jueves, 31 de marzo de 2011

NO PRETENDO DAR PENA

La noche es tan fría que ni siquiera junto a la hoguera consigo entrar en calor. Mis huesos se van resintiendo, me duelen, y ahora más que nunca me arrepiento de mi aventura con la vecina del sexto. La comisión que estoy pagando es muy alta, y todo por no elegir una buena clave para mi correo electrónico, porque estoy seguro de no haberte reenviado yo la correspondencia que mantuve con Lola. Desde que me echaste a la calle no he vuelto a disfrutar de un buen menú, y me limito a fumar, beber o comer los restos que encuentro por ahí. No te daré más detalles, pues sé que tienes el estómago delicado. Tenemos un pleito pendiente, nos veremos las caras, aunque tal vez no me reconozcas, pues entre el abandono, la barba y la extrema delgadez no soy ni la sombra de lo que fui.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Sentimientos

Se tumba a su lado. Él con su pijama de felpa, ella con su camisón de algodón. Se gira sobre él y acaricia su canoso pelo con dulzura. Besa su arrugada frente y se acomoda en su pecho, pero no duerme. Le abraza, como cada día. Los años han pasado fugazmente, y al mirar atrás, le parece que sólo ha sido un segundo. Le sabe a poco. Tiembla. La fría noche respira tranquila, él ya no.

martes, 29 de marzo de 2011

Opacidad

Estoy enfermo. Llevo tiempo sufriendo esta descomposición. Últimamente se ha agravado considerablemente y lo que era una enfermedad leve, la presumo ahora como letal. Esto, aunque pueda parecerlo, no es un don, sino todo lo contrario. Poco a poco estoy desapareciendo, mi cuerpo se ha vuelto translúcido y pronto la luz me atravesará sin siquiera desviar su trayectoria. Seré totalmente invisible. Será mi fin.

lunes, 28 de marzo de 2011

Espejos [historia creada a base de microrrelatos]

I
Cuando se despertó, la cabeza le daba vueltas y lo primero que percibió fue ese terrible olor. A su alrededor, una mugrienta habitación sin ventanas. Las paredes estaban completamente mohosas debido a la humedad, que se podía sentir en los bronquios a cada inspiración. En una de ellas yacía un roñoso lavabo, olvidado hacía tiempo, el resto de la estancia estaba vacía; sólo él rompía la sincronía del vacío y la quietud. Dio varias vueltas con la mirada y finalmente descartó la existencia de una puerta. Por extraño que pareciera se encontraba en una habitación sin entradas ni salidas. Desde el principio se había dado cuenta de que estaba sujeto a una tubería anclada a la pared; sentía el frío metal en sus muñecas. Acostumbrado a situaciones parecidas, decidió mantener la calma, y en silencio y tranquilo esperó a que algo sucediera.

II
Hace aproximadamente dos horas que anocheció. Cubierta tan solo por ese sucio camisón, reposa sus ciento cuarenta kilos tumbada en su sofá cochambroso y grasiento delante del televisor. Respira con dificultad, y tose de vez en cuando, agotada. No se levanta si no es para comer o para ir al baño, aunque algunas veces no le da tiempo y se hace sus necesidades encima. El suelo está lleno de restos de comida en putrefacción, pasto de larvas blanquecinas y otros pequeños insectos. Jamás limpia. De ahí el repugnante olor. Si pudiera obviaría estos detalles, pero son completamente necesarios para contar el resto de la historia. Está haciendo algo por alguien, pero aún no lo sabe.

III
El timbre de la puerta le ha sacado de su aletargado estado. Se incorpora tras la mesa de su despacho y se dirige a la puerta. Antes de abrir, se mete la camisa por dentro del pantalón y carraspea.
En la puerta, una placa dice "Detective Lemman", porque Pérez le suena mal para alguien que resuelve casos de desapariciones.
- Mi marido ha desaparecido. -no tardó en reaccionar a la petición de la esbelta mujer y aceptó el trabajo.
Se especializó en seguir rastros, pero este es el primer caso que se le presenta de una desaparición real; está cansado de seguir a maridos infieles. Dentro del austero despacho aclaran los detalles, y se despide diciendo:
- Señora, encontraré a su marido esté donde esté. - y piensa, vivo o muerto.

