sábado, 14 de abril de 2012

Barcos de papel

El capitán Moliner carecía de autoestima. El título de patrón de barco lo ganó en una mesa de tapiz verde en el que se disponían aleatoriamente gotas de sangre seca. Cansado de respirar aire respiraba ahora el polvo de las estrellas. Es lo más cerca que se había sentido jamás del cielo. Voy con todo, pensó. Eufórico desánimo era la descripción más real de su estado. Cuando no se mueven intereses sino hilos de marionetas ajadas y sucias no hay nada que perder. Por fin era patrón. Por fin era algo. Noche cerrada con cerrojo de acero frío; oscuridad casi total. Salió a la calle y se detuvo a mirar como era posible que el viento, desde su invisibilidad, lograra moverlo todo a su antojo, como un dios de bronce sobre pedestal de mármol que desde su quietud y silencio era capaz de convocar a miles de fieles a sus gélidos pies. Un río de agua de lluvia se deslizaba hacia el alcantarillado, y con sendas servilletas de la tasca de Mariano hizo dos barquitos de papel que depositó en pro de la corriente. Y vió como se alejaban hasta perderse en la boca de hierro mellado que era la puerta al segundo nivel de una tierra marchita. Y se sintió de nuevo capitán, aunque fuera sobre el papel.

5 comentarios :

  1. Respirar polvo de estrellas...Y sentir que llevamos el timón de nuestra vida, aunque solo sea sobre papel.

    Grande Sucede.:)
    Besos desde el aire

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  2. ¡Qué bien escribes, muchacho! Manejas la metáfora como quieres: 'Noche cerrada con cerrojo de acero frío' ¡Genial!
    Sigo admirándote, Sucede. ¿Se nota? :-)

    Un abrazo.

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  3. Graciasss Rosa!!! Graciassss MJ!!!!! cuánto tiempo!!!
    no soy digno de admiraciones, sólo me dejo llevar...
    Un beso a ambasss!!!!!

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  4. Precioso relato. Me ha encantado lo del río de agua de lluvia.
    Un saludo

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  5. Plagado de dolor y nostalgia, y con tu omnipresente sangre.

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