lunes, 30 de mayo de 2011

Luz por oscuridad

Por todo lo que dije, me cortaron la lengua. Ahora, confinado en una pequeña estancia de la torre este de la fortaleza de Grull, me limito a relatar por escrito, bajo la luz de una vela de grasa de cerdo que convierte el aire en veneno, lo que ya nunca podré contar con la voz.
El hijo del rey es un bastardo. La reina forzó el cinturón de castidad el mismo día en que su marido partió a las oscuras tierras del sur, por debajo del río Medio. Una alianza de todos los imperios de las tierras blancas, dirigida por los reyes de Grull y Khir, atacaron por sorpresa al imperio único de Okrut con un ejército de doscientos mil hombres. Pero cuarenta mil caballeros negros repelieron el ataque matando casi a la mitad de ellos, y como castigo ejemplar a la rebelión empalaron a los de mayor rango, incluidos ambos reyes.
El reino de Grull quedó entonces en manos del hermano del rey. Pese a su nuevo puesto, la reina rehusó mantener relaciones con él y pidió una estancia separada de la suite real. Así le fue más fácil explicar, nueve meses después, que el niño era el verdadero heredero del reino y que estaría preparado para reinar cuando cumpliera doce años.
El día que presentaron en sociedad al niño, fue el día que me amputaron la lengua. Tan solo dije que se parecía a mi; la reina no soportó el atrevimiento, pese a saber que era mi hijo, y mandó que me recluyeran en esta húmeda habitación y que me negaran el derecho a hablar. Este derecho me fue negado con una daga vetusta y roma para que no olvidara nunca lo que había dicho.
Puede parecer imprudente lo que hice, pero el levantamiento de la sospecha la hice en pro de un hijo que no quiero que sea rey.
Jorhark, el nuevo rey, no permitirá bajo esta duda que mi hijo reine, y de esa manera será el primero en morir cuando vengan a vengarse las legiones oscuras. Aprovecharán que la alianza se ha roto para aniquilar a los nuevos reyes y ponerse ellos al mando de todas las tierras blancas.
Y yo... yo seré liberado, y veré crecer a mi hijo bajo un gobierno absolutista y contaminado al que ya estoy acostumbrado.

sábado, 28 de mayo de 2011

Sortijas

Santísima Trinidad

Yo sólo dije hágase la luz y la luz se hizo. Pero en ningún momento pensé en una gran bola de fuego ni en nada parecido. Eso ha tenido que ser cosa del hijo o tal vez del espíritu Santo, porque del padre no ha sido.

Maldita coherencia

Me faltan horas, días e incluso años para arrepentirme por la vida que he llevado. Mi arrugado y atormentado cuerpo es sólo una caricatura del mal que hice, pero no pienso dejar de hacerlo ahora.

Carne

Un metro y ochenta centímetros de altura, cien kilos de peso, ochenta mil gramos de puro músculo y los otros veinte mil de tocino. Con huesos pesaría algo más, pero aún así, deshuesado, no hay quien lo mueva.

El infierno es ahora

Duerme por imposición. Su cara angelical se desdibuja entre lágrimas de muñeca rota. Pero ya no llora. De los pies a la cabeza seguirá siendo una princesa, aunque sea boca abajo, dando la espalda a su padre que, esbozando una sonrisa, se abrocha el pantalón.

Dios da pan

Hablemos de Genaro. Ese sesentón flacucho y malhumorado, fumador de negro y bebedor de ron que, de vez en cuando, a cuenta de las habituales melopeas, se queda dormido en las escaleras que preceden a la parroquia, dejando a sus feligreses sin misas ni hostias.

Afonía

Con sus gallos es capaz de revolucionar a todo el gallinero.

jueves, 26 de mayo de 2011

Bodas de oro

Dispuesta a quedarse despierta toda la noche si hiciera falta, enciende el viejo transistor. Hoy cumpliría noventa y dos años y harían cincuenta años de casados y quiere celebrarlo. Felicidades cariño, piensa mientras sintoniza la radio. Un ruido grave y granulado le devuelve un sonido que no es de su época.

- Bailaría contigo toda la noche aquel tango que me regalaste en París, ¿lo recuerdas amor mío? - A sus noventa años los recuerdos duelen y más en voz alta.
- Sí, lo recuerdo. - dice una voz turbia que sale por el pequeño altavoz.

El susto inicial no da paso al miedo, sino a una sorpresa que acepta con tranquilidad antes de contestar.