IV
Amanece. El hombre preso en la extraña habitación ha dado varias cabezadas, pero no se ha llegado a dormir, o eso cree. Le resulta raro que nadie se haya comunicado con él, que no le hayan exigido nada. Creía que ese modus operandi no era habitual y le hace presagiar que no quieren nada de él. La voluminosa mujer, ronca profundamente en el desvencijado sofá mientras sueña con su hija; hoy tendría veinte años, pero en sus últimos recuerdos ella aparece tan solo con siete. Mientras sueña es el único momento en que esboza algo parecido a una sonrisa. La mujer del desaparecido se mira en el espejo del baño principal; sus ojeras evidencian que ha pasado la noche en vela. Piensa en su marido, en dónde puede estar. Teme no volver a verlo con vida y se estremece. El detective, con la euforia del caso que tiene entre manos apenas ha dormido, y repasa en su bloc de notas toda la información que le dio la escultural mujer.
Cuando el sol empieza a calentar, el retenido se espabila al sentir como fluye el agua por la cañería que tiene a la espalda. La enorme señora sale del baño, y con sus torpes pasos se dirige nuevamente a la improvisada cama.

V
Han pasado dos días desde la noche en que llamaron a su puerta. Lemman sabe que el tiempo juega en contra de los que desaparecen a la fuerza; cada hora que pasa, se esfuma un uno por ciento la posibilidad de encontrarle con vida. Han consumido cerca de un setenta y dos por ciento de esas posibilidades, y ya no confía en que ese veintiocho restante les devuelva al mecánico con vida. Lemman había ido a su taller a buscar alguna pista. La ausencia de aceite o marcas en el suelo hacían que pareciera cualquier cosa menos un taller de coches. Le llamó la atención que la plataforma del elevador se encontrara levantada por completo, a escasos centímetros del techo, y también la mancha roja y oxidada junto a una de las columnas. Pero eso fue todo, nada más. Había deambulado por el barrio, preguntando a unos y a otros sin sacar nada en claro. Hoy ha vuelto allí, antes de bajar del coche se mira en el espejo interior de su Ford Escort y ve a un tipo desgastado y sin futuro. Está de nuevo junto al elevador examinando la mancha y preguntándose por qué la esposa aún no ha avisado a la policía. Al mirar al suelo puede ver los pozos en los que desechan el aceite de los motores y piensa que tal vez ahí encuentre algo. Del manojo de llaves saca la más pequeña, y a la primera las compuertas ceden. El interior despide un olor nauseabundo y el detective debe taparse la boca y la nariz para evitar las arcadas. Algo asoma sobre el oscuro líquido, parecen unos huesos de pequeño tamaño. En las paredes, marcas que corresponden a unos pequeños dedos en un intento vano por salir del improvisado ataúd. Sin dudarlo, avisa a la policía, claramente está en la escena de un crimen.

VI
Cuando llaman a la puerta de la casa, tarda en abrir. Los agentes dan un paso atrás debido al mal olor que desprende la señora. No traen buenas noticias, pero al menos aquella madre podrá por fin enterrar a su hija. Le tienden una medalla perfectamente limpia, ella la toma entre sus manos y empieza a llorar. La escena es terrible. Un calambre recorre el alma de los dos agentes que aguantan el tipo mientras le dan el pésame.

- Debe acompañarnos señora, hemos encontrado a su hija.

Trece años, trece. Maldito número. De cincuenta a ciento cuarenta en trece putos años. Una investigación casual de un detective de poca monta desvela un secreto que meses de búsqueda no lograron esclarecer. Pero al menos ella enterrará a su hija. Limpia y aseada parece otra persona, al fin podrá llorar la pérdida y guardar el tan ansiado luto.

