lunes, 7 de mayo de 2012

Caviar

Siempre que pienso en ti se me llena la boca de pescado crudo. Es angustioso sentir asco y devoción en el mismo momento, pero supongo que tú también lo sentirías, que me verías como el cebo que mordiste aun sabiendo que te clavarías el anzuelo.

Recuerdo ahora los primeros encuentros, tus historias para justificar la humedad de las sábanas, el fuerte olor a las mañanas o tu sabor salado. Al principio me hacía gracia lo de las tres duchas diarias, aunque mi economía sólo me permitiera dos o tres por semana. Me volví loco para conseguirte Porphyra columbina o Himanthalia Elongata, pero una sonrisa tuya aún merecía la pena.

El día que saltaste desde el muelle y te perdiste en el océano, dejé de valorar tus risas. Arrojé contra el mar la nota en la que decías que diera mi vida por ellos, y pese a que fue una sensación horrible, me comí a mis propios hijos.

7 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho hasta "valorar tus risas", la última vuelta de tuerca, quizás demasiado perversa, no la veo o simplemente no acabo de entenderla.
    Sin embargo y que conste, me gustó, eso de vivir con la que parece que acaba siendo sirena tiene su punto.

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  2. El que con sirenas se acuesta...

    Besos desde el aire

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  3. algas y espagueti de mar, vaya que bien se alimenta la sirenita,
    y tu, tiburón del cantábrico, te comes a tu propia especie, jeje
    intratable como marido
    saludos totales!

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  4. ¡Qué final! Muy original.

    Besitos

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  5. ¡Muy bueno!
    ¡Y muy buen remate!
    Una pequeña joyita.
    Abrazo.

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  6. gracias amigos por seguir aquí pese a mi ausencia... Un abrazo a todos

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  7. Me encantó. Originalmente salado.
    Impecable estilo para el relato.

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