- ¿Eres tú, cariño?
- Sí, mi amor, soy yo. - y tras el eco aparece aquel dulce tango de primavera suave - ¿Bailas?

Con los ojos cerrados, se mueve siguiendo la música. Las arrugas en los sueños se difuminan, y vuelve a ser la de antes, bailando con el que entonces sólo era su prometido. Y el beso con el que sellan su aniversario da paso al amanecer.

Al sol no le sorprende nada encontrarse con un cuerpo marchito que esboza una amplia sonrisa en ese último día, en ese punto de inflexión entre la muerte y la vida.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Congestión

Mayo. El oso se encarama al madroño para poder ver mejor. El kilómetro cero es el mejor punto para empezar de nuevo, ¿no crees? No blandimos banderas, ni exhibimos signos, ni pretendemos que los colores representen nuestras ideas. Unidos, clamamos por un derecho, nuestro derecho a vivir, dignamente claro, porque de otra manera acabaremos muertos. Sin odio y sin reproches, pero también sin dinero y sin aire, agoto mi último aliento mientras sueño despierto.

Treinta y seis

Treinta y seis es el número de la mala suerte. Mi abuelo murió en dicho año con esa edad, y ese año nació mi padre. Yo nací treinta y seis años después, en el setenta y dos, el día que murió mi padre. Cuando cumplí treinta y seis temblé, y cuando mi mujer me dijo que estaba embarazada, pese a ser la mejor noticia de mi vida, celebré mi funeral. Pensé "de este año no paso"; pero pasé. Hoy cumplo sesenta y tres y tiemblo como cuando cumplí treinta y seis, pues tal vez a la muerte se le pasó aquel año y estaba esperando a que llegara este.

martes, 24 de mayo de 2011

Divergencias

Montgomery Clift no es un actor muerto, sino un niño de Arizona que sueña con viajar por el espacio. Su padre, sin embargo, sueña con que su hijo algún día pueda levantarse de esa puta silla mientras el dinero de las arcas busca vida en otros planetas.

lunes, 23 de mayo de 2011

Una singular historia

La institutriz, algo preocupada porque no le baja la regla, espera en el andén al tren de las tres y diez; aún no sabe lo que le dirá cuando le vea. Está apesadumbrada, pues aunque siguió las normas a rajatabla, algo ha fallado en una tarea tan sencilla. Dios, y su marido defendiendo el negocio familiar en el quinto pino, lavando y cortando las reales melenas de los domésticos animales, que no domesticados, de las infantas, mientras ella retoza con el librero. En sus nalgas, por culpa de una tinta en descomposición, se puede leer entero un capítulo del libro Guerra y Paz. Tolstói, ¡te has lucido!


Microrrelato a partir de 10 palabras propuestas por jane eyre en Ociozero

Parafilia

Utilizo agua oxigenada para blanquearlas, siempre en caliente después de descarnar, y lijas de grano medio y fino para pulirlas. En las etiquetas que subyacen bajo las relucientes piezas anoto nombre, edad y sexo; aunque este último sobra, pienso cuando repaso mi sala de trofeos llena de ‘emes’.

microrrelato presentado en la tercera ronda del II Concurso de microjustas literarias
tema: El libro de los cráneos

miércoles, 18 de mayo de 2011

Asimilación

La estación húmeda ha dado paso sin remordimientos a la estación seca; ya no lloro.

martes, 17 de mayo de 2011

Fin y principio

Me muero. No quiero decir que me esté muriendo, sino que simplemente muero; lo hago cada diez minutos aproximadamente. Es decir, expiro más o menos ciento cuarenta y cuatro veces al día. No siento dolor ni nada parecido, solamente fenezco pacíficamente para resucitar a los pocos segundos; y esto sí es doloroso, o más bien asfixiante; doy una amplia bocanada a un aire espeso y adulterado y la maquinaria se pone de nuevo en marcha tras unos momentos de indecisión. He muerto por lo tanto tantas veces a lo largo de mi vida, que estoy acostumbrado a dar ese temido y humano paso al otro lado. El misterio tan bien guardado, el secreto que allí pace, no soy yo quién para desvelarlo, así que os aconsejo morir para que disipéis vuestras dudas.

lunes, 16 de mayo de 2011

Va por Dio

Hoy, 16 de mayo de 2011, se cumple un año de la muerte de Ronnie James Dio, legendario vocalista de heavy metal y excepcional compositor. Por desgracia, esa maldita epidemia de este siglo llamada cáncer, se lo llevó, aunque para muchos de nosotros sigue y seguirá aquí.