VII
Han pasado algunos meses. La policía sigue buscando al asesino, pero no hay ni rastro de él. Encontraron más cuerpos en otros pozos. Su esposa ya no pregunta, no se interesa por el estado de la investigación. No sabe con quién vivía, y pese a que muchos no lo crean, ella no sabía nada, tan solo conocía el reflejo de su marido, no al depredador que escondía bajo la piel. Pero en ocasiones llora, porque le sigue amando y en su foro interno se sigue preguntando por los motivos y el desde cuando. Mínimo trece años, señora, trece.
La madre de aquella pequeña ahora sale de casa más a menudo. Ha perdido algunos kilos y pese a que su semblante es extremadamente triste, está tranquila.
Lemman le ve desde la ventana de su despacho y pese a que seguramente no tenga más casos que resolver en mucho tiempo, está orgulloso de lo que ha hecho. De hecho sus estudios de criminología se deben a la niña que desapareció en su barrio cuando era más joven. Desde el principio quiso ayudarle y le costó muchos años descubrir que ese mecánico en realidad era el culpable de esta y quién sabe si de otras desapariciones. Una vez secuestrado tenía que conseguir que su mujer contratara sus servicios para que pudiera entrar en su taller sin levantar sospechas. La publicidad hizo su efecto desde semanas antes, estaba a la vista. Le había salido mejor de lo que había imaginado.
Lo que más le costó fue tapiar el pequeño sótano que había bajo la casa de la hundida madre. Quería que muriera estando debajo de ella, respirando el hedor producido por una pérdida obligada. Antes de encontrar a la niña, escuchó tras la nueva pared del mohoso trastero los gritos del maldito. Se mira en el espejo y sonríe. De lo que está seguro, es de que ese ya no grita.

domingo, 27 de marzo de 2011

Desterrada

El tiempo nunca se detiene; nos despoja de nuestros recuerdos y los que nos deja, nos los muestra en blanco y negro a sabiendas de que un día tuvieron color. Su ondulada melena roja no ha perdido su matiz, y sus ojos aún mantienen su arcilloso tono. Piensa en ella a menudo; se pregunta el por qué de su repentino olvido. Recuerda con tristeza el primer día que pasaron separadas y también los sucesivos. No olvida el día que se hizo la oscuridad, en ese momento comenzó a odiarla. Hoy, abandonada en el fondo de un oscuro cajón, continúa acumulando odio, compartiendo ese minúsculo espacio con otros a los que intuye pero no ve, y soñando con poder matarla.

viernes, 25 de marzo de 2011

El camino

La noche callada se mece entre una espesa niebla que acentúa su siniestra silueta. Las sombras acechan tras su quietud con sus espantosas formas. No me salgo del camino. La tensión crece con cada paso, y no sé si avanzo o retrocedo. No quisieron servirme en aquella solitaria taberna pese a que estaba perdido; -no nos gustan los forasteros- me dijeron mientras me acompañaban a la salida y cerraban tras de mi la pesada puerta. Por la ventana enrejada de "La última parada" se asomó el tabernero y me dijo -No te salgas del camino, no te salgas por nada-. No me salgo, me asustaron sus palabras y me asusta este silencio. Las inmóviles sombras cobran ahora movimiento y se acercan sinuosas. Ahora sé de lo que hablaban, puedo sentir las presencias, puedo ver sus farolillos e intuir sus miradas huecas. Corro, y mientras lo hago no dejo de mirar hacia abajo para no salir del empedrado, pero esos siguen a mi lado. Cada vez son más y están más cerca. Más cerca, más cerca. No me salgo del camino, o ¿ya me he salido?

jueves, 24 de marzo de 2011

Solidificando el amor

Clava su mirada en un punto indeterminado del horizonte oscuro. Sus apagadas pupilas, rodeadas de un iris verdeazulado, visten de luto su cara. Parpadea, y en ese preciso instante parece la misma de siempre, con sueños, con ilusiones. Al abrir de nuevo sus ojos, muere el espejismo y la pena se materializa en forma de lágrimas salinas que tras tropezar en la comisura de sus labios, caen sobre la arena con violencia. Destrozada, hunde su cabeza entre las temblorosas manos, y es entonces cuando un escalofrío recorre su cuerpo; el abrazo llega en el mejor momento, y tras las mutuas disculpas, se funden en un incandescente beso.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Una escena cualquiera

El maldito segundero arrastra perezosamente su metálico cuerpo sobre el cuarzo, produciendo un sonido sumamente desagradable. En el suelo, los cristales rotos son esquivados por algunos himenópteros que buscan su trofeo; sobre ellos, la ventana rota filtra un aire gélido que impregna rápidamente con su hálito mojado toda la estancia. Él, impasible ante el paso del tiempo, continúa tumbado en su diván con la misma pose y la mirada perdida. Un hilo rojo, hilvanado en la mitad de su frente le baja por el mentón.

martes, 22 de marzo de 2011

La inagotable bailarina


Al son de la metálica melodía observa un mundo que da vueltas a su alrededor sin cansarse de su plastificada pose. A sus pies, agazapada, una araña asiste anonadada al magnífico espectáculo, mientras teje una fortísima tela por si la bailarina se cae.


