sábado, 18 de junio de 2011

El camino del bien


Aquí no nos gustan los burdeles.

El día que Tom llamó a mi puerta y me habló de la apertura de un nuevo local a las afueras del pueblo, me hirvió la sangre. Ambos sabíamos que junto con las chicas llegarían los problemas y teníamos que actuar pronto si no queríamos perder el control. Amanda llegó en el momento en el que sacaba la segunda cerveza de la nevera.

- Hola cariño. - dijo cerrando la puerta.
- Hola, estoy con Tom en la cocina. - siempre debía avisarle de las visitas, y más cuando se trataba de alguien a quien no soportaba.

No dijo más. Escuchamos los tacones al subir rápidamente las escaleras y después el portazo.

- Nunca me perdonará, ¿verdad? - me soltó Tom.
- Sí lo hará; dale tiempo. - aunque ahora sé que nunca lo haría.

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El señor Lemman era el dueño de una fábrica clandestina de neumáticos industriales. Teniendo los contactos necesarios y unos precios sin competencia, no era extraño ver que el negocio crecía cada año que pasaba. Parece difícil que una fábrica con tantas emisiones nocivas y descontroladas eludiera a la ley con tanta maestría, pero el señor Lemman sabía cómo y a quién debía sobornar. Su nombre de pila era Abbot.

Abbot y su mujer, Sarah, murieron quemados en el interior de una pila de ocho neumáticos de tractor. Aún estaban atados cuando apagaron el fuego y los sacaron de allí. El caucho se había derretido en gran parte y se había adherido a la piel de ambos. Murieron abrasados y no asfixiados por la inhalación de los gases como se comentó; hay veces que, ante casos tan horribles, la gente se inventa lo que sea para restarle dramatismo. Es lo malo de los negocios tan prósperos e ilegales, que despiertan envidias entre los que juegan las peores cartas.

El caso es que ese día conocí más de cerca a mis suegros, aún calientes, y a Amanda, claro. A su hermano Tom le conocería días más tarde, pues ni siquiera se presentó al sepelio ni al entierro. Y de ahí viene la tirantez entre ellos.

El mismo día del homicidio comenzaron las investigaciones. Recogimos multitud de pruebas de la escena del crimen, aunque ninguna coherente. Había colillas de cigarros de distintas marcas, como si alguien hubiera vaciado un cenicero para despistar; también había algunas latas de Coors por el suelo pero sin huellas ni saliva, como si hubieran sido vertidas sin más en otro lugar, abolladas y depositadas allí junto a los cigarrillos. Así que no teníamos nada. Dos semanas después recibí una llamada en mi despacho.

- Oficina del Sheriff, al habla el oficial Curt Parton. - contesté.
- Buenos días, soy David Evans y tengo información sobre el caso del señor y la señora Lemman. - la voz me sonó familiar.

Habló poco, tan sólo me dijo que quería hablar conmigo en algún sitio fuera de la comisaría. Y yo, claro, accedí.

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Para mí, la cerveza Miller siempre ha sido la mejor, aunque no sea la que mejor reputación tiene. He podido comprobar que además de tener un sabor más ligero, es la que más rápido se enfría; por muy raro que suene. A Tom no le gusta demasiado, pero en mi casa la bebe sin rechistar.

- Bueno Tom, y ¿de qué se trata?
- Se trata de Juan Rodríguez, un mexicano que no para de expandir sus negocios de prostitución. A él no le he visto, pero el talón con el que pagaron por el local está firmado por él. El mismo día en que compraron el local empezaron las reformas y creo que en pocas semanas estará abierto.
- Necesitará papeles. - dije sin pensar.
- Tiene dinero. - las palabras de Tom me hicieron darme cuenta de mi torpeza. Aquí todo se compra.
- Cierto, cierto. - solté sintiéndome bastante idiota.

Después siguió contándome lo que había averiguado. Lo sabía todo, el importe por el que el señor Cox se había deshecho de su tugurio, de qué banco procedía el dinero de Juan Rodríguez, cuántos hombres estaban trabajando a destajo en las reformas, en fin, todo. Y como la chusma no nos gusta hablamos de lo que teníamos que hacer.

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Llevaba mucho tiempo detrás del señor Lemman y su fábrica ilegal de neumáticos. Cada vez que pasaba al lado tenía que taparme la boca para no ahogarme. Lo peor es que nadie hacía nada, Abbot sabía muy bien que mientras continuara con los pagos, su negocio seguiría siendo rentable y nadie le molestaría.