Un pequeño homenaje para un gran hombre.

¡Larga vida al Heavy Metal!


Impulsos

Mi naturaleza, aunque no siempre quiera reconocerlo, es excesivamente antisocial, apática e insensible. La culpa de esa alteración de la conducta la tienen unas interconexiones nerviosas dañadas en mi cerebro desde el día de mi alumbramiento. No lloré en ese momento, y tampoco he llorado el resto de mi vida. Tampoco me he reído. Estos trastornos, junto con la medicación, afectaron positivamente a mi cociente intelectual, permitiéndome dedicar gran parte del tiempo a estudiar. De esa manera, con veintitrés años había terminado la carrera de arquitectura. Ahora diseño casas, y gracias a seis pastillas diarias, de cuando en cuando, esbozo una ligera sonrisa al ver que mi trabajo hace feliz a la gente; algo que yo, a priori, no podría ser jamás. Pero algo está ocurriendo últimamente. El neurólogo dice que mi cerebro ha experimentado cambios y que ese flujo azul y rojo que se aprecia en las imágenes del escáner es un gran avance.
La verdad es que, cuando la miro, mi ritmo se acelera, mi pulso tiembla y me entran unas ganas irrefrenables de reír, aunque, en lugar de eso, estoy aprendiendo a llorar.

domingo, 15 de mayo de 2011

El sello del muerto

Ramón Ramírez Ramos, funcionario público del Ministerio de Trabajo e Inmigración, de cuarenta y cinco años de edad y veinticinco años de servicio, liberado sindical por pertenencia a Comisiones Obreras y número doce en la candidatura presentada por el Partido Socialista Obrero Español para las próximas elecciones municipales de su localidad, falleció en extrañas circunstancias durante la jornada de ayer después de dos horas de duro trabajo pidiendo y recibiendo modelos, impresos y fotocopias a un joven que pretendía montar su propio negocio. Los compañeros del difunto nunca antes habían visto algo igual; "Nadie trae el modelo 6B relleno la primera vez, y mucho menos la fotocopia compulsada y por duplicado de la última declaración de la renta. ¡Cabrón!", decía consternada su compañera de mesa mientras tomaba su cuarto café de la mañana para tratar de calmar los nervios. El joven, que salió entre insultos escoltado por un policía nacional, exhibía orgulloso en su mano izquierda el impreso sellado que le permitía llevar a cabo la actividad solicitada, pese a que nadie había visto al fallecido llegar a poner el sello.

sábado, 14 de mayo de 2011

viernes, 13 de mayo de 2011

Supremacía

Te sacarán los ojos -se repite-. En la zurda el ave, en la diestra un machete; en su cabeza dando vueltas el maldito cuento. Despluma al séptimo cuervo y vacía sus cuencas. Aún vivos, graznan pidiendo clemencia. Te sacarán los ojos -se repite- si pueden verlos.

microrrelato presentado en la segunda ronda del II Concurso de microjustas literarias
tema: CUERVO

miércoles, 11 de mayo de 2011

Renunciando a un beso

Temo el sonido envolvente que originan las ondas en el agua cuando algo de densidad mayor traspasa ese opaco muro en el que flotan algunas hojas desperdigadas y, pese a la contradicción, secas. Temo esos árboles que retuercen sus frondosas ramas de un lado a otro de la ciénaga, tratando de ocultársela a un sol impertinente que intenta abrirse un hueco con su mirada de fuego, sumiéndola en una nocturnidad constante. Temo el canto siniestro de esos insectos, desterrados, que tratan de sobrevivir causando estragos. Y sin embargo, adoro el carnívoro ataque de los insectívoros moradores de ese mohoso mundo en el que no caben príncipes pero sí princesas.
Desde su atalaya arbórea otea clandestinamente una rana moteada sus dominios, recordando la dolorosa metamorfosis que experimentó un día, decidiendo por lo tanto que ser verde no le impide ser princesa.

martes, 10 de mayo de 2011

Entre tinieblas

Otra noche sin luz. Dos sillones vacíos, y la llama de una vela oscilando sin un motivo claro en una sala estanca plagada de siniestras sombras. Suele pasar las noches de tormenta. Truenos aislados y rayos que, esporádicamente, iluminan un pasillo angosto y desdibujado. Al fondo, una habitación, dos respiraciones acompasadas. Las negras y emocionadas nubes depositan sus lágrimas en los cristales; y dos amantes, ajenos a tan singular público, se vuelven a besar.

