viernes, 29 de julio de 2011

Contra las cuerdas

Expulsa una densa bocanada de humo antes de continuar. El seco sabor del tabaco negro le hace salivar con cada calada.

- Y como le estaba diciendo, las marcas de las paredes y del suelo son signos evidentes de que se produjo una fuerte pelea.
- Le he dicho que sí, que nos peleamos.
- No, no me entiende. Aquí se produjo una pelea, pero usted no estuvo involucrada.
- ¿Cómo que no?
- Verá, usted no tiene ni un solo rasguño, y no creo que con sus… ¿cincuenta kilos quizá?... ocasionara tales heridas a un tipo que rondaba los ciento veinte.

Se sube un poco la blusa y muestra su amoratado abdomen.

- ¿No le parecen estos “signos evidentes”? – dice con ironía.
- El tono amarillento indica que ese golpe se ha producido hace varios días – aclara con tranquilidad el inspector –. De lo que estoy seguro es de que usted sabe quién lo ha matado.
- Era un cabrón, ¿entiende?

Las horas, bajo una luz fluorescente y en malas compañías transcurren extremadamente despacio. Si a esto le sumas la nube de humo que acompaña al interrogatorio, consigues que la concurrencia entre el espacio y el tiempo sean un detalle de muy mal gusto. Horas atrás, la cabeza almohadillada del contable se había golpeado contra la vetusta y roma punta del escritorio. El cráneo está preparado para proteger el delicado bulbo de los desafortunados accidentes, pero el azar quiso esta vez que se produjera la improbable y desastrosa unión, o más bien intromisión de la esquina en el bulbo. Pensar que una mujer tan enclenque hubiera acabado con su gordísimo oponente era algo que carecía de lógica.

- ¿Fuma?
- No, gracias. Lo dejé hace muchos años.
- Yo he tratado de dejarlo muchas veces también, pero carezco de la fuerza de voluntad necesaria para convertir los esporádicos alejamientos en una despedida definitiva.
- Es difícil, pero es posible, se lo aseguro.

Y por primera vez ella se siente menos presionada, en mitad de una conversación más personal.

- Mi esposa también fuma, supongo que eso me dificulta aún más el abandono del vicio. ¿Su marido fumaba?
- No, él nunca ha fumado.
- Entonces, ¿tuvieron visita ayer?
- No, ¿a qué viene eso?
- Es sólo un detalle. Sobre la mesa camilla había un cenicero con dos colillas, y si ni usted ni su marido fuman, deben ser de una tercera persona. Las pruebas de ADN y huellas nos dirán de quién se trata, aunque sería mucho más rápido si usted nos lo contara. Así no pagaría por encubrimiento y sólo el asesino pagaría por el homicidio.

Sé bien cuando una persona se hunde y aquella señora se hundía. En su mirada se podía ver la búsqueda de la estrategia apropiada para salir de esta encrucijada. Los ojos girando en el sentido opuesto a las agujas del reloj indican que dicha estrategia no contempla contar la verdad y el inspector decide cortar los pensamientos en una magistral jugada.

- ¿Le quería?
- Por supuesto.
- No lo dudo, pero… quiere a alguien más, ¿verdad?
- ¿Qué insinúa?
- No insinúo nada, afirmo que trata de defender a una tercera persona y nadie trata de defender a alguien a quién no quiere. Tras muchos años he aprendido que hay gente capaz de vender a su madre para librarse de la cárcel. Usted es distinta.

El inspector sabe que se va a derrumbar de un momento a otro, que la tiene contra las cuerdas. Y eso es lo que pasa. Ella comienza a llorar y a repetir que fue un accidente.

- No quería hacerlo… no quería matarle. – sus ininteligibles palabras las descifran los años de experiencia.
- Pero lo hizo – dice paternalmente –. La accidentalidad será un atenuante, pero tenemos que acabar con esto.
- Él no quería hacerlo. Lo siento. Yo le dije que se fuera…
- ¿A quién? ¿a su amante?