Gracias a un soplón descubrí el entramado que había detrás. Descubrimos que los pagos se hacían siempre en efectivo en lugares acordados una hora antes por teléfono. Sabíamos quién haría la llamada ese día y le seguimos; una vez que llegó al punto de intercambio y recogió el maletín cada uno se fue por su lado. Le arrebatamos el maletín después de pegarle dos tiros, y en un bolsillo dejé una tarjeta de "neumáticos Lemman". Las represalias no se hicieron esperar, y al día siguiente el señor y la señora Lemman ardían en una pira como auténticas brujas. Nos había salido mejor de lo que esperábamos, y además de acabar con el fraudulento negocio, nos hicimos con un buen botín.

Fue ese día cuando conocí a Amanda, y unos días después volví a ver a Tom, esta vez no como soplón sino como hermano de Amanda. No entendía el porqué de la traición a su padre. Después me enteraría de que él no compartía este tipo de actividades y por eso habían acabado odiándose mutuamente. Al menos Tom era legal.
Luego fue lo de David Evans. Me dijo que sabía que yo había matado y robado al enlace de Abbot y me exigió la mitad del dinero por mantener la boca cerrada. Yo hasta entonces no sabía que se podía matar a una persona de dos puñetazos, pero Tom lo hizo y también se encargó del cuerpo, y debió de hacerlo bien, porque ese tema quedó zanjado para siempre.

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Desde aquella primera vez había llovido mucho, y hartos de que "los buenos" no lucharan contra el crimen sino a favor del crimen, decidimos tomarnos la justicia por nuestra propia mano. Fuimos perfeccionando nuestros métodos y al final siempre conseguíamos nuestros objetivos.

La primera vez que Tom disparó a un traficante de armas, le voló una oreja por error; después me contó entre risas que nunca antes había disparado. El segundo tiro fue certero, justo entre las dos cejas. Su cara lo decía todo. Se sentía bien, estaba cumpliendo con su obligación de buen ciudadano, y yo, también. Desde entonces consideré mi trabajo policial como secundario y me gustaba verme más como un héroe que iba limpiando las calles de villanos.

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Juan Rodríguez era un tipo peligroso. Cuando faltaban pocos días para la inauguración hizo acto de presencia en el prostíbulo, que ya lucía un cartel luminoso con una señorita tumbada y el nombre del antro parpadeando, protegido por dos matones que no ocultaban sus armas.

- ¿"Zorras calientes"? ¡Qué mal gusto! - le dije a Tom cuando vino con las noticias.

No tenía buena cara. Sabía que cada vez me ponía más nervioso cuando las noticias no eran todo lo buenas que debían ser, pero cuando me soltó aquello perdí el control.

- Curt... Amanda... - tragó saliva - Amanda trabaja para él. - casi temblaba.
- ¿Qué? y ¿qué es lo que hace? ¿Servir copas? - empezaba a cabrearme de verdad.
- No... Bueno no estoy seguro.
- ¿Cómo que no estás seguro? ¿Qué pasa? - le grité cogiéndole por el cuello.
- ¡Es prostituta Curt! ¡Amanda es prostituta! ¡Lo siento!

Retrocedí dos pasos antes de dispararle. Fue tan repentino que el primer balazo se lo metí en el cuello y pidiendo perdón apunté mejor. Me tomé mi tiempo para que supiera que a un marido enamorado no se le puede decir eso y apreté de nuevo el gatillo, esta vez la bala entro por la frente y salió por la nuca.

Pese a que soy el bueno, creo que obré mal en esa ocasión, pues ya tenía mis sospechas sobre ella. Pero Tom no tenía que habérmelo dicho, al menos no así, en frío. Saqué una Miller de la nevera y me la bebí de un trago. Me senté a esperarla en el hall tomando una cerveza tras otra. La sangre de Tom iba impregnando la alfombra y pensé que cuánto tiempo tardaría en vaciarse del todo o incluso si lo haría. Pensé que igual la sangre se estancaría en la venas al no ser bombeada ya por el corazón. Tenía tiempo para pensar en esto y así me mantenía ocupado. Cuando entró, la disparé en el corazón; ahora los dos lo teníamos casi igual de roto.

Sin mi amigo Tom y sin mi querida esposa ya no tenía sentido nada de lo que hacía, pero este último trabajo tenía que terminarlo. Sin prepararme mucho salí a la calle y fui al tugurio de mala muerte de las afueras. Era espectacular. Era incomprensible que en sólo dos semanas lo hubieran arreglado de tal forma. Lo que hace el dinero, pensé. Y este pensamiento me hizo pensar en Tom, en lo cansado que estaba de que lo bueno y lo malo se comprara con dinero. Fui entrando en cólera mientras pensaba que las muertes de mi amigo y mi mujer eran culpa de este explotador sexual. A medida que me acercaba a la entrada se me enfriaba el sudor y se me calentaba la sangre. Descerrajé dos tiros a los gorilas de la puerta y entré. Rodríguez estaba sentado junto a una fulana de Europa del este con sus dos guardaespaldas y desde dónde estaba disparé a todos. La prostituta cayó en segundo lugar y Juan el último. Aún no sé de dónde llegó la bala que me hirió. No me dolió, tan solo noté el frío en la sien y un extraño e incomprensible sabor a hierro en la boca. Y en mi corazón, la sensación de que lo habíamos hecho bien.