lunes, 9 de mayo de 2011

Compañeros

Hace días que tan solo escucho el agudo gemido de ese perro. Comenzó a los pocos minutos del último temblor, el más intenso. Y desde entonces no cesa. El aullido funerario de ese animal se siente en este momento como la banda sonora del fin del mundo. A ratos, se desvanece, y esa paz es la peor guerra imaginable; cuando vuelve, como una plañidera en un entierro, me alegro de que siga ahí. Salgo a un exterior tan apagado como mi ánimo y ahí está, con la vista clavada en ese conjunto vacío de vida. Al acercarme, me mira, frunce el ceño y trata de gruñir, pero sólo emite un lamento. Sigo acercándome, nos tocamos, nos olemos. Te acompaño en el sentimiento, le digo, y parece que él, a su forma, me diga lo mismo.

- ¿Vienes?

Y le sigo. Él mira atrás, llorando. Cada vez mira menos. Ahora, juntos, emprendemos un nuevo viaje, y sé, que al igual que yo, espera ver una luz al final del túnel. A cuatro patas el cielo está más lejos pero, al menos, sigue estando.

domingo, 8 de mayo de 2011

¿Podéis intentarlo de nuevo? (microrrelato recursivo)

Odio. Me gusta sembrar el odio. ¿Eso que siento entre vosotros es amor? Debe de serlo; lo huelo, cuando entrelazáis las manos, o al cruzar vuestras miradas. Cuando os besáis, también; puedo olerlo. ¡Sí!, estoy seguro de ello. Y... ¡es tan fácil arruinarlo! Basta con introducir la duda. ¿Lo notáis? Se desvanece, se muere. ¡Delicioso! Mi más sincero agradecimiento, me encanta el amor. Lo saboreo... lo mastico... lo digiero.

viernes, 6 de mayo de 2011

Ciprés, encina y pino

Siente la boca seca. Protegido bajo un ciprés observa la incipiente lluvia como si no fuera con él. Tras la húmeda y espesa cortina se difumina una visión que no quiere creer. En la fría piedra, un cincel mecánico ha grabado un nombre; dos fechas. No puede ser, piensa antes de cerciorarse de que es su nombre el que allí luce. Para colmo, nadie llora frente al nicho; nadie. Grita, y como efecto de un extraño mecanismo el cielo se abre y la lluvia cesa. Un sol primaveral asoma sus rayos, deslumbrándole. Al final de la calle de flores secas aparece su padre, que sostiene su cojera y sus lamentos en un bastón tallado en madera de encina, y su desconsolada mujer, impresionante bajo un luto caro. Preceden a una caja de pino, sobria pero bien rematada, que oscila sobre los hombros de unos amigos a los que nunca ha visto con esas caras. Ahora lo entiende, por primera vez, o mejor dicho por última, ha sido el primero en llegar y seguramente el último en irse.

jueves, 5 de mayo de 2011

Exterminador

Ángel, nervioso, tamborilea el rugoso salpicadero de su Dyane 6 mientras espera que una mosca pose las patas en su tela de araña. Su vago y egocéntrico padre, como único legado de una vida de escaqueo le dejó una tartana que ahora él cuida con la misma enfermiza vehemencia que su progenitor. Pese a pasar la treintena, el coche digo, porque él ronda los cincuenta, sigue consumiendo los seis con un litros a los cien que indicaba el manual, que aún conserva como libro de cabecera. Cada día encera los cromados, abrillanta la carrocería, cepilla la tapicería y quita el polvo. Luego cubre los asientos con una fina funda de plástico transparente y ajustable. Huele a pino, porque colgando del retrovisor interior se balancea un clásico ambientador con forma de dicho árbol, aunque yo diría más bien que se trata de un abeto, un abeto con olor a pino, claro. El caso, para no excederme, es que da gusto ver un automóvil de 1975 en unas condiciones tan excepcionales. Pero ahora, en la cuneta de la carretera comarcal, señaliza con un triángulo homologado la avería. Acciona la palanca que levanta el capó y sale del vehículo. Examina el motor y toca algo; la mecánica, de este coche al menos, no se le resiste. Y niega con la cabeza por si le ven cuando escucha las rodadas de un coche que se acerca. Se asoma por un lado del capó y ve al vehículo que espera deteniéndose tras el suyo.

