lunes, 31 de enero de 2011

Prurito

No duerme; lo intenta, intranquilo, revolviéndose entre las sábanas y golpeando su cara con el cuero de los acolchados guantes. Piensa en las uñas que bajo las manoplas sueñan con su carne. Hinca los dientes en la gomaespuma y estira, estira...pero esta no cede, desiste porque es imposible, están anclados a sus muñecas por unos malditos cordeles. - ¡Quitádmelos!- grita, pero nadie atiende sus súplicas, ni tan siquiera su madre. Pobre infeliz; maldito doctor. ¿A quién se le ocurre calzarle unos guantes de boxeo a un pobre sarnoso para que no se rasque?

domingo, 30 de enero de 2011

Compartir espacios

Apareció al final del pasillo; lo atravesó después con un paso lento y la mirada perdida. Cada noche, desde el cierre del ala este del hospital, sucedía lo mismo; y cada noche, yo unicamente retrocedía un poco para no estorvarla en su camino. Pero ese noche no pasó de largo, sino que al pasar junto a mí se paró. Tragué saliva y retrocedí hasta la pared. Muy lentamente se giró hacia mí, y cuando sus ojos se centraron en los míos me estremecí; traté de mantener la calma y dije un hola muy tímido. La mujer gritó y corrió hasta desaparecer entre las sombras, y yo... yo me quedé ahí, como siempre. La noche siguiente fue otro el que apareció al final del pasillo; yo ya no salgo al corredor, pues creo que no soy esperado...

jueves, 27 de enero de 2011

Ella siempre dice sí

Como todas las historias, esta historia tiene un principio, pero ¿cuál es? Pues el principio, es el nacimiento del río Eurides en el corazón del volcán Mantahma, el centro de la península Cávea, a apenas seiscientos kilómetros del centro de la tierra.
La superficie hace tiempo está despoblada, y la única manera de huir de las radiaciones ocasionadas por la desaparición de la capa de ozono, fue hacer habitable el interior de lo que hasta hacía poco tiempo había sido el planeta azul. Cuando los científicos del observatorio de Paranal hablaron del avistamiento de un meteorito de quince kilómetros de diámetro, saltaron las alarmas, y más tarde, cuando tras días de observación comunicaron al mundo que la ruta seguida por dicho pedrusco le llevaba directo a la tierra, la NASA no se pronunció. Pasaron semanas de incertidumbre, hasta que en un comunicado especial, el director de la National Aeronautics and Space Administration, dijo:

- Ahora sabemos que la información facilitada por el observatorio de Taltal no es del todo real. Pese a las pésimas noticias, durante estas semanas hemos tratado de construir la ruta real que lleva el aerolito, y con alegría hemos determinado que la ruta actual, que sigue nos evitara por algo más de dos mil kilómetros. Aún así, es una distancia demasiado corta en términos astronómicos como para asegurar que no nos afectará. Dichos riscos suelen soltar en su camino, meteoritos de menos tamaño pero que pueden ser un problema real para nosotros, pero hemos de tener esperanzas y pondremos todo nuestro empeño en conseguir alterar su ruta con garantías. Queremos transmitir un mensaje de tranquilidad y les aseguramos que haremos todo lo que esté en nuestra mano. Gracias.

No sé si pretendían calmar a la gente con esta intervención, pero consiguieron justo lo contrario. Los alarmistas por un lado hablaban del juicio final, los aprovechados vendían humo y salvación a cambio de montones de dinero; y lo curioso es que tanto unos como otros, tenían montones de adeptos.

Después de diez meses la noticia estaba prácticamente olvidada, y la normalidad volvió a instaurarse. Y justo en ese momento vino el cuenco de agua fría; un comunicado urgente que se retransmitió en todo el mundo a la vez, dio al traste con las esperanzas de todos nosotros.

- No tenemos buenas noticias. El rumbo del meteorito no sólo no se ha desviado de nosotros, sino que se dirige irremediablemente a nuestra posición, y en tan sólo unos meses la roca se podrá ver a plena luz del día. En siete meses atravesará nuestra atmósfera y se estrellará en el océano Pacífico. Los efectos serán devastadores y la capa de polvo estará presente durante varias décadas, acabando con la vida en la superficie de la tierra. Sólo algunos insectos sobrevivirán ha dicho impacto. Lo sentimos y esperamos que el final de nuestra era sea el comienzo de otra. Gracias por su atención.