15 comentarios :

  1. No nos tienes acostumbrados a esto. También se te da bien. Un poco gore.

    Raúl, aprende!: todo de un tirón, sin capítulos!

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  2. GUAUUU!!! Sucede, me he quedado blanca...Genial. me ha encantado, lo he leido de un tirón y casi sin respirar( solo lo justo)

    Te ha quedado de cine (literal)
    Rosa

    Besos desde el aire.

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  3. ¡Anda, pero si estoy en Sucede! Yo creía que me había metido en el blog de Tarantino, jajaja
    Como dicen por ahí, te ha quedado de cine (literal), mientras leía pensaba: esto lo ve Tarantino o Robert Rodriguez y se marca una de cuidado.
    Besos

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  4. Hola Sucede.
    Verdaderamente un escritor genial.
    Menudo dramatismo...
    Te felicito y agradezco tan agradable lectura.
    Un abrazo y quedo en espera de mas historias fantasticas.
    Ricard

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  5. ¿Y esto, Sucede? Genial tío Me ha gustado mucho, pero yo quiero algo mucho más largo. Sé que lo puedes hacer.
    Un abrazo tron!!!

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  6. Cuando yo pongo cosas largas me hacen menos caso del habitual por pereza. Espero que no sea tu caso porque es un cuento magnífico.

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  7. Aupa Aina!!!
    Bueno, gracias! Quizá sea un poco largo, pero gore? no, mujer, gore no! jaja
    abrazos!!!


    Hola Rosa!!!
    Qué bien no verte de anónima!! jaja
    Gracias maja, me alegro de que te haya gustado.
    Abrazos!!


    Hola Elysa!!!
    jajaja, pues anda que no eres tú exagerda!!
    Gracias!!!
    Un abrazo!!!


    Aupa Ricard!!!
    No, gracias a vosotros por pasar y leer este pequeño ladrillo acostumbrados a la gravilla...
    Abrazos!!!


    Ey Raul!!!
    Gracias colega!!
    Bueno, ya se verá lo de algo más largo... ten en cuenta que si esto de momento sólo lo habéis leído seis, igual algo más largo lo lees sólo tú! jajaja
    Abrazos!!


    Aupa Hombre!!!
    Muchas gracias compañero. La verdad es que ya lo pensé, pero tenía que ponerlo, de momento habéis venido seis, igual no vienen más, pero con vosotros me conformo y si os ha gustado no me puede hacer más feliz!
    Un abrazo!!

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  8. ¡EH! que faltaba yo. No te hacía de texto largo, fíjate, y como si fuera corto, igual de bien que lo haces.

    No dejo de pensar que Tom debería tener en cuenta, que al menos en España, eso de llevarse bien con los cuñados no llega muy lejos.

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  9. Aupa Citizen!!!
    jajaja, sí, perdona, faltabas tú!!!
    Muchas gracias!! Me alegro de que te haya gustado!!
    Y bueno, uno se puede llevar bien con los cuñados, no? jaja, a ver, qué te pasa a ti con tu cuñado? jeje
    Un abrazo!!

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  10. Muy filosófico: Querer hacer las cosas bien, arreglar un trocito del mundo y acabar ensuciándose. Te quedó muy bien.

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  11. Aupa montse!!
    gracias! pues sí, al final siempre te ensucias...
    Un abrazo!!!

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  12. Un prota muy modesto, sí. Él es el bueno y lo ha hecho bien. Muy bien llevada la trama
    Saludillos laaaargos

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  13. A eso se le llama fanatismo. Me gustó.

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  14. Aupa Pucki!!!
    Ya leí lo que me tenías que decir, y te doy la razón, jaja. Gracias por leerlo!!!
    Un abrazo!!!


    Hola Cybrghost!!!
    Y un fanatismo radical además...
    Salud!!!

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  15. A mí me gustó muchísimo, y eso que no soy de leer posts largos. Por eso casi que no me gusta darlos.

    Un besote mi querido Sucede. Te doy un diez por lo fácil y nada cansino que me resultó leer tu relato largo. Ideal.

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