martes, 15 de mayo de 2012

La fortuna de William

No tengo ningún apodo. Me llamo, y me llaman, William. Jamás toleraría que nadie me llamara Will, Willy, ni nada por el estilo, aunque es cierto que siempre deseo que lo hagan, pues de esa forma tendría algún motivo de cara a la sociedad. No todos podemos sobresalir en tareas tan dispares como la contabilidad, el mercadeo marítimo o la construcción; pese a haber tratado de ganarme la vida de una manera más convencional, he de decir que nada me llenaba. Ejecutaba los trabajos de una manera metódica, siguiendo las pautas establecidas, y de esa forma todo se convertía en una rutina demasiado cansina. Eso es lo que me trajo hasta aquí. Ahora puedo innovar, imaginar paso a paso como va a ser, y poner todo en mi empeño en que salga bien, pero al ser cada persona distinta a las demás, la estrategia no siempre es la misma. Perdón, si me vieran ahora les contagiaría la risa, porque estoy hablando y hablando y aún no les he dicho a qué me dedico.

Empezaré por hablarles del Dr. Knox. Le conocí por casualidad en la taberna de la calle Surgeons Square, cerca de su estudio. Debía estar de celebración e invitó a todos los que allí nos encontrábamos. Yo siempre bebo Whisky escocés con café negro, y parece que le llamó la atención. Mantuvimos una conversación de la que salió un proyecto y un acuerdo. El alcohol ayudó a que la encomienda no me resultara tan descabellada. El primer cadáver lo extraje del depósito de cadáveres no reclamados de la escuela de medicina, pero Knox me dijo que el cadáver debía ser más fresco para llevar a buen puerto sus estudios. Me pagó, pero mantuvimos otra breve charla en la que me explicó de una manera más clara que es lo que quería. Y no, no me escandalicé. Considérenlo un trabajo.

Eso es, comencé una carrera brillante, aunque corta, en lo que se podía considerar suministrador de cadáveres. Algunos le llegaron aún calientes, por esos me pagaba catorce libras. ¿Quién no mataría por catorce libras? ¿Quién?

Y esa es mi historia, corta como digo, pues un matrimonio de malditos entrometidos destaparon un negocio próspero y tremendamente rentable. Arderán en el infierno.

4 comentarios :

  1. ja ja mala fortuna la de William.(no se me ocurriría decirle Will.
    Super morb, pero muy buen relato.

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  2. gracias indianala, bienvenida a este blog, si es que eres nueva, porque ando más desubicado que un gallo sin cabeza.

    cori, me gusta tu inglés, ;)

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  3. Dexter-juli continua con ese trabajo. El Dr.Knox tendrá un suministro continuo de mercancia.

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