domingo, 26 de junio de 2011

Una fría madrugada

Deduzco por su silencio y la falta de movimiento que debe estar muerto.

Hacía frío y aunque la calefacción del coche cumplía con su cometido, de vez en cuando entraba una ráfaga de viento helador por los conductos de respiración que me hacía estremecerme. El motor a ralentí temblaba esporádicamente a causa del esfuerzo por templar el ambiente. La humedad, después de dos horas a la intemperie, comenzaba a cristalizarse en las ventanillas a pesar de la diferencia de temperatura, y el exterior empezaba a difuminarse con el halo blanquecino de la helada. Cuando a las tres y trece de la madrugada, en el retrovisor se abrió la puerta del número seis, paré el motor y me bajé del vehículo. El viento gélido me arañó con fuerza en la cara y me subí el cuello, cerrando la cremallera de mi chaqueta hasta que incluso mi nariz quedó tapada. Camuflado entre las sombras me coloqué detrás del tronco de uno de esos árboles que, pelados de hojas, parecían esqueletos de madera. Y esperé a que la plumífera sombra que caminaba por la acera llegara a mi posición. Cuando lo hizo me costó poco inducirle a la inconsciencia, tan solo necesité aplastar sus carótidas y tapar su nariz y su boca durante algo más de cuarenta segundos. Le deposité, después de apartar algunos trastos, en el amplio maletero, y después de atarle y amordazarle le tapé con una manta. Tengo por costumbre solicitar la identificación por parte del contratante antes de terminar un trabajo, pero esta vez no la necesitaba, pues estaba harto de ver sus fotos y de escuchar a su mujer decirme que el divorcio era inminente. Esta vez en lugar de por dinero, lo hago por facilitar el trabajo al amor de mi vida. Mientras conducía me distraje en pensamientos que me revolvieron las tripas; pensé que tal vez ella no me quería, que sólo era una aventura y me cabreé con ella sin tan siquiera estar presente. Estuve a punto de detener el coche, desatar a su marido y desaparecer, pero unos golpes secos y fuertes me sacaron de mis devaneos mentales. Las patadas en la chapa hacían eco en el interior. “Tranquilo, ya llegamos”, dije. Me detuve en mitad del puente y apagué las luces sin detener el motor. Cuando abrí el maletero, el bulto se agitaba bajo la manta y le destapé. Sus ojos pedían clemencia, pero es algo que no tengo, así que no la puedo dar. No sin resistencia conseguí sacarlo de su prisión y haciendo acopio de mi fuerza le asomé al río que musitaba veinte metros más abajo. Y le solté.

El río, acusando las bajas temperaturas de los últimos días, había decidido hibernar, convirtiendo su líquido cuerpo en hielo.

17 comentarios :

  1. Muerto el perro...¿se acabará la rabia?
    Un abrazo, Sucede.

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  2. 20 metros es un buen salto, diría que deduces bien.

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  3. El amor tiene muchas caras, es cierto. Y por él se hacen tantas cosas..

    Saludos

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  4. Lo qué el rio no se llevó...Jeje.
    Muy bueno Sucede.

    Besos desde el aire

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  5. "Sus ojos pedían clemencia, pero es algo que no tengo" ¡Madre, cuánta frialdad de hombre! Al menos tiene todo el invierno para disfrutar a su amante, que cuando las aguas del río empiecen a correr y saquen el cuerpo del marido, se les acabará la fiesta. Eso si no tenía pirañas el río jeje

    Que casi no respiro cuando te leo. Eres muy bueno, Daniel.

    Aprovecho para despedirme, por un tiempo estaré ausente de los blogs. Así que, mientras nos volvemos a ver, te deseo lo mejor de lo mejor y que te goces la vida minuto a minuto.

    Un gran abrazo, y muchos besitos.
    Hasta pronto.

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  6. Alguien hará un sorbete cojonudo con él.

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  7. No puede sentir amor, tiene el alma más fría que el agua del río.
    Excelente relato.
    Abrazos.

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  8. Impresionante breve!!
    disfrutable 100%
    abrazo

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  9. Plumífera sombra? Con quién estaba casada esa mujer?
    Me gusto mucho Suce. Cuanto frió leí, entre el día frío que tan bien describís, el hombre frío y el frío de Baires como broche para tu historia...
    Un beso grande e invernal.

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  10. De nuevo aquí, tras una breve estancia parisina, contenta por volver a leerte, los escalofríos vienen muy bien para estos calores...
    Un abrazo.

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  11. Una fría madrugada, frío es el asesino, y frío el río, realmente me he quedado helada...

    Besos

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  12. Hola Torcuato!!
    Eso dicen, pero yo no lo creo...
    Abrazos!!


    Hola aina!!!
    sí, pienso como tú, 20 metros son muchos metros...


    Hola Elèna!!!
    Cierto, pero cuanto más irracionales menos sinónimas del amor...
    Abrazo!!


    Aupa Rosa!!!
    Gracias Rosa!
    Eso, me gusta ese subtítulo! jeje
    Abrazos!!!


    Hola Liz!!!
    Disfruta del descanso!!!
    Nos vemos con energías renovadas a la vuelta!!!
    Abrazos!!


    Aupa hombre!!!
    Mmmmmmm... sorbete!! qué tétrica imagen me has regalado amigo!! Gracias!!



    Aupa Balamgo!!!
    Gracias amigo!!
    Tal vez amor sienta... pero a su forma...
    Abrazos!!!


    Hola Omar!!!
    Me alegro de que te guste Uruguayo!!!
    Un abrazo!!!
    Volvió mi hermano!!! jaja


    Aupa Corina!!!
    Esa plumífera sombra fue lo único que se me ocurrió para decir que iba con su anorak de plumas de oca...
    Un abrazo!!! Aquí estamos a 40º!!!


    Hola Paloma!!
    París!! Por placer? o por amor?? jajaja
    Gracias!!
    Un abrazo!!


    Hola Elysa!!!
    Pero el tío lo hace por amor eh? tiene sus sentimientos, aunque sean desastrosos...
    Abrazos!!!

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  13. Hola Suceso.
    Un relato apto para quienes carecen de "clemencia".
    Te felicito por este texto al mas puro estilo Al-Capone.
    Un abrazo.
    Ricard

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  14. ¿Transición entre el amor y el estilo predominante o irás alternando? Qué desespero!!!!

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  15. Aupa Ricard!!!
    jaja, un poco mafioso sí que es el tío... jajaja
    Un abrazo!!!


    Aupa montse!!!
    Ese soy yo, una mezcla entre amor y odio... No desesperes, disfruta!
    Abrazo!!

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  16. Es un relato que atrapa desde el primer instante que comienzas a leer. La intensidad no baja en ningún renglón es más se acentua puesto que esperas el final.
    Me ha gustado, aunque no lo leeré por las noches que me da yuyu.

    la de libros y películas de sanguientas, macabras y negras que te habrás leido, jejeje.
    un beso. Amelia.

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