no participa en minificciones.com.ar porque se me pasó el plazo... que cabeza la mía! jaja, pero si lo hubiera hecho... igual habría ganado, ¿no? jaja

lunes, 21 de marzo de 2011

Reproches

14 de febrero de 1912 (En respuesta a la carta de Malena fechada en 5 de enero de 1912)

Han pasado casi trescientos años desde que te vi por última vez. No me gustó nada tu cara cuando nos despedimos, aún recuerdo como con el colmillo te mordías el labio inferior creando una mueca casi grotesca. Tuve que irme Malena, no sé por qué no lo entiendes, me perseguían y querían acabar conmigo. Parece mentira que no te acuerdes de las mentiras que se vertieron sobre mí, ni de las antorchas con las que incendiaron mi casa y mi cuadra; Spalal no pudo huir, y aún me atormentan sus gritos y sus coces mientras se abrasaba. Yo no maté a esas mujeres, ni tampoco a los niños, sería incapaz de hacerlo por mucha hambre que tuviera. Mi único delito ha venido por culpa de mi condena, pero siempre he sabido obtener mi sustento de buenas maneras, ¿puedes decir tú lo mismo?

Siempre he tratado, pese a los dolores de estómago que me acompañan desde que todo empezó, de aguantar con lo mínimo necesario y sin causar daños, pues no soy ese despiadado asesino que dibujan y que gracias a vosotros nos crea a los demás una fama tan horrible. Noto que guardas mucho rencor, y no lo entiendo, pues fue a mí al que se le partió el corazón cuando me enteré de lo tuyo con Rivell. Iba a volver  al enterarme de la muerte de mi peor enemigo, el alcalde Swaps, pero al conocer los detalles de tu nueva relación preferí no entrometerme, incluso lloré algunas lágrimas pese a tener los lacrimales ya cicatrizados. Supuse que lo nuestro había sido una farsa, ¿lo fue? Creo que sí, que me utilizaste.

Ahora vivo con Irina, soy feliz, he descubierto que mis necesidades alimentarias se reducen a un litro por semana; ella se extrae con sumo cuidado todos los lunes la cantidad que necesito y me la guarda en la nevera. Así que vivo de ella. Mi cuerpo es yermo y no podré darle el hijo que quiere; un día me pidió la inmortalidad, pero jamás le impondría esta condena. Además no sé qué me pasa, pero creo que estoy empezando a envejecer. Dios lo quiera.

Me despido de ti Malena, por favor, déjame en paz.

V. Van Boren


11 de marzo de 1912 (En respuesta a la carta de V. Van Boren fechada en 14 de febrero de 1912)


Querido Vladimir, eres reacio a un acercamiento y no te culpo, siempre te has alejado de tus miedos. Mi cara al despedirnos fue la cara una mujer a la que dejan en la estacada. Me acuerdo de todos los acontecimientos que me cuentas, sobre todo de Spalal, lo adoraba, con ese pelaje negro azabache que brillaba a la luz de la luna en nuestros paseos nocturnos. Yo también lloré por él, pero ahora descansa tranquilo, deja de atormentarte por su muerte y preocúpate de tu cobardía. Creo que te vinieron bien las persecuciones, pues así tuviste una buena excusa para huir de mí. Además, no sé que insinúas al preguntarte por mis buenas maneras, nadie culpa a un león que caza a un bisonte, ¿por qué a mí sí me culpas entonces? No me ensaño con nadie y bebo lo justo, pero no quiero morir.

Yo te quise, ¿lo dudas acaso? Jamás te utilicé, si empecé una relación con Rivell fue porque llevaba muchos años sola, el alcalde murió de viejo y pese a mi inmortalidad, para mí también pasa el tiempo. Rivell me trata bien, me defiende y está siempre a mi lado y de mi lado, y eso que él también es perseguido, pues algunas veces le puede el instinto y deja muchos rastros. Luego se arrepiente, y le quiero porque sé que trata de controlarse, cada vez comete menos atrocidades, aunque es muy voraz. Cuando le conocí me contó una historia muy afligido que te exculpa de las acusaciones que se vertieron sobre ti. Lo siento, y pese a lo que piensas, nunca creí que tú fueras el asesino.

