jueves, 22 de diciembre de 2011

Silencio

La resaca fría de un viento nocturno me hace estremecer. Vagamente iluminado por algunas farolas, recorro un gris adoquinado sobre el que se mecen las endebles hojas de unos castaños en plena defoliación. Pese a los años, recuerdo como si fuera ayer la voz de mi padre; no temas a la oscuridad, decía. No temo. Mi cabeza procesa las sombras y los sonidos, los cataloga y me devuelve un “todo es normal”. Unas nubes se deshilachan débilmente sobre mí y el eco lejano de la tormenta es sólo la banda sonora que me acompaña de regreso a casa. Por un momento pienso en cruzar los seis carriles del Paseo Extremadura, pero perder la vida convertido en un amasijo de carne y huesos no me atrae, así que utilizo el paso subterráneo. Cincuenta metros de angosto pasillo que aparece y desaparece al antojo de una lámpara de emergencia. Conforme avanzo por el corredor, los intervalos de penumbra son más largos y más profundos. No temo a la oscuridad. Antes de recorrer la mitad del camino, la lámpara emite su último suspiro y me deja en penumbra. La salida está cada vez más lejos; puedo percibir como a cada paso que doy me sumerjo más y más en la oscuridad, como si el túnel se estirase por los extremos, alejándome de la tenue luz a la que me dirijo. Y por fin todo desaparece ante mis ojos. El ruido de las rodadas de los coches sobre mi cabeza, se disipa también como el final de una canción. No temo a la oscuridad, pero sí al silencio.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Cuando habla un corazón

La llama de una vela casi extinta oscila sobre su escritorio. Las manchas de moho son verdaderas obras de arte a las que se les podría poner título. Ataviado con un chaquetón de felpa y unos pantalones de pana raída trata de soportar el frío y la humedad entre esas cuatro paredes a las que no les alcanza la palabra hogar; mientras, se vierte sobre el papel. La estilográfica rechina contra la hoja a medida que la tinta se va transformando en palabras. En su cara se destila una mueca sobria que escapa de la risa. Y pese a lo que pueda parecer en un panorama tan desalentador, no escribe sobre miserias, tan solo sobre el amor.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Invierno

Por pura coincidencia el invierno ha llegado en diciembre; no es cuestión de temperaturas, pues los inviernos saben llegar también en marzo, en agosto o en cualquier otro jodido mes. Levanto la cabeza hacia un cielo azul que veo negro, en el que cuelga un sol que ni me alumbra ni me calienta. Por un lado lo agradezco, porque el calor es una daga que taja mi cuello sin compasión, pero por otro pienso que mis venas soportan un torrente demasiado frío. Me congelo. Si al menos el agua tibia templara mis momentos… pero no. Estoy hecho de etapas, de nervios de acero y de carne que cubre los huesos. Practico el harakiri en mi pecho en busca de un corazón, pero sólo encuentro vísceras de lata, ni siquiera de metal, de las que cuelgan estalactitas como lágrimas eternas de un cuerpo en plena deflagración. La súbita combustión que se origina en mi alma tiene una llama azul, inservible y funesta. Las realidades de un camino de espinas con oasis son solamente las espinas, nada más. Y no hay noches, ni días, ni nubes o soles, pues el peor de los inviernos no es el que te congela por fuera sino el que lo hace por dentro.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Venom - Fallen Angels (2011)



Pese a que pueda parecer lo contrario, la música, y en particular el metal, siguen siendo parte del alma de este blog. Y qué mejor que retomar este tipo de entradas, con lo nuevo de los incombustibles Venom que desde Newcastle, vienen con su nuevo álbum de estudio Fallen Angels.

Poco se puede decir de una de las bandas más influyentes en el Trash metal, pero del LP en concreto se puede comentar algo. Siguen en sus trece de deleitarnos con un Extreme metal corrosivo. Con fuertes melodías y sonido absolutamente metálico. Personalmente, no me cala como hizo el Calm before the storm, Cast in stone o Resurrection, pero merece ser escuchado sí o sí. Repiten con Universal, pues se ve que les fue bien con Hell.

Para mi gusto, los mejores temas son Punk's not dead, Fallen angels y Damnation of souls.

