martes, 10 de mayo de 2016

Orina

El señor del sombrero negro esconde una mirada extraña. El cerco que muestra sin reparos en la entrepierna de su pantalón gris no es más que un indicador de su enfermedad. El olor de la orina se mantiene fijo en su recorrido los días que no hay viento y más cuando el calor aprieta, dejando claro por dónde pasó. Los pañales no le gustan, pese a la repugnancia que provoca en las personas con las que se cruza, incluso en aquellas que conocen su bondad. Porque el señor, del que nadie o casi nadie conoce el nombre, es más bueno que un perro. Sonríe, saluda, posa su mano huesuda y temblorosa sobre la cabeza de los niños, hasta que sus madres los alejan con asco tratando de mantener una sonrisa falsa para no ser tan evidentes. Y eso que él siempre sale de casa oliendo a limpio, hasta que se mea, y en ese momento ya es tarde, y vuelve para casa a toda prisa, aunque sabe que ya lo han visto, que ya huele, que ya lo repugnan. Cuando llega no vuelve a salir hasta el día siguiente. Lo sé porque las paredes son muy finas, y desde la sala escucho la lavadora. También le escucho llorar hasta que se cansa. Al menos tiene suerte, pues a la mañana siguiente ya no se acuerda de nada.

5 comentarios :

  1. el pobre tipo tiene solo una muda de ropa, al lavarla debe esperar a que se seque y pueda volver a salir
    .
    no me da ni pena ni rabia, es que hay otros tipos que se cagan en nosotros y eso es peor ¿no?
    un abrazo desde el migistorio

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  2. Vine hasta ti blog porque estaba con nostalgia, creyendo que ya lo habías abandonado, pero me encuentro con que estás en plena actividad, lo que me produce un gran placer.
    Veo que tu estilo es el mismo y, sin embargo, no lo es, ya que está notoriamente mejorado.
    Bueno historia, deberías alargarla... todas, en realidad.
    Un abrazo.
    HD

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    1. Humberto, que alegría que pases por aquí!! He vuelto con fuerza, no sé si mejor o peor, pero siento que debo volver a decir lo que me he cayado durante mucho tiempo. Trataré de hacerte caso en la longitud, aunque ya sabes que soy impaciente y carezco de ese ánimo pulcro y metódico del que disponéis algunos... Un abrazo y muchas gracias por tu nostalgia, se agradece.

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  3. Coincido con Humberto, esta historia pide más recorrido.

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    1. Intentaré darle una vuelta a esta en particular, aunque todo lo que no he dicho ya me parecerá exceso de paja en un pajar abandonado jajaja. Un abrazo Miguel!

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