Me alegro mucho de tu vida junto a Irina. Lo es todo para ti, tu amor y tu sustento, espero que no enloquezcas un día y quieras beber más de la cuenta, son peligrosos nuestros instintos, querido. Yermos somos, pero disfrutamos de la eterna juventud, aunque me preocupa tu envejecimiento. Por un lado celebro que estés contento con los cambios que estás experimentando, pero yo llegué aquí con la promesa de la vida eterna y por ella lucho, pero con tu afirmación me pregunto ¿moriremos algún día? Realmente espero que no, soy joven todavía...

Tu despedida ha sido bastante cruel, y te aconsejo que en el futuro no me trates así; lo has adivinado, no voy a dejarte en paz.

Malena Rijak

domingo, 20 de marzo de 2011

Sea

El viento sopla de poniente. Desde la puesta del sol la temperatura ha bajado considerablemente y pese a que el verano está siendo caluroso, las noches siguen siendo frías mar adentro. Tratamos de encontrar la costa noruega, la batalla nos ha alejado tanto de ella que guiarnos por las corrientes y los vientos es imposible en una noche en la que las esplendorosas estrellas se ocultan bajo un manto gris. El barco se mueve perezosamente contra corriente, y con treinta remeros menos que moran ya en el Valhalla, mover al dragón resulta una tarea difícil. Los que quedamos estamos malheridos. Las olas cada vez son más grandes y el aire más frío, parecen las puertas del Helvíti a las que llamamos con fuerza, pero sabemos que Odín no nos abandona. Que lo que tenga que ser, sea.

viernes, 18 de marzo de 2011

La importancia de un abrazo

Sus manos se entrelazan y acarician; mientras, fijan sus opacas y húmedas pupilas en un horizonte teñido de un profundo arrebol. Las nubes han cedido el paso al sol antes del ocaso y las lágrimas han dado lugar a una tristeza seca y contenida. Huele a hierba mojada, es gratificante pero hoy no sacia. Se distingue entre el ulular del viento el canto de los últimos gorriones que retornan al nido. Se miran frente al paraíso, y aunque tratan de sonreírse no lo consiguen. Darían la vida sin dudarlo con tal de que él siguiera allí, pero es inútil hacer trueques con la muerte. Y se abrazan sellando el terrible duelo; el mejor recordatorio.

jueves, 17 de marzo de 2011

Finalista Cuenta 140 - La jaula

Paso a la final de la semana en cuenta 140 con el siguiente micro:

Bajó las escaleras y con una ganzúa liberó a los condenados que se agolpaban en la puerta. El infierno se quedó vacío, el cielo se desbordó.

Aquí el resto de micros con los que he participado:


Era incapaz de batir sus alas. Siguió intentándolo hasta que las cosquillas hicieron que su captor abriera la mano; entonces, voló.

Me daba la vida, me hacía sentir el calor de tus abrazos. Ahora, fluye por mis muñecas y siente la libertad que no le daban mis venas.

Nunca pensé que conseguir un loft de siete metros cuadrados, con todos los gastos pagados, fuera tan sencillo. Solo necesité sangre fría.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Mortalidad policial


El ucraniano miró de reojo al cadáver y le hizo una seña al recién iniciado para que se acercara. En realidad, lo del ucraniano era un apodo, porque sus marcadas facciones y el grave acento le hacían parecerlo. El joven asustado, obedeció la orden y se situó justo al lado del occiso. Le ordenó tumbarse junto al cuerpo, todavía caliente y le instó a introducir el dedo en el agujero del balazo. Con la yema del dedo índice metida el cráneo de su compañero sintió como el cerebro aún le palpitaba. Respiró hondo. El disparo a bocajarro desparramó sus sesos por el ennegrecido suelo del taller.  – Carroñeros – musitó el mafioso arrastrando las erres mientras observaba la extraña escena que acababa de componer.

martes, 15 de marzo de 2011

Devorado

Los tallos que forman las paredes hunden sus raíces en la tierra, entrelazándose por debajo de ella, creando unos cimientos consistentes y a la vez cambiantes. El tejado no es otra cosa que una maraña de ramas anudadas que continúan a las paredes, formando con sus perennes hojas un techo impermeable y clorofilado. Tiene el aspecto que tendría una casa normal, de una única planta y con el tejado a dos aguas, pero no tiene puertas, ni tampoco ventanas, y es imposible ver nada al otro lado. Ahora, mientras palpo a oscuras lo que parecen huesos a mi alrededor y grito en vano, me pregunto como demonios entré.

