viernes, 28 de octubre de 2011

Grietas

La rugosidad del ladrillo en su espalda mojada le sacó del aturdimiento. Sus ojos le devolvían la imagen temblorosa de un mundo al borde del caos. Los proyectiles, levantando esquirlas como dentelladas sobre las paredes de barro, ocultaban los latidos de un corazón a punto de desbocarse. Había corrido demasiado ya, pero tenía que salir de ese fuego unidireccional que pretendía truncar sus sueños como un dios enajenado y colérico. A un par de calles la resistencia se atrincheraba con los dientes apretados; la última oportunidad, pensó. Tomó aire y volvió a correr, pero alguien se ocupó de que ese preciso momento fuera el peor para hacerlo, y escupió una bala incandescente que se perdió entre su pelo. Un remolino en el orificio de entrada se tiñó de rojo y la pólvora quemada bostezó una bocanada de humo desde su interior antes de que el cuerpo perdiese el interés por mantenerse de pie.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cercenado

Pues claro que me canso de ser; lo hago a diario. Mientras, esnifo el sufrimiento que atesta los rincones más polvorientos de mi cerebro. Y me contraigo cada vez que el camión de basura me confunde con el vertedero. Cuando me sacudo la mierda miro al cielo, plagado de nubes que simulan dedos corazones a los que les devuelvo el saludo; a veces me escupen. Hace tiempo que dejé de pensar que la lluvia eran lágrimas de ángeles, y si lo son deben ser negros. Si me ofendes te ofendo, si me increpas te increpo, pero si me matas, cariño, me muero. Y resucitar es la peor de las suertes que corro, pues mellado no es igual el siguiente bocado. Así que me quedaré aquí tirado, en este empedrado negro, cementerio de los sueños en los que volaba sin necesidad de alas, y sólo me levantaré cuando el viento borre las huellas que ya he dejado.

jueves, 20 de octubre de 2011

A buenos ojos

Infinitos insectos giran alrededor de ese sol halógeno y frío. La luminiscencia hipnotiza sus mentes como un dios de madera. Siempre habrá ovejas negras, piensa mientras arrastra por el enmoquetado suelo un cuerpo reducido a escombros. Las primeras moscas revolotean ya junto a la sangre coagulada; escupen su ácido violentamente contra las manchas de la pared y tratan de extraer con sus lenguas tubulares las proteínas que las sustentan. Es capaz de sentir la frustración tras sus hexagonales ojos, al darse cuenta de que son sólo carroñeros que viven a ras de suelo, y agitan sus alas con vehemencia movidas por el anhelo de tener un corazón y un paladar más humanos. Detenerse en los detalles le ha permitido ser consciente de que la muerte no siempre acarrea el perdurable olor de la atarjea, sino que en casos excepcionales es un olor mucho más agradable el que se inhala en las improvisadas escenas. Tal vez sea azahar, pero tiene dudas. El sonido de la sierra mecánica tala sus divagaciones de raíz y entonces es tan sólo un profesional cumpliendo con su oficio. Y todo queda reducido a unas pequeñas manchas, unas moscas y una bolsa de basura negra repleta de carne en el que titila un alma más.

martes, 18 de octubre de 2011

Abogado (microhistoria compartida propuesta por Puck)

A mi personalmente me importan más bien poco los casos que defiendo. Es más, ni siquiera me sale rentable por la miseria que cobro, y es que esto de ser abogado de oficio es como ser prostituta en el Punto Rojo, ven pasar a los clientes pero no se quedan ni con los nombres. Yo sin embargo jamás me olvidaré de Ninette, y no por su voluptuosidad, ni por sus ojos celestes, ni por esos labios rusos que no se acuerdan del frío, la recordaré porque en una hora y media de sudor me demostró que era la persona que más me había querido nunca. Es triste que sea así, pero lo es, y de ahí que lo que le pase a este borracho cornudo me importa más bien poco; prefiero pensar en Ninette. Pero el trabajo es el trabajo...

- Entonces, si usted se declara culpable del atropello ¿Qué hacemos aquí?



El resto de la historia aquí:

El rincón de Nicolás Jarque
Aprendiz de Palabras
Historias de nadie
Los jardines de Puck

jueves, 13 de octubre de 2011

Instintos

Oscilante, la llama recapacita sobre que rincón iluminar de esta oscura habitación. Mientras, laten dos corazones al unísono formando un único torso. La brisa nocturna se filtra por una rendija imperceptible de la roñosa ventana, y el aluminio se torna frío cuando el sol abandona un día cualquiera de octubre, como si fuera hoy, o ayer, o tal vez mañana, pues el tiempo es sólo tiempo, nada más, es esperar a que las aguas se salgan del cauce para volver a él más sosegadas, lamiendo las aceras de nuestra cordura ilimitada. Piel, piel que cubre carne, que roza otra piel que cubre otra carne; terminaciones nerviosas que forman caminos no visibles entre tu alma y la mía. Besaré el musgo de tus amaneceres en mis anocheceres, y recorreré tus senderos como un zapador preparando el terreno aunque ese mismo barro en el que cava la zanja al final beba su sangre. Y el satén de tu mirada y el olor de tus sonrisas será la religión por la que nunca discuta. Quien dijo que volverían las oscuras golondrinas era un visionario, y entre plumas negras y arcillosos nidos puedo asegurar por fin, que estamos mucho más que vivos.

lunes, 3 de octubre de 2011

Tangente

Traga saliva. Tras el volante se disipa la baja temperatura que vomita la noche. El silencio da paso a una canción casi acabada en la que las sotanas son manchas de sangre en su corazón. El miedo que unos sufrieron sirve ahora para mantener un espíritu torturado por miserias ya enterradas. Sube el volumen y arranca. Las farolas crean un ambiente de luces y sombras que distraen sus pensamientos y de las estradas salen dragones de alas anchas que se olvidaron de escupir fuego cuando murieron las princesas. En una mente así no caben cuentos de hadas ni finales felices y la música le ayuda a imbuirse aún más en la negrura. Más deprisa. La ría refleja con precisión húmeda la parte tangible del mundo. Paralelismos, piensa, absurdos paralelismos. Rectas, curvas, semáforos que guiñan ojos naranjas dando paso con precaución. Más rectas, más curvas, más deprisa y de repente la tangente; esa maldita línea recta trazada en mitad de una curva que se tiñe de rojo.