martes, 14 de febrero de 2012

Nación libre. Dos a cero.

La noche del séptimo día transcurrió más o menos en calma. Tras forzar la puerta del garaje de una casa con jardín, pudimos descansar. Matar cansa. Neil quiso mantener una conversación nocturna, pero hablar con un tío a solas pasadas las doce me pone nervioso, así que me apoyé contra la pared y cerré los ojos.
A falta de sol en un garaje estanco, unos golpes nos despertaron. Neil tiró de un cordón que encendió una bombilla, iluminando tenue pero suficientemente el garaje. La luz nos desveló que al dueño de la casa le gustaba el bricolaje.

-      Pásame la motosierra – le dije a Neil ansioso.

Me la lanzó y la pude alcanzar sin problemas, ahora faltaba ver si tenía gasolina. Serrar en off sería algo bastante complicado, aunque seguramente divertido. A él le encantó un mazo que colgaba en la pared. Así que como dos manitas nos acercamos a la persiana y la alzamos.
Sin preguntar, Neil balanceó violentamente el martillo hacia la cara de la supuesta contagiada; por suerte ni la rozó, pero el aire le movió el pelo. En la película de mi cabeza vi volar sus dientes y casi me mareo. No sé por qué, pero según la vi, sentí algo y creo que no eran gases, aunque de la impresión eructé.

-      ¡Para! – grité.

Frente a nosotros había una mujer espectacular. Estuve a punto de hacer una reverencia y presentarle mis respetos, pero las palabras se me atragantaron y sólo tartamudeé como si fuera tonto. Una melena negra caía en cascada sobre sus hombros y sus enormes ojos nos miraban con asombro; quizá no es agradable oler el óxido de un martillo con el que pretenden partirte la cara. Era, sin lugar a dudas, la cara más bonita que había visto nunca. Y el resto iba en concordancia. Ni a Neil ni a mí nos saláin las palabras, pero a ella no le costó hablar.

-      Como vuelvas a pasarme ese mazo tan cerca de la cara te lo meto por el culo – dijo tranquilamente.

Dios, qué frase. Me quedé absorto. Era la frase más bonita que había escuchado nunca y salía de una boca flanqueada por los labios más increíbles que había imaginado. Me relajé y al fin pude hablar.

-      Neil, ¡observa antes de atacar! –dije para ganar puntos – Perdona, ayer fue un día moviditido. Soy Gerard, y ¿tú?
-      Dhelia – dijo mientras miraba frunciendo el ceño a Neil.

El nombre me sonó como el “Heaven and Hell“de Ronnie James Dio. Es decir que me recorrió un escalofrío desde las uñas de los pies hasta los pelos de la nuca.

-      Pasa, estamos más seguros dentro – yo te protejo, pensé, y te abrazo, te beso, haría hasta el espagat si me lo pidieras jugándome una torsión testicular.

Dentro nos explicó que venía del norte, y que el asedio mantenido por las hordas de los enfermos se extendía como una plaga. Había llegado hasta allí sin mancharse las manos de sangre, caminando con sigilo y ocultándose de los malolientes; el caso es que cuando se acercaban olía mal, a pus o algo así. Comimos unos snacks de chocolate y unas barritas de proteínas que trajimos del bunker junto con unos pocos zumos y agua embotellada. Había que racionar, pero teníamos tal hambre que nos habríamos comido entre nosotros. Sobre el mediodía salimos de allí, teníamos que seguir avanzando en busca de un refugio; yo era la única esperanza de ese grupo de malnacidos que a ciencia cierta seguirían cagándose de miedo en el almacén.

Poco después de salir comenzaron a escucharse los típicos arrastrar de pies y gemidos guturales. Lo que darían Cannibal Corpse por tener estas fuentes de inspiración. Al girarnos, vimos que de todas direcciones venían más y más contagiados. Ya me estaban cansando con sus ronquidos, sus babas y demás, pero eran demasiados como para hacerse el héroe; aunque lo fuera. [Antes de salir del garaje, Dhelia reparó en un arma que le gustó, una grapadora de moquetas de aire comprimido. Verla empuñando tanto metal me hizo suspirar. Parecía Xena, la guerrera, pero mucho más dura.] La única escapatoria de esa especie de emboscada no preparada era un angosto camino entre casas ocupado casi por completo por espesos matorrales. Era el mejor momento para probar la sierra, así que tiré de la cuerda y la sierra rugió un poco antes de pararse. A la tercera, la cadena dentada estaba girando a toda velocidad y rugiendo. Abrí el camino entre los arbustos y pudimos atravesar sin problemas, pero no todo iba a ser tan bonito y justo antes de salir a la calle posterior apareció un grupo inmenso ante nosotros. Los veinte del día anterior eran una broma comparado con eso. Quizá eran cien, quizá más, pero no nos quedaba más remedio que atacar. La única estrategia que seguimos fue la de ir a por los que se iban abriendo del grupo, para minimizar el riesgo de ser atacados de improviso por los demás. Y así lo hicimos, motosierra, martillo y grapadora en mano hicimos la sangría más impresionante que se pueda imaginar. Dhelia usaba las grapas para cegar, con una destreza sobrenatural, Neil con su martillo, aunque fuese casi al azar dejó fuera de juego casi a la mitad, y yo me dediqué más a disfrutar del momento; cortaba un brazo y le guiñaba un ojo a Dhelia y ella hacía lo propio cuando cegaba a otro. Me dedicó un disparo increíble que unió las cejas de uno de los infectados y después con una ráfaga lateral le cerró la boca. Yo estaba como un adolescente y una vez que terminamos la masacre bañados literalmente en sangre, nos miramos, agarré su cintura y le atraje hacia mí para darle un maravilloso beso; el bofetón es lo que no sé de dónde vino, pero el calor de mi cara iba y venía junto con una sensación de palpitante inflamación. Al menos al separarse me sonrió. Esa quédatela, debió pensar, mientras cabalgaba con sus ojos sobre los míos. Pese a que no era el final que esperaba para esta historia, indudablemente habíamos vuelto a ganar y un marcador imaginario mostró sobre la pila de cadáveres desmembrados y la impresionante casquería un fabuloso dos a cero.

5 comentarios :

  1. Uffff, como me gusta!!!
    He estado pensando...¿Como se contagia, por la sangre no será con tanta salpicadura?

    Besos desde el aire

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  2. Pues mira, yo me he hecho la misma pregunta que Rosa, a ver si nos enteramos en la siguiente.

    Besitos

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  3. Impresionante historia. Instintos de supervivencia: ¡Matar o morir! Menuda resistencia han formado, un buen equipo. (y algunos todavía subestiman a las mujeres...)

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  4. Me pusiste los pelos de punta, qué poco me agradan los zombies. ¡Señores, si se contagian, sean decentes y quédense en sus camas, que lo ponen todo perdido, o hacen que otros lo pongan todo perdido!

    Menos mal que lo escribes tú y eso mejora todas las cosas.

    Un saludo.

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  5. Ojo con Neil... ¿Falta mucho para que pongas la otra parte?

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