lunes, 25 de junio de 2012

De nada

Lola está sentada como siempre en el porche de su casa, en su hamaca de mimbre, con su camisón azul y sus zapatillas de tela. Suspira. Ríe entre dientes cuando le ve pasar, y se le eriza la piel, y flota, y sueña que la lleva a lomos de un inmaculado corcel blanco y que la saca de allí, de esa casa, de ese barrio en el que se marchitan los huesos y las ilusiones. A Lola se le acelera el corazón cuando él le tiende las cartas que ya no lee, y si la roza con la punta del dedo índice le recorre un gusanillo que mitiga el dolor de sus espinas. Y por un momento los años se suicidan y vuelve a sentirse joven cuando le da las gracias con su afónica y desgastada voz. Y un "de nada" tiene el óxigeno suficiente para respirar un día más, un día menos.

7 comentarios :

  1. vaya, qué sensiblero,
    bien hecho Sucede!
    abrazo para vos

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  2. gracias amigo!
    te debo una lectura larga de tus sonetos!
    un abrazo!

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  3. Ainssss que bonito Sucede. Tristeza envuelta para regalo

    Besos desde el aire

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  4. Es triste ¿no? ¡pobre Lola!

    Besitos

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  5. Una escena muy cinematográfica y apartada de tu estilo habitual, menos negro.

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  6. Al final me he hecho fontanero para nada, las tias en bata se pirran por los carteros. -sensiblería +dolor

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  7. El cartero siempre llama 2 veces, pero a veces no interesa la llamada al timbre de la puerta sino la llamada con una voz que te haga despertar y volver a vivir; la voz caliente que te insufla el contacto con la gente, que te dice que sigues ahí, que no eres transparente, que no estás del todo solo.

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