado algunos meses. La policía sigue buscando al asesino, pero no hay ni rastro de él. Encontraron más cuerpos en otros pozos. Su esposa ya no pregunta, no se interesa por el estado de la investigación. No sabe con quién vivía, y pese a que muchos no lo crean, ella no sabía nada, tan solo conocía el reflejo de su marido, no al depredador que escondía bajo la piel. Pero en ocasiones llora, porque le sigue amando y en su foro interno se sigue preguntando por los motivos y el desde cuando. Mínimo trece años, señora, trece.
La madre de aquella pequeña ahora sale de casa más a menudo. Ha perdido algunos kilos y pese a que su semblante es extremadamente triste, está tranquila.
Lemman le ve desde la ventana de su despacho y pese a que seguramente no tenga más casos que resolver en mucho tiempo, está orgulloso de lo que ha hecho. De hecho sus estudios de criminología se deben a la niña que desapareció en su barrio cuando era más joven. Desde el principio quiso ayudarle y le costó muchos años descubrir que ese mecánico en realidad era el culpable de esta y quién sabe si de otras desapariciones. Una vez secuestrado tenía que conseguir que su mujer contratara sus servicios para que pudiera entrar en su taller sin levantar sospechas. La publicidad hizo su efecto desde semanas antes, estaba a la vista. Le había salido mejor de lo que había imaginado.
Lo que más le costó fue tapiar el pequeño sótano que había bajo la casa de la hundida madre. Quería que muriera estando debajo de ella, respirando el hedor producido por una pérdida obligada. Antes de encontrar a la niña, escuchó tras la nueva pared del mohoso trastero los gritos del maldito. Se mira en el espejo y sonríe. De lo que está seguro, es de que ese ya no grita.

13 comentarios :

  1. jejej Vaya, al final hizo justicia.Se lo merecía. Que bien llevado, la mente del detective tenía mucho de criminal.
    Abrazo Sucede.

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  2. Hola Joplin!
    ya ves, justicia aunque sea inmoral...
    Gracias por tu comentario amiga, pareces la única que viene por aquí, esto está triste...jeje
    Yo creo que mis historias sólo te gustan a ti! Jajaja
    Ey! Beso!

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  3. No seas tan modesto, hombre, y danos la oportunidad a los demás.

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  4. Ey Hombre!!
    jajaja, es que mi blog parece un solar!!
    no sé cuántos followers y mira los comentarios! jaja
    Agradecido te estoy!!

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  5. Enoooorme!!!
    Me encantó y no me cabe duda de que puedes llegar a la Novela Negra si te empeñas porque este tipo Raymond Chandler estaría más que orgulloso.
    un abrazo fraternal
    deletrasarte

    PD un comentario anterior te lo "comiste"?

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  6. Yo, que lo he vivido capítulo a capítulo, he sentido ese suspense hasta el final, y me ha sorprendido, la verdad.
    Buen relato corto, y se va notando el nuevo paso en tu carrera hacia el novelista profesional.
    Sigue así y no desfallezcas.

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  7. Hola deletras!
    gracias por tus palabras amigo, san aliento, aunque creo que exageras... No sé si Raymond estaría orgulloso, espero que sí, pero yo no tengo nada de genio y él sí.
    Gracias por tu paso!!
    Y con respecto al comentario que me comí... existe, pero no es visible puesto que he ocultado las entradas anteriores y he realizado el compendio en la última entrada para que si alguien lo quería leer no tuviera que moverse entre distintas páginas...
    Abrazo fraternal!!!!

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  8. Ey mikel!!
    sabes de sobra que tus comentarios y críticas son fundamentales.
    Me alegro de que te haya gustado y de las pequeñas correcciones...
    Salud!!!!

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  9. Lo que importa son las ideas, no las correcciones.
    Espero que no sea el último.

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  10. Muy bien, Sucede, has encadenado antiguos micros para crear una historia que cierra muy bien.
    Eso muestra algunas cosas, pero la que más me gustaría destacar es la coherencia de tus textos. Muchos dicen que nuestros escritos hablan de nosotros, pues bien, si así fuera, ellos hablan bien de ti.
    Te dejo un gran abrazo.
    Humberto.

    PD: siempre me sorprendes con la foto del perfil, yo me quedé en el tiempo y espero ver la bola de fuego... el cometa.

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  11. Hola Humberto!!
    Bueno, lo primero, no son antiguos micros eh? jeje, son todos nuevos y creados con un objetivo... Textos independientes que al unirse formen una historia... además sólo el cuarto y el séptimo capítulo precisan de su orden...
    Agradezco mucho tu visita, sé que andas muy liado, y que no puedes parar el tiempo.
    Un gran abrazo, amigo!

    pd: jeje, qué te sorprende de mi foto? las entradas? ... o las salidas? jajaja

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  12. C-O-L-O-S-A-L
    ¿Para cúando un relato de 500 pag?
    Aunque no lo reconozcas eres un puto genio.
    Grande, Sucede.

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  13. jajaja
    Aupa Raúl!!!!
    os echo de menos tronco!!
    gracias por tus palabras!
    y tranquilo, que en cuanto esté disponible ese "pedazo relato" lo sabrás!
    Un abrazo!!!!

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