jueves, 5 de diciembre de 2013

El concreto

Decía crocreta. Yo para decirlo necesito hacer una pausa entre sílabas y aún así me cuesta. Cocreta o croqueta, pues vale, pero crocreta, manda huevos. Le llamaban el concreto por eso. Bueno por eso y por no llamarle el crocreta, que se hacía complicado, más aún cuando llevábamos en el hígado una decena de chatos del tinto de Marcelino.

La tasca de Marcelino era como la iglesia de los borrachos. Olía a destilería de sobaqueras y calzoncillos, a piratas somalíes, a cuento de hadas marchitadas y aplastadas como mosquitos. Lo de las hadas lo decía Ramón, que leía los libros de cuando su hijo era pequeño, ahora eso era lo único que le acercaba a él, unos malditos cuentos de hadas.

Al caso. El concreto era con diferencia el más limpio y menos culto, el más bueno y menos listo. Abría la puerta despacio, haciendo sonar el sonajero de la bodeguilla un buen rato, y siempre lo miraba como para que se callara. Pensaba que al abrir despacio sonaría menos. Diez años con el mismo juego. Una vez dentro soltaba "Un vasito de vino Marcelino. Y dos crocretas de esas". Y todos sonreíamos y él nos miraba como un actor de teatro agradecido a su público.

Y un día sin más no vino. Se quedaron sus crocretas y sus chatitos de vino. Hubo, en honor a la verdad, lágrimas de dolor, lágrimas que olían a alcohol pero de corazón. Entre todos compramos una corona de flores y le escribimos una frase. "Tu familia no te olvida, guarda crocretas para la cuadrilla".

5 comentarios :

  1. Bueno, bueno así escribe sucede un tema algo peliagudo.

    En algo si tienes razón, y es que en la amistad es cómo en el amor, al principio no se demuestra, pero dime, ¿quién no necesita ver aunque sea un tímido rayo de sol después de tres días seguidos lloviendo?. Y sabes que el día sol sigue sencillamente allí, por encima de las nubes... pero... pero necesitamos verlo con nuestros propios ojos, esos que esperan al pensamiento y a la razón con el chachito de vino y las dos croquetas.

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    1. Bienvenida Lluna!!!!!!
      Lo primero, gracias por pasar por aquí, aunque seas amiga tiene su mérito, jajajaja, que muchos me han olvidado como si fuera la abuela molesta que se deja en la gasolinera... pobre abuela... jajajaja
      Lo otro pues sí, todos necesitamos algún rayo de sol después de muchos días lloviendo. Yo soy más de lunas epáticas, de estrellas muertas y de noches cerradas, pero de vez en cuando... un rayo o una mano en el hombro no hacen daño sino todo lo contrario.
      Cuando quieras te invito a crocretas!!! pero de las congeladas que yo con la bechamel armo un Cristo de flipar! jajajaja
      Besos guapa!!!

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  2. Es un relato extraño para ti. Me gusta, está bien narrado. Pero te sales de tu estilo. Lo cual, no es malo.

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  3. Ese fantástico olor a tasca rancia!
    Me ha gustado mucho.
    Un abrazo.

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  4. Gracias a ambos por entrar en la tasca de Marcelino!
    Abrazos!

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