Ahora es él el que traga saliva mientras analiza el terrible error que acaba de cometer. Una gota de sudor frío acaricia su sien como el cañón del descuido. Las preguntas afirmativas, lo sabe, desencadenan en caso de no ser acertadas, la búsqueda de nuevas estrategias en los cerebros ajados de los sujetos interrogados. Tenía la declaración casi sentenciada, y como si se tratara de su primer caso, el ansia escupe por su boca la pregunta equivocada. Mientras su cerebro divaga por los confines de las clases teóricas de criminología, su parte inconsciente le dice que ya sólo falta aclarar el porqué, aunque eso, sea secundario. Y aún retumba en sus canales auditivos la respuesta confusa pero esclarecedora.

- A mi hijo.

20 comentarios :

  1. ¡Que bueno! Sucede. Tú tenias que haber sido madero jajaja. ahora en serio, que buena historia, pero no sé porque hacia más ilusión que se lo hubiese cargado la mujer.
    Un abrazo, grande.

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  2. Y la aplaudo, con la seguridad de un hijo no se embroma!!!

    Gran cuento, Sucede.

    Un abrazo

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  3. Te ha salido una trama espectacular. Es un buen comienzo para un buen guión...
    Abrazos.

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  4. Paso a paso, del micro, avanzamos a la novela ¿porqué no?...tienes madera ¡vasco!!
    Muy bueno lo tuyo,
    Aurrera!!

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  5. Genial sucede, tanto la historia como la forma de relatarla. Como si estuviera viendo la escena de un peli de Orson Welles.

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  6. Que intriga, las vueltas del inspector me hicieron acordar al detective de las novelas de Agata. Impresionante la repuesta final!
    Como siempre, un difrute leerte!!

    Besos!!

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  7. No tiene desperdicio! Has dibujado muy bien la escena y le has dado otra perspectiva al típico momento del interrogatorio. Muy bueno.

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  8. Creo que te han dicho todo...pero una madre no hubiese delatado a su hijo, no, no.

    Besos desde el aire

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  9. Hola amigos!!!
    bueno, esto solo es una secuencia precisa de una gran historia, pero es suficiente para saber como empieza y como acaba...
    Y sí, una madre no denunciaría nunca a su hijo, salvo que eso le suponga una ayuda...
    Abrazos!!!

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  10. Qué detallado, lo de los ojos moviéndose al contrario de las agujas del reloj me ha quedado clavada. Tendré que pensar en ello si alguna vez tengoq eu huir de la policía o algo así, ja ja.

    Es verdad,por los hijos se pueden hacer las cosas más increíbles, pero a veces no nos damos cuenta cuándo hay que hacerlas, ese es el problema.

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  11. Más largo que de costumbre, Sucede.
    ¿Seguro que no hay un tercero implicado?

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  12. Bueno....vamos extendiendo los relatos. Impecable Sucede....los diálogos están muy buenos. Abrazo.

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  13. Lo vi venir, pero es que lo has narrado taaaan bien, que eso es lo de menos.

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  14. Me pasa como a Cybrghost, pero te ha quedado puro cine negro.

    Besitos

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  15. No hay amor más fuerte que el de una madre por su hijo... quizá delatara a su amante si fuera culpable pero, ¿a un hijo? Nunca... muy bueno, sucede! Un beso.

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  16. Muy bien, Sucede. Una gran historia de intriga que me ha encantado.

    Abrazos.

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  17. Al puro estilo Ágatha Christie. Muy intrigante tu cuento, Sucede. Un saludo.

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  18. Yo hubiese hecho lo mismo...

    Muy bueno

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  19. Una descripción perfecta... (como siempre)
    La historia es excelente, la vas a seguir? seria genial.
    Mi respuesta, como mamá, hubiese sido igual de contundente: "Si, mi amante"
    Acto seguido mi hijo y yo estaremos a muchos kilómetros de distancia. Te dije que me llaman Sara Connor?
    Montaña de besos!

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  20. Gracias amigos!!!
    Por vuestro paso y por vuestras palabras!!!
    Un abrazo grande!!!

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