viernes, 15 de julio de 2011

Crónicas de unos ciudadanos más

Cuando te dicen que abandones un lugar por la salida de emergencia, es que algo no va bien. Si la voz que exige mantener la calma y salir ordenadamente proviene de un megáfono es que la cosa va aún peor de lo que imaginas.

Me perturba tener que abandonar ahora los productos que tanto me ha costado seleccionar, pero lo que realmente me desquicia son los gritos en mi oído y los empujones de los que desesperadamente buscan una salida.

- ¡Señora! – grito a la mujer del bolso de plomo.

Su respuesta es una mirada de terror y mientras pienso “no es para tanto, sólo son unos disparos” cae fulminada a mi lado. La sangre que corre a mis pies es dramáticamente roja. Me agacho para esquivar las balas, y una vez en esa postura, introduzco un dedo en el charco. El instinto me incita a llevarlo a la boca y mi paladar me devuelve un sabor férreo y exquisito que me hace estremecer. No soy un animal, pero inclino mi cabeza sobre el charco y lo lamo.

- ¡Señor, diríjase a la salida inmediatamente! – y en su joven cara se refleja la incomprensión, pero el miedo no le permite ser consciente de lo que hago postrado en el suelo como un animal sediento.
- No la encuentro. – digo incorporándome.
- Continúe por este pasillo hasta el final, una vez allí gire a la izquierda. – y siento que mira mi boca, seguramente contorneada por el plasma.
- Gracias. – y obedezco la orden.

Sorteo en el pasillo los cuerpos sin vida de algunos desafortunados. Morir por imposición es lo suficientemente lamentable, pero si además eres abatido por los que se supone que te defienden, se convierte en macabro. No se puede culpar a unos soldados adolescentes controlados por unos superiores casi tan jóvenes como ellos. “Están cagados”, pienso y recuerdo entonces que no he limpiado mi boca. La froto con el antebrazo y termino rascando de la comisura de mis labios la sangre ya coagulada de la aterrorizada mujer.

Abstraído por el estruendoso tiroteo piso uno de esos engendros, ya muerto, que hay por todas partes. Siento como cede viscosamente bajo mi bota y la levanto de inmediato. Un pequeño charco de color negro se expande bajo su cuerpo gomoso y oscuro. Tiene el aspecto de una rata plastificada y sin cola; de su cuerpo emergen cuatro patas, siendo las traseras más largas que las delanteras. Los dientes se disponen afilados en sus mandíbulas. Los ojos carecen de párpados y le dan el aspecto de continuar con vida. Me inclino sobre el animal y paso el dedo por lo que supongo que es su sangre. Está caliente. Con la lengua repaso la yema de mi dedo índice impregnada en el oscuro líquido. El sabor es sobre todo ácido y su textura oleosa. Recojo los restos y los guardo en mi chaqueta.

No me he parado a contarlos, pero son cientos los que están dispersos por las estanterías y el suelo de este pasillo. La puerta de doble hoja metálica cede a la presión que ejerzo sobre la barra transversal.

Aquí fuera huele a basura. Algunos de estos extraños roedores saltan por encima de los coches del aparcamiento. Al saltar sobre la chapa, sus finas patas se clavan en ella, como si se tratara de punzones, y no puedo dejar de preguntarme de dónde han salido. Pero hoy no es el día más propicio para estar preocupado, pues continúo con hambre. Del bolsillo extraigo lo que queda del asqueroso bicho y muerdo sus cuartos traseros desgarrando su mitad posterior con mis dientes. Mastico. Depuro el sabor amargo y detecto uno nuevo; más químico, como si se tratara de algún compuesto de laboratorio. Me gusta, pero lo más importante es que me sacia, calma el ansia que atenazaba mis entrañas.

Cuando llego a mi coche, ella sonríe en el interior. De sus labios se trazan caminos oscuros que me indican que ella también ha comido.

- Abre el coche – digo.

Mientras me siento frente al volante la miro. Ella sigue sonriendo; y masticando.

- ¿Qué comes? – pregunto como si no lo supiera.
- Eso. – dice señalando algunos de los que saltan afuera.
- ¿Sabes de dónde han salido?

Empieza a reírse a carcajadas. Algunos pedazos oscuros salen disparados de su boca impactando contra el salpicadero del coche. Cuando algo le hace tanta gracia es que tiene algo que ver.

- Vienen de abajo. – y con una voz forzada y grave continúa – Vienen del infierno. – acto seguido vuelve a reírse.

Me encanta su risa, pero no me gusta que mueran más de los que podemos comer. Su imaginación ha creado esta vez unos seres que han originado el caos y por ese motivo se han producido demasiadas muertes, y aún continúan. Miles de putrefactos seres continúan saltando sobre la gente que huye despavorida, arrancando con sus potentes maxilares partes vitales, y los militares continúan con su tiroteo desmesurado, causando incluso más bajas que las ratas negras. Nosotros recogemos algunos cadáveres más que introducimos en el coche intentando no levantar sospechas. Ahora no tenemos hambre, pero en unas horas estaremos de nuevo hambrientos.

Y en eso consiste nuestra agitada vida, en inventar para comer; y mientras piensen que los monstruos son otros no se fijarán en nosotros.

13 comentarios :

  1. Qué buenooooo, qué bueno Sucede. Me ha encantado.
    Ese inventar para comer, jeje. Es que es buenisimo.
    Lo he leido del tirón, sin pausa ni pa respirar.
    La calma del protagonista es impactante.

    Besazos desde el aire

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  2. Muerte roja

    El protagonista es... delirante, desquiciante.
    es un sicópata o está echo un "cabronazo" al mejor estilo Tarantino.

    Magnifico, sorprendente, me ha entusiasmado!!!

    Saludos :)

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  3. Hay varias ideas buenísimas aquí, realmente es original a rabiar. Y aterrador.

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  4. Aquí has estado "sembrao" Sucede, me ha encantado, y me quedo con ganas de saber más sobre estos ciudadanos.

    Besos

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  5. Cada vez me asombra más tu destreza para impactar desde la primera línea. ¡Grandioso!

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  6. Sí, el relato te desconcierta desde el principio, ese ser humano tan fuera de lugar te inquieta, al final, las piezas encajan y descubres dos historias en una, totalmente inesperado.

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  7. Genial. Una idea absolutamente original y perfectamente narrada. Y un estupendo guión de película.
    Un saludo.

    Sara Lew

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  8. Estoy con aina. Guión, novela corta o larga... lo que quieras; pero la historia pide más.

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  9. Esto sí es una buena gran manera de ir a la compra! ajaj. Si es que todos somos monstruos con ganas de vivir un poquito más ;)

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  10. Hay gente para todo, que dirían en muchos sitios. Me gusta como contrastas las reacciones de todos los implicados, si. Sobre todo la del chico que le indica la salida.

    ¿Monstruos? solo sobreviven, eso es todo ;).

    Genial!!

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  11. GUAUUUU.... Intrigante, espeluznante e inquietante, tus bichos, tus protagonistas , la historia y EL FINAL...
    Un bessito

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  12. Gracias amigos!!
    Yo no estoy muy convencido de estas últimas entradas más largas, pero bueno, he de practicar y con quién mejor que con vosotros, no? jaja
    Un abrazo!!!!

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