Tracklist:
1. Hammerhead
2. Nemesis
3. Pedal To The Metal
4. Lap Of The Gods
5. Damnation Of Souls
6. Beggarman
7. Hail Satanas
8. Sin
9. Punk's Not Dead
10. Death Be Thy Name
11. Lest We Forget
12. Valley Of The Kings
13. Fallen Angels

Bonus tracks (Limited Edition First Pressing)

14. Annunaki Legacy
15. Blackened Blues

Lo mejor es escucharlo, aquí está el Punk's not dead para entender de lo que hablo.


martes, 6 de diciembre de 2011

Restos

Muere lentamente mi cuerpo. Hace tiempo dejé atrás el punto de inflexión y comencé mi descenso a los infiernos. Atrapado en una obsesión que no me deja vivir, deterioro conscientemente mi calidad humana para no hacer demasiado larga la agonía. Y es que los errores han sido la cima deficitaria de mi humanidad. De poco sirve arrepentirse ahora, tan sólo agudiza los últimos minutos de existencia y los hace más crudos aún. Los inviernos en Madrid eran más llevaderos; el fuego cruzado nunca me hacía daño. Ahora, sumido en un diciembre caluroso, me asfixio entre los recuerdos. En mi garganta se anudan las pesadillas y es inevitable que una cadena de lágrimas recorra mis mejillas. Anhelo vivir. Anhelo la persona que fui y que calculo que debió cargar su pistola un veintinueve de diciembre de hace algunos años para volarse la cabeza el agosto del siguiente año. Después de más de un lustro con un agujero de entrada en el paladar y de salida en la nuca no es fácil pensar con claridad. Amedrentado ahora en este rincón polvoriento de mi memoria, espero el indulto o la lapidación, cualquiera de ellas me reportará a otra dimesión del dolor.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Negro sobre blanco

Traza con su pincel líneas sobre el tapiz. Rectas, curvas y secantes que descubren puntos. Líneas negras. Paraleliza su vida en un lienzo. Ángulos muertos que ceden el paso a los tormentos. Más líneas, gruesas, brochazos de desidia contra un muro blanco; gota a gota se tiñe la tela. Al salir del estupor descubre que el lienzo es el espejo de su alma, y aunque parezca tan negra es tan solo la envoltura de una pared blanca.

jueves, 1 de diciembre de 2011

La marciana y el percebeiro

Míralo, entre rocas cogiendo percebes, como si esos manojos de moluscos fueran otra cosa. Y es que las truchas no sólo son de río; visto está. Con su navaja de filo ancho y cuatro dedos de longitud, escarba en las piedras calcáreas para extraer el viscoso alimento. Se los come crudos, sorbiendo al animal con lascivia; menudo cuadro. Así es el percebeiro, un tipo grotesco.

El silencio del apocalipsis del día lo rompe el rugido de un motor, a lo lejos un corvette traza curvas donde sólo hay rectas. Michael Knigth no es lo que era, como siga por ahí a esa velocidad va a pasar Finisterre y directo al mar. Desde esta atalaya tengo buenas vistas y pese a que el viento sopla con fuerza yo no me despeino.

Una rubia y una morena bailan una danza ancestral. ¡Como están por cierto! El eco devuelve unos kukus lejanos mientras hacen aspavientos sinusoidales. Parecen mellizas, ajenas a lo que está pasando, pues en el cielo suena la música del Simon mientras un platillo no para de dar vueltas. Sólo yo y ahora el percebeiro, reparamos en el objeto metálico que nos sobrevuela. Imagino que ET nos estará mirando.

El percebeiro está anonadado. Sigue la música meneando su navaja de acero como el director de una orquesta. El platillo se escora hacia su posición, y le da las largas dejándolo casi ciego antes de descender. Pero que ven mis ojos, el bicho que sale no tiene los dedos largos con bombillas de puticlub, es una marciana que parece casi humana. Si no fuera porque es verde nadie notaría nada. Se están escrutando, el percebeiro relame sus labios para atraer a la marciana, es su reclamo y espera que funcione. La marciana se acerca, parece que algo entre ellos se está flambeando. Se me saltan las lágrimas, ¡qué bonito coño! Ah no, no es oro todo lo que reluce; lo que sí que brilla es la pistola que la extraterrestre desenfunda. Justo entre las cejas. Resultado, un percebeiro menos.