viernes, 23 de septiembre de 2016

Veganos

Muerden y mastican. Después tragan. Lo hacen con ansia. Violentamente desprenden del brazo de una mujer pedazos de carne tan jugosa que incluso nosotros nos relamemos. Una joven hace jirones su camisa, mostrando sus enormes pechos. El veneno la recorre ya haciendo que, para nuestro gozo, la sangre le hierva dentro de las venas. El zarpazo de otro carnívoro agrieta uno de sus senos, desde el que se escapa una mermelada ensangrentada. Nosotros esperamos nuestro turno sin entender como podemos sentir la llamada de la carne siendo en vida tan reticentes a su ingesta. Mientras divago y gruño, no puedo dejar de observar a aquella joven desmembrada, tan siniestra y excitada que soy incapaz de no desear, pese a mi intolerancia, devorarla.

Dime lo que sucede...

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