jueves, 28 de agosto de 2014

VIVIR EN EL OCASO (III)

Parte III - Ponme otra, Abel

Ya no me olía a nada, salvo a escombros, incluso a veces, un olor pútrido atravesaba mis fosas nasales para adherirse a la zona cortical de mi lóbulo frontal. Después de tres días sin ella, mi mundo comenzó a derrumbarse. Durante ese tiempo, llamé cada día a su despacho, y el último me confirmaron que Eva en principio no se iba a reincorporar. ¿Cómo?, pregunté a la secretaria, cuya voz ya se clavaba en mi cerebro como una aguja infectada. Por sus medidas palabras supuse que algo había pasado, y pese a mis contenidas formas para sacar más información, esa robótica y estúpida señorita no daba más que titulares de periódico amateur, provocando en mí ya debilitada esperanza, arcadas e ira. Mucha ira. Un "¡Váyase a la mierda!" fue mi despedida, aunque sé que de haber estado frente a ella se habrían despertado en mí los instintos primarios de la supervivencia, y pese a no considerarme una persona violenta, las ganas de partirle el cuello no me habrían faltado.

Es evidente que para entonces mis llamadas a su teléfono móvil eran constantes. No me importaban las consecuencias, y no creía que las hubiera, pues claramente la desaparición de Eva no era para nada normal. Los segundos en los que escuchaba el tono de la llamada me reconfortaban, tal vez por la necesidad de sentir algo, y eso era lo más cerca que podía sentirme de ella en ese momento. Un maldito tono. La diabólica jugada con la que mi destino me había arrebatado lo que más quería.

No se me pasó por la cabeza acudir a la policía. ¿Quién era yo para denunciar su desaparición? Supuse que su marido lo habría hecho, o su familia, o sus amigos, alguien. Alguien tenía que echarla de menos aunque fuera una millonésima parte de lo que la echaba yo. Me sentía como el amigo invisible, ese del que nadie sabe nada, salvo las partes implicadas, y que tal vez fuera la persona que más la habría querido jamás. La impotencia me asediaba impidiéndome dormir o comer. Lo único que me llevaba a un estado que acababa en inconsciencia era el alcohol. Sobre todo el día en que los tonos de su móvil dieron paso a una macabra grabación de la operadora: "El teléfono se encuentra apagado o fuera de cobertura". Nunca un mensaje tan aséptico había presagiado tan malas noticias.

Eva. Eva. Eva. Su nombre retumbaba en mi cabeza como un grito en el abismo. Habían pasado los días como latigazos sobre un esclavo, arrancándome la piel al alma y haciéndome sangrar por dentro. Un dolor de estómago entonces se hizo casi insoportable, pero el alcohol lo amortiguaba como el mejor de los analgésicos. Había perdido la vergüenza a pasar una jornada entera en el bar de Abel. Habíamos llegado a intimar, a hablar de cualquier cosa trivial, o incluso en momentos puntuales a contarnos nuestras penas. Él era la única persona de mi mundo que conocía el origen de mi dolor, de mi alcoholismo. El único que me había visto llorar.

- No beba usted más Diego. -me decía con cariño-

Yo callaba y golpeaba suavemente el culo de mi vaso contra la barra. El sonido al chocar los hielos era similar a campanillas, y por milésimas de segundo mi pena quedaba postergada a algún lugar recóndito de mi memoria.

- Ponme otra, Abel. -le musitaba-

Continuará...

10 comentarios :

  1. Ah, pero estaba casada ¿Entonces? Son amigos amantes, socios de negocios en B...
    volveré a seguir la historia, me tiene en vilo.

    Un abrazo !

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  2. Aupa Roja!!!
    Creo que te falta la primera parte, jajaja, ahí se explica.
    Un abrazo!!! y gracias por venir a visitarme!!

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  3. Sigueeeee, me ha gustado mucho tu culebrón...

    Besos desde el aire

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    1. Gracias Rosa!!!! Sigo, sigo, siiiii!!!!!

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  4. un tangazo, como "la última curda"
    grande Sucede, me alegro volver a leerte.-
    fuerte el abrazo ¡che!!

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  5. Vas a acabar sacando una novela por fascículos :-) Seguimos atentos.

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  6. ¿Y luego?
    Atte. Chica curiosa,,, :)

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  7. Grande sucede.
    Por fin he sacado tiempo para leer esta (espero) miniserie, y ahora estoy como los demás, haciendo cabalas pensando en que habrá sucedido.
    Espero con impaciencia el próximo capitulo.
    Espero que todo vaya bien. Un abrazazo.

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  8. Abogados?, desapariciones?, Diego?......o mucho me equivoco o esto acaba en tragedia. Un abrazo, gustazo reencontrarte.

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  9. El propósito principal de la vida es ayudar a otros. Si no puede ayudarlos, al menos no nos lastimamos ellos.

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