domingo, 14 de agosto de 2011

La despedida

Otra carretera cortada. Otro cartel de prohibido el paso anclado a unas barricadas de metal imposibles de sortear. Conduzco en silencio y lentamente, mientras observo el rostro desencajado de mi mujer y, ajeno al mal que nos acecha, de mi hijo. Las últimas noticias hablaban de normalidad en el sur y hacia allí es a dónde vamos, aunque tengamos que hacerlo por caminos prácticamente intransitables.

- ¿Qué es eso? – pregunta sobresaltada mi esposa.
- Tápale los ojos, no hay otro camino.
- ¡Dios!

Y tapa sus ojos mientras se suceden, a ambos lados de la vía, una multitud de cadáveres. Avanzamos lentamente, como si se tratara de un sepelio colectivo y no quisiéramos molestar. Las invariables muecas de sus caras reflejan el miedo; lo peor son los que mantienen sus ojos abiertos, haciendo sus expresiones mucho más angustiosas. Las nubes, diseminadas por un cielo decolorado, filtran la luz de un sol sin fuerza de mediados de noviembre, dibujando unas ingratas sombras que oscurecen aún más el día.

Más allá todo es gris. El paisaje devastado por las llamas lo tiñe todo de un insufrible gris y mi hijo hace preguntas que ni su madre ni yo queremos contestar, aunque conozcamos las respuestas.

- ¿Falta mucho? – pregunta.

Y es una pregunta tan típica que me saca la primera sonrisa de los últimos días.

- Sí cariño, aún queda bastante. Duerme un poco. – dice mi mujer con su armoniosa voz.

Mientras, yo, me limito a mantener la sonrisa en mi cara y trato de entender lo que pasa. Hace días que no vemos aviones militares surcando el cielo. Hace días que el silencio es el denominador común de cada hora que pasa. Y entretanto seguimos avanzando como podemos hacia el ansiado sur. Es fácil repostar en las gasolineras vacías. Prometo pagar mis deudas cuando todo esto termine. Lo prometo. Y sigo intentando encontrar alguna emisora que nos diga que no estamos solos, pero es una tarea infructuosa. Parece que sólo quedamos nosotros tres en este mundo.

Hemos recorrido casi dos mil kilómetros y por fin vemos los primeros indicios de vida, aunque no es lo que esperábamos. Aquí también el gris lo abarca todo, pero nos reconforta ver otros coches y algunas personas corriendo. De momento no vemos cuerpos sin vida en las aceras, aunque se mastica una tensión tan extraña como la del norte.

Antes de que nos hagamos ilusiones, una sombra enorme se posa sobre nuestras cabezas, apagando casi por completo este marchito atardecer. Recuerdo esas últimas noticias que hablaban de la oscuridad y la consiguiente luminiscencia; esa que empieza ahora. La intensidad lumínica crece, así como la temperatura y mi mujer y yo abrazamos a nuestro hijo con toda la fuerza que nos queda.

11 comentarios :

  1. Sucede que el corazón se aprieta, y uno piensa en esa posible posibilidad...

    ...pero por ahora te diré que estoy al sur, en el sur, hay sol, Candela tiene ya puesto el bañador, y nos vamos a la playa, ¿os venís?...

    Un abrazo enorme!!!!

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  2. Casi era mejor quedarse en el Norte, con los muertos que bajar al sur y convertirse en uno de ellos. Ya no pagarás las facturas supongo.

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  3. Uff!!! Esa huida hacia el sur con el mundo envuelto en el gris de las cenizas y ese niño...Me ha recordado a "La Carretera".

    Terror con niño incluido, jeje...

    Besos desde el aire

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  4. Espero que la despedida de todo el mundo sea así de cálida, para que nadie tenga miedo a la hora de decir adiós. Hermoso texto, Sucede!

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  5. Es un pensamiento recurrente desde que soy mamá... el fin... el miedo de no estar para cuidarlo... siempre pienso que si existe un día así, lo único que quisiera es estar con mi hijo, junto a el. Serán pensamientos de padres?
    Tu relato es excelente... eres bueno aupa aita bello tantos muxus te envío como me entren en la encomienda.

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  6. Lo que debería ser otro relato de ficción, no lo es tanto. Salud!

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  7. Me encantan esas pinceladas paternales enmedio de los muertos y la oscuridad habitual de este espacio. Esa sonrisa ante la preguna - ¿cuánto falta? - y ese último abrazo. Me ha gustado mucho y, como ya es habitual en tí, muy cinematográfico
    Saludillos

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  8. ¡JO! Con el corazón en un puño me has dejado. Muy visual, Sucede, muy bien escrito.

    Besitos

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  9. También me recordó la carretera. Son malos tiempos para ir de vacaciones, pero me gustó.

    Abrazos veraniegos.

    ERNESTO

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  10. Me trajo reminiscencias de La carretera de McCarthy. Me gustó.

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