El comunicado fue tan serio que no hubo en los siguientes días nuevos altercados, sino que la gente permaneció en sus casas, con sus familias y las esperanzas perdidas. Los dirigentes de todos los países hablaron, sin saber muy bien qué decir. La vida se retomó antes de una semana, pero las conversaciones giraban siempre alrededor del fatídico final. A los dos meses apareció en el cielo la maldita figura, que ni siquiera era bonita, ya que su forma irregular daba mala sensación. Mirábamos al cielo a todas horas, y podíamos sentir como se precipitaba sobre nosotros. Mi mujer y yo nos dedicamos a conocernos más, y a cada proposición que le hacía ella decía que sí, cosa que antes era más difícil. Mientras otros lloraban y se morían en vida, nosotros disfrutamos de los últimos meses. Y cuando todo se daba por perdido y el poliedro era de un tamaño mayor que la luna llegó una noticia esperanzadora. Para entonces, varias sectas habían inmolado a sus integrantes, salvándose eso sí los ricos dirigentes. De la mano de una organización por la supervivencia de la especie llegó el siguiente mensaje:

"La vida en la tierra se acaba. Es el final de lo que hasta ahora conocíamos. Pero cuando decimos tierra, nos referimos sólo a la superficie; es decir, si trabajamos en crear unos búnkeres internos bien sellados, nos aseguraremos de sobrevivir al impacto. Después del impacto tendremos unos meses en los que la superficie no se podrá visitar, pero después se podrá continuar la investigación y aprovechar todo el potencial que se encuentra aquí dentro. Se ha perdido mucho tiempo investigando el espacio y sus posibilidades, teniendo aquí mismo todos los recursos necesarios. Julio Verne tal vez tenía razón. Pensaréis que no hay tiempo, pero desde antes de que el observatorio comunicara el fatal desenlace de nuestro planeta, nuestra organización ya estaba construyendo estas cavidades, que en los próximos días serán señalizadas. Terminamos diciendo que la superficie tiene precio, pero el interior es de todos."

Dios, menudo notición, ¿pero será verdad? No entendíamos muy bien esto, pero la alegría se notó en seguida en el ambiente. La esperanza lo es todo, y en este caso además se cumplió, y pasados unos días, las señales aparecieron, indicando las zonas de entrada a las cavidades. Cuando nos tocó a nosotros entrar, porque todo estaba bien organizado, nos sorprendieron las infraestructuras; paredes de hormigón perfectas, lámparas halógenas perfectamente dispuestas, puertas de acero con cerramientos térmicos y además enormes pasillos, enormes salas, aunque pequeñas habitaciones, pero eso era lo de menos. Dentro había hasta carreteras para transportar a los que debían alojarse en los puntos más alejados. Y ya está, eso es todo. Permanecimos ahí cuatro meses sin muchos cambios, los víveres nos llegaban a todos por igual y el racionamiento era equitativo. El día del impacto, se notó, muchos rezaban y esperaban que la vida no terminara todavía; y no lo hizo, sólo un movimiento sísmico que apenas alteró la situación.

Han pasado casi cinco años, las cavidades han crecido y dicen que el exterior comienza a recuperarse milagrosamente, pero aquí estamos bien. Mi mujer vuelve a no acceder a todas mis peticiones y eso le da realidad a mi vida. Y junto al río Kereste muchas veces nos sentamos y nos besamos.

Segunda visita

La noche esta vez llegó antes, tal vez por la proximidad del solsticio de invierno. La lluvia incesante repiqueteaba sobre las persianas, que filtraban las luces y las sombras por sus rendijas. El reloj de la sala marcó las doce de una de las noches más oscuras del año; las campanadas metálicas me transportaron a un sueño superficial con los ojos abiertos y el sofá en el que me encontraba recostado se convirtió en lecho. Finalmente, el libro que sostenía entre mis manos cayó al suelo y los ojos se me cerraron. Entre sueños escuché los tintineos que avisaban de las tres de la madrugada; y poco a poco, a medida que las crujientes pisadas se acercaban, fui abriendo los párpados, acostumbrando mis pupilas a la nocturna visión. Consciente de lo que estaba sucediendo por segunda vez, pensé que si me quedaba quieto no pasaría nada, al menos me dio resultado la otra vez; así que esperé a que la quebradiza madera me alertara de que la presencia se encontraba a mi lado. Calculé, al cabo de unos interminables minutos, que el ruido se había producio a escasos centímetros y me preparé para la siguiente fase; la recordaba agobiante. La sorpresa de la otra vez consiguió que el miedo no se apoderará de mi, pero cuando comencé a sentir la respiración en mi pelo estuve a punto de gritar. El aliento frío movió mi pelo, lo sentía más cerca en esta ocasión. Tranquilo, pasará rápido, pensé, pero al aliento le acompañaban esta vez unas inspiraciones constantes, como si me estuviera oliendo, como si se percatara del miedo. Mi corazón aceleró su ritmo, y pese a mis intentos por esconderlo, el terror se hizo palpable. Noté la lengua húmeda en el ojo y lo cerré por instinto; fue entonces cuando comenzó la presión, como si unas manos me apretaran con fuerza contra los cojines. Traté de levantarme, pero la fuerza era descomunal. Sentí los arañazos en la cara, los mordiscos en los brazos, en las piernas y finalmente lo peor, la succión de mis ojos por una boca empapada en saliva. Después llegó la inconsciencia, y al despertarme, la desorientación. Ahora, sin saber cuánto tiempo ha pasado, escucho cada vez más pisadas que se acercan y, entre alaridos, espero que me devoren pronto.