viernes, 11 de marzo de 2011

Procede aunque sea improcedente

Cada mañana el mismo ritual. Entra en el cajero, introduce la libreta y espera pacientemente a que los rodillos y los inyectores hagan su trabajo. Pero siempre pasa lo mismo, tras veinte interminables segundos de espera aparece el mensaje "Libreta actualizada" y al comprobar la última página de su cartilla, se lleva la misma decepción que el día anterior; no hay nuevos movimientos y el saldo sigue siendo cero. Sabe que nadie le debe nada, pero tiene la esperanza de que algún día alguien le haga un ingreso por error y ese maldito cero crezca, así como yo espero que me toque un día la lotería, aunque no juego. Hasta entonces, ni para cuchillas de afeitar tiene y la canosa y rizada barba ya le llega donde acaba el esternón.

jueves, 10 de marzo de 2011

En lo que se transforman las buenas acciones

No puedes imaginar lo que duele. Primero sientes como lentamente se desgarra la carne, después la piel cede, se agrieta. La sangre brota de la herida y puedes percibir su espeso calor recorriendo tu espalda. Entonces, el carpo y el metacarpo emergen desde la escápula haciéndola crujir, y entre gritos nacen el cúbito y el radio y al final, antes de perder el conocimiento por la gravedad de las lesiones, el húmero sirve de punto y aparte al sufrimiento. La lacerante secuencia comienza ahora en el omóplato contrario. Una vez recuperado, y elegidos los colores de las plumas, es gratificante poder volar.

miércoles, 9 de marzo de 2011

El último paso

Los pasos atrás siempre me han salvado la vida. Lo di en aquél acantilado, justo antes de que el suelo rocoso se precipitara al vacío impactando contra un mar enfurecido. También retrocedí en la puerta de embarque antes de montarme en ese avión, y tras los ventanales de la terminal fui testigo del terrible accidente. A un último paso de ti, algo me dice que no siga adelante, pero incluso sabiendo que esto me costará la vida, jamás renunciaría a ese beso.

martes, 8 de marzo de 2011

¡Apunten... Disparen!

Le es imposible fijar la cruz en la cabeza del más bajo, aunque sabe que es él. Le había costado llegar hasta allí sin despertar demasiadas sospechas. Sabía que atajando por la calle de Rojas, llegaría mucho antes a la Plaza Nueva y así fue; llegó a tiempo pero con el corazón desbocado. Perfectamente vestidos con sus trajes negros y negras corbatas y sin denotar cansancio alguno, aparecieron los cuatro hombres, a los que tan sólo había visto una vez, en medio el otro, al que conocía bien. Les vio desde el vértice opuesto de la circular y tomó aire, su ritmo cardiaco seguía acelerado después de subir las escaleras de dos en dos. A trescientos metros no hay blanco fácil, y hay demasiadas personas alrededor, pero es el momento. El eco del disparo ahuyentó a las aves que se encontraban en los tejados, llenando el cielo de plumas. El círculo empezó a abrirse alrededor de aquél tipo que, armado con una réflex, trataba de fotografiar a la persona equivocada. El francotirador, con una muerte por error, al menos había disuadido al pistolero, que confundido y sin un solo rasguño, huyó entre la gente para intentarlo otro día.

domingo, 6 de marzo de 2011

¿Realmente quieres bajar?

Es tenebroso; se accede a él tras hacer crujir un total de veinte escalones. Ese sonido será el único que oirás mientras bajas. Después sólo escucharás tu respiración, y en silencio y a oscuras, tendrás que dar cuatro o cinco pasos. Ahora deberás buscar con tu mano por encima de tu cabeza ese alambre que prende la única luz que verás, esa bombilla centelleará alumbrando tan solo un pequeño rincón del sótano; no pienses en eso que parecen manos tocando la tuya porque entonces serás incapaz de seguir buscando y jamás saldrás de allí. Cuando enciendas, no hagas caso de esos que estarán a tu lado, mirándote, escrutándote, pues cuando la luz se estabilice y tú te tranquilices, tu corazón volverá a latir con normalidad y ellos volverán a las sombras de las que no debieron salir. Frente a ti verás ahora la lavadora, tu objetivo... aunque tal vez tu ropa aguante algunos días más sin necesidad de lavar, ¿verdad?

viernes, 4 de marzo de 2011

Defender - WWIII (EP debut 2011)

Acabo de enterarme gracias a Metalfinal del debut de esta banda llamada Defender, que desde Los Ángeles CA, vienen para presentarnos su primer EP, llamado WWIII.