- Hola, ¿puedo hacer algo por usted? - pregunta la joven mientras se baja.

Y él no puede creer la suerte que tiene. Viaja sola. Y frunce el ceño conteniendo la euforia tras una mirada que no oculta sus intenciones.

- ¡Hola! – dice con una simpatía simulada - Menos mal que pasa usted por aquí. No consigo que este trasto arranque.
-¿Quiere que le lleve a algún sitio? – y esta pregunta era la única que no tenía que hacer –

Después del agradecimiento, retira de la guantera lo imprescindible; guantes de nitrilo, su alergia al látex la descubrió en el asiento de atrás en su lamentable estreno como hombre, y una jeringuilla con la mezcla precisa de propofol, atracurio y benzodiazepina. El dolor no le preocupa. Cuando se pone los guantes, un cosquilleo recorre su médula espinal y respira hondo. De camino al coche de la señorita, oculta sus manos con disimulo y desde el asiento del copiloto actúa sin que ella tan siquiera tenga tiempo de preguntarse por la punzada fría que siente en la pierna ni por las plastificadas manos. La anestesia comienza a hacer su efecto cuando el torrente sanguíneo distribuye la mezcla por todo el sistema.

Conciencia y músculos duermen ya sin expresión sobre la funda impermeable cubre asientos del viejo descapotable.

Pero no estamos hablando de ella sino de él, que ya en sus dominios, poco a poco enrolla a la presa en su precipitada mortaja y deposita el capullo junto a los restos consumidos de los anteriores. La anestesia pierde su efecto justo a tiempo. Ni los inútiles espasmos ni los gritos son la solución, piensa mientras cierra tras de sí el enorme portalón de su mausoleo.

La patrulla de carretera localiza el coche robado en mitad de la comarcal. Ni rastro de la mujer, comunica por radio, pero hemos encontrado el coche. En el maletero, se agita entre las neveras de órganos el aterrado desaparecido. Le han encontrado a tiempo.

- Tranquilo. -le dicen al inocente- Está a salvo. Debe usted tener un ángel de la guarda.

Mientras, Ángel, encera, abrillanta, cepilla su coche y atusa las plumas de sus alas.

miércoles, 4 de mayo de 2011

No pasa nada

No tener amo, pese a ser un esclavo, me supuso un agravio comparativo. Mientras los poseídos asumían en silencio los mortales embistes de sus potentados amos, estos blasfemaban soltando espumarajos por sus asquerosas bocas. De rodillas y mirando siempre al suelo, continúo condenado a expurgar el lugar.

microrrelato presentado en la primera ronda del II Concurso de microjustas literarias
tema: POSESIÓN

martes, 3 de mayo de 2011

Obsesiva impaciencia

Dormir tranquilo es un lujo que no se puede permitir. A veces, cuando los demás sueñan, entre vapores, ronquidos y toses, se incorpora sobre su cama y trata de ver algo en la penumbra. Ocupa el catre identificado por una chapa oxidada como dieciséis, sobre el quince, en una serie de literas cochambrosas que se apilan en la zahúrda, más digna de los cerdos que de las personas. Escucha el chirrido leve de la desvencijada puerta al abrirse y los pasos del celador. El día que le tocó al de la trece, se recostó en silencio torciendo el torso a su derecha, y acercó la cara al borde del colchón para ver lo que sucedía ahí abajo. La mano en la boca y la inyección en el cuello; los espasmos silenciosos y el inútil pataleo. Después, la calma. Y él volvió a tumbarse boca arriba para lamer con los ojos el agrietado techo mientras se preguntaba por su momento. Y es que, pese a lo que pueda parecer, no es miedo sino anhelo... de muerte rápida y placentero sueño.

lunes, 2 de mayo de 2011

Cuando se acaban las penas

Hace crujir la madera de su vieja mecedora. Las curvadas láminas unidas a sus patas tropiezan con un obstáculo en cada balanceo impidiendo completar el relajante movimiento. Pero no tiene ni la más mínima intención de retirarlo, ni de relajarse más de lo que ya está. Así que continúa meciéndose adelante y atrás con esa mirada perdida y el gesto neutro. En ocasiones tensa más los músculos para imprimir más fuerza al desplazamiento, y entonces cruje algo más que la madera. Poco a poco el balanceo es más largo, pues el obstáculo va cediendo bajo sus arcos. En el suelo se astillan los huesos de esa mano que tantas veces, por desgracia, ha tenido encima.