martes, 25 de enero de 2011

Yo también te quiero

Podía haber sido un gran día; el sol calentaba a pesar del duro invierno, y los pájaros, cansados de nubes, desplegaban sus alas en el inmenso y azul cielo. La nieve acumulada en las aceras comenzaba su descomposición y el aire, helado, parecía no serlo tanto. Estaba preparado, se lo diría en cuanto la viera. Borré mi sonrisa de la cara cuando se abalanzó sobre mí y me soltó el te quiero… ¡Maldita!, lo había meditado y estaba decidido a decirlo yo primero, y sin embargo se me adelantó; así que vomité esas palabras que suenan tan mal cuando siguen a las otras…yo...yo también te quiero.

La resurrección de los muertos

Aún puedo percibir el eco lejano de la tormenta que, perezosa, se aleja; al pasar, ha dejado las calles empapadas y sobre ellas las hojas de los abedules y los laureles decapitadas de sus anquilosadas ramas. El viento cesó su violento soplo y es ahora la brisa la que me increpa con sus desagradables susurros. Antes de abandonar el lugar, comprueba con sus temblorosas manos las constantes vitales de mi destrozado cuerpo y me da por muerto, mientras inhalo su alcohólico aliento. El motor hace demasiado ruido al desamparo de los truenos, pero yo no lo escuché llegar, ni vi sus luces. Inmóvil, permanezco tumbado cerca de la cuneta, oculto entre las sombras, esperando que sea verdad que me quedan seis vidas.

domingo, 23 de enero de 2011

La visita

Pasan tres horas de la medianoche y el silencio reina ya en cada uno de los oscuros poros de mi casa. Llevo una hora dando vueltas en la cama; me cuesta conciliar el sueño, pues entre el silencio, escucho de vez en cuando un leve crujido. Tal vez sea la madera que se contrae y se dilata víctima de los cambios de temperatura. Otra vez. Por sugestión, supongo, siento que el sonido cada vez se produce un poco más cerca. No debe ser mi imaginación, pues claramente esta vez, el chasquido ha sido al otro lado de la puerta de la habitación. Es tarde para levantarme si tenía que huir de algo, así que espero acostado el siguiente restallido. Sin ninguna duda eso ha sido una pisada al borde de mi cama, pero mis ojos no logran enfocar ninguna imagen ante tal oscuridad; tampoco se me ocurrió encender la lámpara de la mesilla. Sigo quieto- Llevo un rato sin escuchar nada, pero ahora siento una respiración cercana, que mueve con suma delicadeza el pelo de mi sien. He dicho que el miedo nunca me ha hecho temblar, pero estoy a punto de hacerlo; justo en ese momento, la brisa nasal cesa y comienzan de nuevo los crujidos, con ese mismo ritmo decadente que cuando aparecieron, pero esta vez se alejan con cada nueva pisada, hasta que el silencio, por fin, es dueño nuevamente de la noche cerrada. Ya no doy vueltas, y acompañado de la soledad me sumerjo en un profundo y placentero sueño.

viernes, 21 de enero de 2011

Lágrimas de hielo

Le mira a los ojos con su mirada más tierna. Le dice sin palabras que le quiere, que confíe en ella; que él es lo más importante. Con sus manos coge las suyas, tan pequeñitas, y se las mueve mientras ambos se ríen. Luego le besa, le duerme. Después llora en silencio y echa de menos al que amó primero. Y entre risas y duelos se pasan sus días.