La banda, mezcla distintos géneros, siendo los más marcados el Power Metal y el Trash. No son nuevos y saben lo que hacen, así que no me extrañaría que vinieran para quedarse. Sus influencias, como apuntan en su perfil oficial, son los clásicos IRON MAIDEN, PANTERA, METALLICA, SKID ROW y HELLOWEEN, las bandas de Hard Rock SHINEDOWN, AVENGED SEVENFOLD y THREE DAYS GRACE, así como otros ritmos del metal como SLAYER, FEAR FACTORY, DEATH o MESHUGGAH.

DEFENDER son:

Mikey Gremio: cantante (ex-Cellador)
Bill Hudson: guitarra y coros (ex-Cellador, Circle II Circle, Power Quest)
Bruno Angra: batería y coros (Zodiac Mindwarp, ex-Revolution Renaissance/Aquaria)
John Killall: guitarra y coros

Este es su vídeo presentación.




Aquí tenéis la web dónde podéis consultar toda su información DEFENDER WWIII

Algo extraño

Trituró el último bocado de su exquisito manjar demasiado deprisa. Tenía tiempo pero nada que masticar. Se puso nervioso, se revolvió y gimió. Sus lloros alertaron a su madre, que al momento apareció cargando con más comida. El niño comió y comió mientras giraba sobre sí mismo a por el siguiente pedazo, hasta que la habitación se le quedó pequeña. Una pierna rolliza se asomó por la puerta, uno de los brazos por la ventana, la cabeza se quedó arrinconada en una de las paredes y la mirada casi fija en un punto que ante su estupor se hacía cada vez más oscuro. La abuela no daba crédito a lo que veía cuando llegó, y empujando por aquí y por allá, con contundencia pero con mimo, consiguió por fin liberarlo de su prisión y le dijo: "Cariño mío, ¿pero cómo demonios te has metido en la casita de muñecas?"

miércoles, 2 de marzo de 2011

Ese no soy yo

Ya se lo dije, alguien habita en mi. Pese a sus gestos de afirmación, su mirada indicaba que no creía ni una sola palabra de lo que le decía. No tomó precauciones, y ahora, mientras mis manos siguen apretando y apretando su cuello en contra de mi voluntad, lloro al verle debatirse entre la vida y la muerte. Usted es el último psicólogo al que acudiré, me vendrá mejor un exorcista.

martes, 1 de marzo de 2011

Bienvenido a mi mundo

Hay costras en los cristales, sangre coagulada del último viaje que hizo al infierno. La mueca de su cara se parece mucho a una sonrisa, aunque deformada; muestra la funda dorada de uno de sus incisivos y la saliva se le escapa por la comisura de los labios, goteando por su afilada barbilla. Se puede decir que es feliz al verle limpiar el filo de su navaja contra la manga de su chaqueta. La tierra se queja bajo sus pies, grita y se abre, mostrando un abismo de fuego que ilumina la noche. Sin pensarlo dos veces introduce la mano en la grieta y extrae a un pequeño demonio atemorizado. ¡Bienvenido a mi mundo! le dice mientras lo desolla y tira su envoltorio escamoso y viscoso junto a los restos de los otros.

El canto de los grillos

El cartón no es un colchón viscoelástico ni mucho menos, pero al menos no deja pasar el frío acumulado en la roca. A la noche, el cri cri de los grillos zumba en mis oídos; a veces creo que el canto está en mi cabeza y por eso no cesa. Cuando por momentos dejo de oírlo, mi respiración se detiene y se acelera mi corazón; los silencios a la intemperie no presagian nada bueno.Hoy el silencio es más largo, y sólo se pausa para traer con el gélido viento la tétrica música de un filo al rozar la piedra. Se acerca. Huir sería una temeridad en esta situación. Más cerca. La sangre recorre mis venas a una velocidad vertiginosa, el tiempo se acaba. La guadaña corta la oscuridad y atraviesa mi cama; ahogo un grito en mi interior y me estremezco mientras veo alejarse al verdugo. Desde esta singular trinchera en la que me refugié en ese último instante vuelvo a escuchar a los grillos. Adoro su canto.