lunes, 25 de agosto de 2014

VIVIR EN EL OCASO (II)

Parte II - ¿Diga?

Aún con el olor del perfume de Eva llenando los espacios vacíos, deambulé por la casa sin saber que hacer. Pensé en llamar a su teléfono, pero desde el principio acordamos que nada de llamadas por mi parte a su teléfono móvil. Su marido, un cerdo sin escrúpulos, desconfiaba de todo, y cualquier cosa habría hecho saltar la chispa necesaria para que pasara de los insultos y amenazas, a cosas mayores. Así que rechacé la idea, pese a las ganas que tenía de pedirle perdón por mis palabras. Ella siempre me llamaba al llegar a la oficina por la mañana, así que pensé que la mejor opción era esperar hasta el día siguiente, y eso hice.

Esa noche me acosté pronto, antes que de costumbre, y pese a que era incapaz de dormir y no dejaba de dar vueltas, al final desfallecí víctima del agotamiento. A las ocho de la mañana me despertó la melodía del móvil. En la pantalla vibraba su nombre. Eva, Eva, Eva. Sonreí antes de descolgar.

- ¿Diga? -dije.
- ¿Diga? -respondió Eva.
- Hola Eva, siento mucho lo de ayer -me adelanté.
- ¿Diga? -volvió a repetir.
- ¿Eva?

Acto seguido el teléfono dio el tono de llamada finalizada. Estaba confuso. Seguramente la cobertura no era buena y esperé de nuevo a la llamada. Pasaron unos insufribles minutos pero Eva no volvía a llamar. Me levanté de la cama y miré por la ventana, deseando que el tiempo pasara más rápido, pero a las manecillas les costaba horrores arrastrarse por la esfera de mi reloj. Por un momento todo se congeló, y era incapaz de advertir movimiento alguno tras el cristal. Un impoluto sol brillaba bajo, por delante de un cielo tan azul que parecía pintado a acuarela.

Supuse que no volvería a llamar, así que me decidí a llamar a su despacho. Allí podía llamar sin miedo. Una secretaria se presentó.

- Despacho del Abogado Claudio Sánchez y compañía, ¿en qué puedo ayudarle?
- Buenos días, me gustaría hablar con Eva Mazarredo, por favor. -respondí.
- Lo siento Señor, ahora está ocupada, dígame su número y ella se pondrá en contacto con usted.
- Sólo dígale que ha llamado Diego Ortiz.
- De acuerdo, muchas gracias, buenos días.
- Buenos días. -dije y colgué.

Tenía la misma sensación que antes de llamar. Pensé que tal vez ella me llamó y al instante tuvo que reunirse, de ahí que no hubiera podido volver a llamar. Esperé.

¿Cuanto duran las reuniones? Ya eran las diez y media y no tenía noticias, así que volví a llamar.

- Despacho del Abogado Claudio Sánchez y compañía, ¿en qué puedo ayudarle? -repitió la misma secretaria de antes.
- Buenos días, soy Diego Ortiz, me gustaría hablar con Eva Mazarredo.
- Disculpe Señor Ortiz, la señora Mazarredo no está en la oficina.
- Antes me dijo que estaba ocupada, ¿ha salido? Necesito hablar con ella esta mañana.
- Lo siento Señor, pensé que estaba reunida, pero hoy no ha venido. Puede hablar con algún otro compañero del bufete si lo desea.

Me quedé en silencio. ¿Como que no ha ido al despacho? Eva no había faltado nunca desde que la conocía. Seis meses de relación en la que ni tan siquiera había cogido un día de libre disposición. La maldita casualidad hizo que fuera hoy ese día. Pero, ¿desde dónde me llamó?

- ¿Señor? -dijo impaciente la secretaria.
- Disculpe, llamaré mañana. Buenos días.

Colgué sin esperar su despedida. La sensación de angustia de la tarde anterior, había vuelto con más fuerza que antes. Eva me habría avisado de que hoy no iría al trabajo. No lo hizo. Además me llamó a las ocho de la mañana como siempre. Tengo una naturaleza nerviosa e indómita, y comencé a sentir la asfixia que precedía a los inmerecidos ataques de ansiedad.

Sin pensarlo dos veces, marqué su número de móvil ocultando previamente mi identidad. Un tono. Dos tonos. Tres. Cuatro. Justo cuando iba a desistir escuché su voz.

- ¿Diga?
- Eva, soy yo, Diego. ¿Estás bien? -dije aún nervioso pero aliviado.
- ¿Diga?
- ¿Me oyes? -dije alzando la voz- ¿Eva?

La llamada se volvió a finalizar. No podía ser. Se le habría estropeado el móvil. Qué casualidad. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y se me nubló la vista. Estaba tan preocupado... No entendía nada. Sólo pensaba en mis palabras del día anterior. No se te ocurra volver nunca, le dije. Nunca. Maldito estúpido.

Continuará...

5 comentarios :

  1. Transmites magistralmente el ambiente de tensión. Seguiremos atentos a nuestras pantallas.

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  2. Gracias Miguel!!! Con saber que uno mira, me doy por más que satisfecho!!!

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  3. madre mía que intriga... sigo leyendo Sucede...

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  4. grande, Sucede, un lujo de lectura me he dado
    gracias y fuerte el abrazo

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  5. Buen administrador de la tarde, su blog es muy bonito diseño y contenido muy elegante, una vez, tengo mucho conocimiento de su blog, gracias. Le deseamos éxito siempre.
    Mi mensaje, mantenga el pensamiento positivo, porque la bondad está llegando ahora, mañana y siempre.

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