miércoles, 19 de enero de 2011

La casa de campo

Esa noche la luna con su tono amarillento recordaba a una herida infectada supurando con violencia. Dio una última calada a su cigarro, lo tiró al suelo y lo pisó, dejando la colilla aplastada sobre una huella gris en el porche. Acto seguido, se levantó de la silla de mimbre y descendío los cuatro escalones que daban acceso al jardín delantero. Después de dar unos pasos se giró y miró a la casa; subió la cabeza y fijó los ojos en la ventana iluminada. Sonrió.
Dentro, ella trataba de buscar un arma con la que defenderse, pero la aversión de su marido por estas hizo que lo único que encontrase, fuera una llave inglesa de gran tamaño y un cuchillo cuyo filo apenas se acercaba a los siete centímetros. Subió al piso superior y se encerró en la habitación. Se asomó a la ventana y le vió, iluminado tan solo por esa asquerosa luna con hepatitis y sonriendo.
Cuando la mujer sintió el crujir de las pisadas acercándose a la habitación abrió la ventana y salió al exterior. El viento era fresco, pero no le secó el sudor; un mal paso la precipitó al vacío, y la fractura vertebral la dejó paralizada aunque consciente.
Antes de llegar a la puerta cerrada de la habitación, él escuchó un fuerte golpe y salió de nuevo al exterior a toda prisa. Al verla allí tirada, con los ojos llenos de terror, sintió tristeza; el juego había durado poco, y ni tan siquierea tuvo ganas de acabar el trabajo.
El marido llegó pasados unos días y la encontró. Aún tenía los ojos abiertos, aunque con la mirada vacía. Curiosamente no sintió pena, ni dolor; más curiosa aún fue su sonrisa, su puta sonrisa...

sábado, 15 de enero de 2011

Perfecto



Un atardecer anaranjado se precipitaba sobre el vértice más al sur del acantilado. Ahí estaba ella, esperando sentada el retorno de su amado; su pelo se había vuelto de color ceniza con el paso de los años de ausencia. El sol sumergía su cuerpo incandescente en el agua salada cuando el enorme cetáceo dio un coletazo que lo terminó de apagar. A la mañana siguiente, sólo el recuerdo convertido en bronce ocupaba su personal mirador... Y dos ballenas ultimamente surcan juntas sus cercanías.




Este micro participa en el concuso de minificciones de http://minificciones.com.ar

viernes, 14 de enero de 2011

El regreso de Sián

Los atardeceres habían cambiado en la calle de los castaños. En la puerta de la taberna del difunto Sián un cartel anunciaba un falso "ABIERTO"; no hubo tiempo para rescatar el local de las manos del olvido. Cada mañana desde entonces, el viejo y cojo de la barba gris se acercaba hasta allí y empujaba la puerta, esperando que el letrero dijera la verdad, y cada mañana se marchaba agachando la cabeza, hasta que su silueta solo era un espejismo en el horizonte. Desde una ventana del edificio de enfrente y oculto tras un visillo que no me daba ni mucho menos la invisibilidad, observaba el ritual todos los días y sentía toda la impotencia que puede sentir un niño. Pasaron los años, y el anciano, que cada vez lo era más, no cesaba en su intento de entrar en el bar; tampoco yo dejé de espiar sus movimientos. Cuando cumplí veinte años cumplí también mi sueño, y por fin el portón cedió ante el anciano, casi decrépito ya, dándole acceso a “El regreso de Sián”. Sonreí ampliamente cuando se acercó a la barra y pidió su copa; aún recuerdo su expresión mientras se retorcía en el suelo con la ropa empapada en ron y en un compuesto químico de imposible digestión. Al fin expió sus pecados y di por saldada la muerte de mi padre.

domingo, 9 de enero de 2011

Año nuevo

Cerró los ojos y dejó de respirar; después de cien segundos volvió a abrirlos, y abriendo la boca, dio una gran bocanada de aire. Un nuevo record en su haber, en tan solo unos días había pasado de aguantar unos excasos treinta segundos hasta los cien. Continuó practicando los siguientes días; ciento diez, ciento quince, así hasta alcanzar los ciento cincuenta, casi tres minutos de coma inducido. El último viernes del año quiso recibir al nuevo haciendo virtud de su nuevo don. Batió de nuevo su record, pues después de quinientos catorce mil ochocientos segundos permanece con los ojos cerrados y aguantando la respiración.

La salida

Es demasiado tarde, y las hojas de los árboles silban cuando el viento las empuja; también crujen sus ramas más secas. Los noctámbulos deambulan por unas calles casi desiertas, algunos rien a carcajadas. Él, observa el espectáculo de vida a la luz de la luna, que se filtra por el cristal de la ventana de una habitación vacía; vacía y oscura. En la negrura del cuarto reina un silencio estremecedor, sobrenatural. Cansado de mirar, se sienta en su viejo y polvoriento sillón y se debilita. Todos piensan que el alma no tiene fronteras, pero este no es el caso, y siempre espera que alguien abra la puerta o la ventana de su maldita prisión.