miércoles, 18 de enero de 2012

Crónica de una espera

El sol irradia su marchitado calor como un dios impotente; pese al frío, mi sangre permanece caliente. Con la boca trato de contener la hemorragia de mi antebrazo izquierdo, pero es tan profusa la emanación que me veo obligado a tragar sin parar. No me detengo en su sabor, sino en su temperatura. Trato de averiguar los grados que voy perdiendo a medida que me vacío. Es lógico pensar que debería hacerme un torniquete o cubrir la herida con la palma de mi mano derecha, pero el brazo que la sostiene no responde a mis deseos. La rotura del omóplato derecho es más que evidente, y el dolor de la raíz vertebral me invita a pensar que mis piernas son ahora el objeto de decoración de un cuerpo machacado. No me dejo llevar por las emociones y dejo que sean los nociceptores los encargados de devolverme el insoportable dolor que estoy sufriendo. La valoración que hago de mis daños me deja a la espera de una muerte segura, aunque agónica y espeluznantemente lenta, no tanto por el tiempo en sí, sino por lo largo que se hace en este estado. Por desgracia mi cabeza no ha sufrido ningún daño, lo que me hace estúpidamente consciente de cómo terminará esto. Si al menos pasaran ante mí las diapositivas de mis mejores momentos… pero ni eso. Solamente espero.

7 comentarios :

  1. Resulta curioso, y realista, cómo se aferra pese a todo a alargar esa vida que le queda.

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  2. jejeje...Tal cual...

    Besos desde el aire

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  3. Consigues hacer racionales situaciones límite que resultan taaaan reales con tus palabras. Me ha gustado, sólo me chirría lo de "diapositivas", no sé, me suena mejor imágenes.
    saludillos

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  4. Siempre me haces doler...

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