domingo, 24 de agosto de 2014

VIVIR EN EL OCASO (I)

Parte I - La Huida

Desde la desaparición de Eva, yo no era el mismo. La angustia de aquella noche se convirtió poco a poco en una pelota en mitad de mi pecho, una traviesa que me asfixiaba lentamente. Maldigo cada tarde desde entonces mi orgullo, que actuó de frontera entre nosotros, y que fue el origen de que yo siga aquí y ella no. Revivo una y otra vez los momentos anteriores a su huida, porque eso es lo que fue, una huida que terminó mal.

A las siete de la tarde del diecisiete de Marzo, dio el portazo. No he vuelto a verla. Minutos antes me acariciaba en el sofá.

- Te quiero Diego -dijo arrastrando las palabras, haciéndolas silbar dulcemente.
- Quédate esta noche -contraataqué.

Ella me miró como siempre, cansada de decir "Sabes que no puedo, que tengo que volver", y dejó de amasarme el pelo.

- Sólo esta noche -repetí- y te prometo que nunca volveré a pedírtelo.

Pese a que yo sabía que era una situación complicada, no cesaba en mi empeño de tratar de conseguir que su voluptuosidad y voracidad me acompañara durante toda la noche. Ella se incorporó molesta y se despidió de camino a la puerta.

- Si te vas ahora, no se te ocurra volver nunca -escupí poseído por la estupidez.
- ¿Lo dices en serio? -me increpó Eva con suma tirantez.
- Sí, claro que lo digo en serio.

Eran las siete en punto cuando el portazo me penetró como un fulano a su puta, dejándome con el cabeza aturdida. Tardé al menos cuatro segundos en reaccionar y abrir la puerta para gritar su nombre, pero el eco lejano de los tacones ya debía provenir del portal, tres pisos por debajo. Hubiera corrido escaleras abajo sino hubiera sido por mi atuendo, que se componía básicamente de unos calcetines blancos. Cuando llegué a la ventana, ella ya desaparecía camino del metro, y me ahorré, maldita la hora, un grito desesperado.

Sabía, a pesar de su enfado, que ella me quería. Toda la sinceridad y fidelidad que no sentía por su marido la sentía por mí. Y yo por ella, claro. Sabía también que ella no me había creído cuando le dije que no volviera nunca, o al menos eso esperaba. Desde las siete y cinco de aquél lejano diecisiete de Marzo, no dejo de pensar en lo estúpido que fui. 


Continuará...

2 comentarios :

  1. Si es que no se puede mostrar uno tan convincente. Un gusto leerte. Pero coño, no me pongas relatos por partes, que me cuesta estar conectado.

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  2. jajajaja, perdón perdón Miguel! Intentaré sacarlo rápido!!! Gracias!!!!!

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